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El próximo jueves 14 de marzo, a las 21 horas, el Teatro Castelar de Elda acoge la representación de El Mago, obra escrita y dirigida por Juan Mayorga.

Decir que Juan Mayorga es uno de nuestros mejores dramaturgos es algo de sobra conocido por cualquier aficionado al teatro. Autor de textos capitales en la historia más reciente del teatro español (La Paz Perpetua, El Chico de la Última Fila, Cartas de Amor a Stalin, Hamelin, La Tortuga de Darwin, Reikiavik o El Cartógrafo, estas dos últimas vistas en temporadas pasadas en nuestra ciudad), en los últimos años ha ido alternando su faceta de dramaturgo con la de adaptador y director teatral.

En sus textos, escritos con una prosa trabajada, que se alterna entre la poesía y el lenguaje más realista, confluyen todos los grandes temas del teatro universal. Dotado de una fina sensibilidad para observar a sus
personajes, Mayorga sabe acercar al espectador las incógnitas y misterios que preocupan al ser humano. Y si así escribo de Juan Mayorga, un grandísimo autor de teatro, es para poder decir a continuación que El
Mago es un Mayorga menor, un texto que no acaba de alzar el vuelo, quizás porque Mayorga es mejor dramaturgo que director, quizás porque la comedia no es el género donde se desenvuelva mejor, quizás porque el ritmo que necesita toda comedia que se precie (alocado, chispeante, risueño, explosivo, delirante en ocasiones) no llega a vislumbrase en la puesta en escena.

Estrenada dentro de la programación que engloba la presente temporada del Centro Dramático Nacional, y con las entradas agotadas para todas sus funciones en Madrid (justo es decirlo), “El Mago”, inmersa
en una gira por todo el territorio nacional, basa sus mayores atractivos en sus aspectos técnicos (una escenografía lujosa) y su plantel de intérpretes.  Todos ellos (Clara Sanchis, José Luis García-Pérez, María Galiana, Julia Piera, Tomás Pozzi e Ivana Heredia), la mayoría conocidos del gran público por sus apariciones en series de televisión, son el mayor reclamo de la función y sobre ellos recae el peso de defender un texto que no es más que una comedia de tonos blancos con ecos de las comedias del absurdo y del vodevil.

 

La premisa argumental es interesante en su planteamiento. Nadia, la protagonista principal femenina, regresa a casa después de haber asistido a un espectáculo de hipnosis y ofrecerse como voluntaria para ser hipnotizada. Nadia empieza a comportarse de forma extraña delante de su familia (su madre, su marido, su hija) y en vísperas de una importante cena familiar. Oye voces en su interior y confiesa que cree que sigue hipnotizada. El enredo estará servido cuando se descubra que ella sigue en el teatro, en el centro del escenario. Entonces, ¿quién es la mujer que está en la casa? ¿Es Nadia en realidad? El resto se desvelará a los espectadores que acudan a la representación del Castelar.

El Mago, un texto de uno de nuestros mejores autores de teatro, un texto sencillo, que no exprime todo su potencial ni desarrolla todas sus posibilidades dentro del género para el que ha sido escrito y que es defendido con rotunda fe y fuerza sobre el escenario por el conjunto de sus intérpretes que dan lo mejor de sí para dotar de ligereza y alegría a la representación.

Aun así, bienvenida sea la llegada de El Mago al Castelar. En unas temporadas dominadas por el teatro local y provincial, amateur y aficionado, es de agradecer la presencia de una compañía profesional de ámbito nacional en un montaje con buenos mimbres técnicos y artísticos. Con el preámbulo de “Las Princesas del Pacífico”, programada para el 7 de marzo, una propuesta rompedora y transgresora, donde confluyen de manera admirable la comedia de trazo grueso, cercana al esperpento, con el drama social de hondo calado, es de agradecer que los responsables del Castelar programen espectáculos más allá de los colectivos locales, monologuistas, musicales varios y variedades.

El Mago va a abrir su chistera en el escenario del Castelar. La chistera del teatro. Que el conejo blanco que veamos aparecer se traduzca en una programación teatral continuada y coherente y no desaparezca sin más una vez el prestidigitador haga mutis por el foro y se apaguen las luces.

Aunque nunca se sabe. El teatro en Elda, como en los grandes trucos de magia, vive envuelto en humo, amenazado por los cuchillos que le lanzan mientras rueda atado a una tabla, descuartizado en varios trozos como en el truco de las cajas que se separan, volviéndose invisible una vez traspasa el umbral del armario transportador.

Ale hop! “Todo es producto de su imaginación, no le den más vueltas, no tiene sentido” (Anthony Blake, dixit).

 

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Acerca del autor

Autor: Álvaro Amat

Me llamo Álvaro Amat. Soy Licenciado en Derecho. Toda mi vida laboral he estado vinculado a la Administración de Justicia. Soy un apasionado de las artes escénicas en general. He estudiado el teatro de nuestra localidad durante años coleccionando programas de mano. He participado en cursos y talleres de teatro, y he colaborado con distintas entidades y asociaciones locales en la dirección escénica de eventos y espectáculos. El teatro forma parte de mi vida y a través de este blog me gustaría que los lectores sintieran que el Teatro es una de las piezas básicas en la cultura de un país. ¡Gracias!

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