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Hace unas semanas la OCDE sacó a la luz el informe Students, Computers and Learning. Making the Connection (Estudiantes, ordenadores y aprendizaje. Estableciendo la conexión) referido a la presencia y utilización de estas herramientas y a su influencia en el rendimiento escolar.

La aparición de este informe, en los medios de comunicación produjo un debate muy polarizado y propicio para titulares más o menos apocalípticos sobre la utilidad o inutilidad de los ordenadores en el aula a raíz de algunas conclusiones destacadas. Una se basaba en el hecho de que muchos países que habían invertido mucho en su actualización tecnológica no habían mostrado una mejora apreciable en los resultados medidos por PISA, (lectura, matemáticas y ciencias). Se dudaba también del uso demasiado frecuente de ordenadores en el aula y sus consecuencias no siempre alentadoras, hecho que también fue ampliamente debatido en un caso como el de España, en comparación con otros países con mejores resultados y un uso más moderado del ordenador en el colegio.

Resumir un informe de 200 páginas en un titular o en una noticia, y con una entrada de blog ocurre algo parecido, puede dar lugar a muchas lecturas y a la defensa de muchos intereses encubiertos en ellas. Al final de esta os incluyo un enlace al documento íntegro  y la nota sobre España (ambos en inglés).

No obstante, me gustaría detenerme en la afirmación de que la mera introducción (numérica) de ordenadores en el aula o el trabajo desarrollado en la práctica diaria mediante aquellos, sin un planteamiento serio de por qué y para qué, una orientación pedagógica consecuente, no es una garantía de mejora o de éxito escolar. Los dos mencionados son solo componentes de un ecosistema mucho más amplio en el que se desarrolla la conexión entre aprendizaje y tecnología. Un ecosistema que trasciende las paredes del aula y allana nuestras moradas, dejando patentes las desiguales posibilidades de entrar en contacto con la tecnología y de contar con una guía que contribuya a la eficacia y la eficiencia de este contacto. 

Un niño o una niña, pueden disponer en casa de los medios más avanzados y dedicar tiempo frente a las pantallas de diversos instrumentos pero eso, por sí solo, no va a asegurarnos grandes transformaciones. Horas y horas de digestión de vídeos creados por mediáticos youtubers sobre los videojuegos de moda no van a contribuir de forma decisiva a aprendizajes complejos, al desarrollo de un pensamiento abstracto, de la formación de criterios personales y el desarrollo de competencias para desempeñar  tareas de forma positiva. Me refiero conscientemente a pantallas porque entiendo que se dan muchos paralelismos, por ejemplo, con el consumo televisivo.

¿Aprendemos más por ver más horas la televisión, por verla en aparatos más grandes o más inteligentes? No forzosamente. ¿Podríamos aprender más? Sí. Depende de lo que viéramos y cómo lo viéramos. Cuestiones complejas pero necesarias de determinar. Lamentablemente, es más sencillo vender opiniones más categóricas. Puede que den una imagen más tangible de lo invertido en educación (o tecnología) o de la inutilidad de invertir en ello pero creo honestamente que esto no funciona así.

Detrás de los números (dispositivos, horas de uso...) hay aspectos de enorme importancia que no suelen resultar tan evidentes aunque también exijan una dotación de medios mucho menos ostensible. 

La adquisición de una cantidad indecente (como decía Richard Gere en Pretty Woman) de ordenadores, tablets, etcétera sin una conectividad medianamente decente caerá en saco roto para multitud de usos que pretendamos darles.

La calidad de materiales por utilizar en dichos dispositivos, y el que no resulten sino un trasunto de recursos hasta ahora presentes en su versión en papel incide de forma poderosa en el aprovechamiento de los medios tecnológicos.

La formación del profesorado en medios digitales, no solo en el funcionamiento de tal o cual herramienta, sino en la potencialidad de su uso, la integración de la tecnología y la pedagogía, el paso de las TIC a las TAC (Tecnologías del aprendizaje y el conocimiento) es otro aspecto relevante. Una vez contamos con los ordenadores, qué hacemos con ellos. ¿El uso que les damos aporta un valor añadido al aprendizaje del alumnado?

Por supuesto, no cabe olvidar un aspecto tan complicado de abordar como la formación  de las familias en torno a las virtudes y problemas que acarrean las tecnologías y que serán determinantes en los hábitos de acceso a la información y el conocimiento y de ocio de sus hijos e hijas o en su seguridad.

Volviendo al título de la entrada, no se trataría de establecer disyunciones entre aprendizaje y tecnología, tampoco de tomarlos como elementos al margen uno de otro. No es tanto un y o un o sino un con o un en. Aprendemos en un contexto donde es difícil, por no decir imposible, sustraerse de la tecnología. ¿Aprendemos bien? Parece que disponemos de un amplio margen de progreso.

 

Para saber más:

Informe OCDE Students, Computers and Learning. Making the Connection Country Note. Spain.

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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