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 “¡Ves, nene, eso t’ha pasao por meterte a manifasero! Has querido arreglarlo y lo has roto”.

“¡Estamos hablando entre nosotros, no seas manifasero que a ti ni te va ni te viene!”

Manifasero, -a en la pronunciación tradicional, aunque hoy también oímos manifacero, es un adjetivo que tiene el significado general de 'entrometido, enredador, mangoneador, metomentodo, aquel que se mete en asuntos o conversaciones que no son de su incumbencia para dirigirlos o controlarlos, etc'. Su origen está en el catalán manifasser (también tenemos la variante manifesser) y en el aragonés manifacero (también manifecero), voz que llega a estas tierras tras la conquista cristiana en el siglo XIII. Manifasser la encontramos en pueblos valencianohablantes vecinos y manifacero en los castellanohablantes, así como en Murcia y zonas aledañas.

El primer diccionario de la RAE, llamado "de autoridades", en su tomo IV publicado en 1734, recoge la palabra manifacero como 'la persona revoltosa que se mete en todo. Es voz usada en el Reino de Murcia’. En su último diccionario, el actual, nos dice que es un adjetivo coloquial que circunscribe a Aragón y Murcia y con la misma acepción, 'revoltoso y que se mete en todo'.

Su etimología es una supuesta forma del latín vulgar, *manifaciariu, compuesta de las palabras latinas manus, ‘mano’ y facere, ‘hacer’, que tendría el significado de 'hacer cosas con las manos', es decir, 'una persona hábil para hacer trabajos manuales, mañosa'. Este parece ser el sentido original, conservado en una de las acepciones en catalán, aunque curiosamente ha pasado a significar todo lo contrario con el tiempo, es decir, manifasero sería una persona poco mañosa o hábil con las manos, alguien desmañado, que es la principal acepción que le damos en Elda:  ¡"Si no te hubieras metido a manifasero, no lo habrías roto"!, habremos escuchado más de una vez para reprender a alguien que se puso a tocar, a intentar arreglar algo, y al final lo fastidió. Al igual que también habremos oído, en sentido figurado, manifasero referido a alguien que se entromete en asuntos ajenos: “¡No seas manifasero, esta cuestión es entre mi hermano y yo, a ti no te importa!”.

Tenemos aquí un típico ejemplo de cambio semántico en el que una palabra pasa a designar todo lo contrario de su acepción original, a consecuencia de una comparación irónica. Como cuando le decimos a alguien: “¡Eso te ha pasado por listo!”, para referirnos a quien más bien es corto de entendederas.