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El tema de hoy está inspirado por la lectura de una entrada de XarxaTIC, blog educativo de Jordi Martí, pleno de honestidad en sus opiniones, compartidas o no, y recomendable para cualquier persona curiosa e inquieta ante el tantas veces contradictorio campo en el que se mueve nuestra educación.

El recreo no deja de ser un gran olvidado en la preocupación por los procesos de enseñanza y aprendizaje. Tiempo y espacio de descanso y de juego constituye en sí mismo algo más, un verdadero ecosistema, como pocos dentro del centro, adaptado a la dimensión de nuestro alumnado, un ecosistema menos artificial que el reproducido dentro de las paredes de las aulas, en el que los espacios, los tiempos, las palabras y los movimientos obedecen a unas reglas preestablecidas en cuya negociación y adopción nuestros niños y niñas, nuestros jóvenes no han tenido ni voz ni voto. El recreo no es un tiempo muerto entre dos clases, al contrario, un tiempo mucho más vivo que muchas de aquellas.

Cuando he revisado lecturas en torno a esta cuestión, he encontrado muchos planteamientos reivindicativos del valor del recreo en el aprendizaje. Cito algunos bien sabidos:

 

  • Propicia un descanso, una desintoxicación, y un corte, un cambio de actividad, necesario para optimizar su rendimiento.
  • Posibilita situaciones de interacción y socialización muy ricos en lo que se refiere al aprendizaje, a la convivencia, al propio desarrollo personal y la afirmación frente a las y los demás
  • Proporciona espacios para el juego ¡en grupo! (lo ha hecho antes de ponerse de moda el concepto de gamificación), para la imaginación, para el desarrollo de actividad física...

Pero, en mi opinión, el recreo es especialmente valioso porque en él suceden cosas, cosas relevantes. Y suceden y son relevantes debido a que responden a elecciones propias. Prefieran estar sentados o sentadas en un rincón, dando patadas a un balón o a algún o alguna colega, el patio es un lugar de aprendizaje auténtico y aplicación de lo aprendido, más allá de los conceptos, donde se ponen en juego emociones, valores, necesidades, relaciones de poder, aciertos y errores, en fin, donde se forjan experiencias fundamentales en la socialización de nuestro alumnado.

Es difícil hallar en el conjunto de nuestras escuelas un lugar donde la espontaneidad dé lugar a semejantes oportunidades de aprendizaje. Esto determina que haya de ser protegido por todos los medios para que cumpla, para que siga cumpliendo, esta misión en las mejores condiciones, lo cual no tiene solo que ver con el mantenimiento del orden o la disciplina o con la pretensión de regular espacios, tiempos, palabras y movimientos y convertir los patios en aulas desprovistas de cubierta.  Me pregunto si no sería más lógico actuar al revés y llevar muchas dinámicas del patio a las propias aulas.

El papel del profesorado en el patio es complejo en lo referido a su presencia e intervenciones. Pienso que estas no deberían resultar intromisiones que afectaran a ese ecosistema, salvo en casos en que se ponga en peligro la capacidad para elegir de un alumno o una alumna que lleva a que se desencadenen esos aprendizajes (me refiero a la respuesta ante situaciones de abuso, acoso, o agresiones intolerables).

Hay muchos ámbitos que no suelen tenerse en cuenta por parte de la comunidad escolar adulta pero que contribuirían a potenciar las bondades del recreo.

Me refiero a la investigación y la acción sobre factores relevantes como los espacios, las instalaciones y equipamiento en la medida en que pueden resultar condicionantes de experiencias variadas y ricas o bien una limitación que privilegie determinados juegos, determinados repartos de espacio. Además sobre determinadas intervenciones que supongan una oferta extra aprovechable y motivadora de actividades e intercambios.

Así mismo, apunto a la reflexión profunda y compartida sobre el papel del profesorado en el patio, más allá del policial, porque el en él suceden cosas que también han de visibilizarse y acompasarse con otras medidas, con su proyecto educativo y curricular,  cosas que sirven de útiles lecciones a las y los docentes después de que toque el timbre y el alumnado, perezosamente, se incorpore a sus inevitables sillas.

 

Para saber más:

Trabajo de grado de Lorena Pérez y Tatiana Collazos sobre los patios de recreo como espacios para el aprendizaje en las instituciones educativas.

"El pati: 525 hores d’oportunitats educatives perdudes?" Artículo de Imma Marín en El Diari de l'Educació

De la misma autora "Los patios escolares: espacios de oportunidades educativas".

Artículo de Trinidad Herrero Campo "Los patios de recreo. Lugares para aprender" en Revista Clave XXI

Unitat didàctica Espais de l’escola: el pati Educació infantil cicle 0-3 Departament d’Ensenyament. Generalitat de Catalunya

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Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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