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¿Quién no ha oído alguna vez la expresión “¡eres más malo que el baladre!”?

El baladre, que vemos en la imagen que ilustra este artículo, es una planta arbustiva cuyo nombre científico es Nerium oleander y en castellano es conocida como adelfa.

Es de origen mediterráneo, muy tóxico y aguanta muy bien la sequía, por eso crece en muchos lugares, adaptándose a gran variedad de terrenos y es característico verlo plantado en las medianas de las autovías y autopistas. Si dejamos el baladre crecer mucho, acaba convirtiéndose en un árbol que puede llegar a alcanzar los seis metros de altura. Seguro que os lo habéis encontrado en muchos sitios de Elda.

Baladre forma parte del habla tradicional de nuestro pueblo y es un vocablo que procede del valenciano. Aunque esta palabra la recoge el diccionario de la RAE de forma secundaria, ya que nos remite a adelfa, también dice explícitamente que es un préstamo del catalán y que a su vez proviene del latín veratrum. Adelfa, por otra parte, procede del árabe hispánico addéfla, derivado del árabe clásico diflà, que la tomó del griego “dáphne” 'laurel'.

Según el filólogo Coromines (Joan Coromines i Vigneaux –Barcelona, 21 de marzo de 1905 – Pineda de Mar, Barcelona, 2 de enero de 1997. Filólogo, lexicógrafo y etimólogo español), los antiguos romanos llamaban veratrum a una planta de los barrancos pirenaicos, tóxica y de flores llamativas (veratrum album).

El término catalán baladre se extendió hacia Aragón, Navarra, antiguo Reino de Valencia, Murcia y Andalucía oriental.

Hasta no hace mucho tiempo la palabra más utilizada en Elda era baladre, más que adelfa, aunque hoy en día observamos que hay un proceso de sustitución de la segunda por la primera entre las generaciones más jóvenes.

Como muestra de que es una planta muy venenosa y desaconsejada para su ingesta, traemos aquí una canción de nuestras comarcas del Vinalopó, que dice:

 

Xiquetes de les covetes,

si voleu matar el lladre,

poseu aigua a la serena

amb fulletes de baladre.

 

Para finalizar y como notas curiosas acerca de su resistencia y al mismo tiempo peligrosidad, podemos añadir que en Japón fue la primera planta en florecer después de la explosión de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945. En 1808, durante la Guerra de la Independencia Española, en un campamento los soldados de Napoleón asaron carne de cordero ensartando pinchos en estacas de baladre. De los doce soldados, ocho murieron y los otros cuatro quedaron seriamente intoxicados.