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En octubre de 2015 dediqué una entrada de este mismo blog a La Virtu, la entonces biblioteca virtual del CEFIRE de Elda. Comentaba en aquella ocasión, la importante función de esta herramienta que respondió, hace la friolera de 17 años en un mundo como Internet, a una iniciativa por mejorar el acceso y la difusión de los recursos educativos de producción local y, en cierta medida, autonómica, por la acogida de trabajos provenientes de toda la Comunitat Valenciana.

Escribía también allí acerca de otros reconocimientos, algunos cotidianos y expresados por quienes se servían de ella para aportar riqueza a su trabajo, otros de mayor trascendencia pública como el premio a la mejor web institucional de la provincia de Alicante (sí, estamos hablando de una web educativa) en 2010 (Premios Web. Laverdad.es).

A lo largo de mucho tiempo, esta humilde página ha recibido decenas de miles de visitas cada mes. Próximamente, si tenéis curiosidad por visitarla, os decepcionará toparos con que no se encuentra ya disponible.  Más de cien mil imágenes, publicaciones descargables, propuestas para el aula, información sobre normativa, enlaces a aplicaciones educativas... se esfumarán en un momento. Así es la vida. 

La desaparición de La Virtu me lleva a reflexionar hoy sobre la trascendencia e intrascendencia de muchos otros esfuerzos en el ámbito de la educación, más allá de su valor.

Lo más grave, en este caso, no es que quienes trabajamos duramente para convertirla en un referente en materia de recursos educativos para muchos y muchas docentes, sintamos su desaparición. No podemos evitar cierto dolor pero, al fin y al cabo, la asumimos como parte de nuestra labor en ese momento, una tarea que tratamos de llevar a cabo con dignidad.

Tampoco creo que lo más lamentable sea el modo en que ha desaparecido, esto es, por la puerta de atrás. No me sorprende. En realidad, esta pérdida no resulta muy ajena a una línea de supervivencia desde la marginalidad. Un dejar hacer de la administración educativa, independientemente del partido gobernante, a quien en la periferia no se deja notar demasiado. Algo diferente habría sido que el Servicio de Formación del Profesorado la hubiera asumido, completado y mejorado desde sus orígenes, más allá de ocupar y preocupar a uno de los CEFIRE con menos recursos materiales y personales, más allá de estar alojada en un servidor externo a Conselleria, una situación irregular inadvertida en 17 años.

Lo verdaderamente doloroso es que esta pequeña gran historia que se cierra puede interpretarse como un síntoma más de la manera en el que se toman algunas decisiones que competen a la educación y que la experiencia nos confirma que no son exclusivas de ningún color político. Hoy es una página web y mañana es una ley orgánica, un programa, una línea, una dirección, en fin, un inevitable borrón y cuenta nueva.

Por supuesto, es lícito que quien cuenta con la confianza de la mayoría de la ciudadanía asuma decisiones políticas desde su propia perspectiva, que intente dar la vuelta a la tortilla de la educación desde ella, más cuando hay verdadera necesidad de hacerlo. Eso es indiscutible. No obstante, también habría de exigírsele un cierto juicio crítico, un cuestionamiento de lo mejor y lo peor, de lo que habría de ser erradicado y lo que podría aportar todavía un provecho, un empeño por amortizar, a pesar de haberse originado a partir de un proyecto ajeno.

 Esta cura de humildad evitaría en no pocas ocasiones el continuo tejer y destejer para volver a tejer en que se convierte nuestra escuela y lo que la rodea. El gusto por el olor a napalm por la mañana que parece acompañar todo cambio de rumbo de las políticas educativas, insisto, al margen de una u otra corriente, no debería servir para privarnos de un mejor resultado al final del día, basado en una mayor estabilidad y compromiso de todos y todas.

En fin, me rindo a lo inevitable. Descanse en paz.

 

http://lavirtu.com/