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Hace apenas unos días se volvió a celebrar internacionalmente el Día Mundial del Teatro. Ocasión de volver a recordar la importancia que desde hace siglos el teatro ha tenido en la evolución de la humanidad y en el desarrollo de las artes en general.

Este año el director, dramaturgo y educador teatral de origen cubano, Carlos Celdrán, ha sido el elegido para redactar el mensaje que conmemora esta efemérides. Ha sido el primer cubano en escribir este manifiesto, lleno de referencias personales y sentimiento.

Celdrán se considera heredero de una tradición única que supone “vivir el presente sin otra expectativa que alcanzar la transparencia de un momento irrepetible. Un momento de encuentro con el otro en la oscuridad de un teatro, sin más protección que la verdad de un gesto, de una palabra reveladora”

El teatro como punto de encuentro entre actores y público en una sala, compartiendo unos momentos únicos sobre los  que el autor del manifiesto construye su vida, deja de ser él mismo, de sufrir por sí mismo y renace y entiende el significado del oficio de hacer teatro: “vivir instantes de pura verdad efímera, donde sabemos que lo que decimos y hacemos, allí, bajo la luz de la escena, es cierto y refleja lo más profundo y lo más personal de nosotros. Mi país teatral, el mío y el de mis actores, es un país tejido por esos momentos donde dejamos atrás las máscaras, la retórica, el miedo a ser quienes somos, y nos damos las manos en la oscuridad”.

Y continúa diciendo: “El teatro, como yo lo he recibido, se extiende por una geografía invisible que mezcla las vidas de quienes lo hacen y la artesanía teatral en un mismo gesto unificador. Todos los maestros de teatro mueren con sus momentos de lucidez y de belleza irrepetibles, todos desaparecen del mismo modo sin dejar otra trascendencia que los ampare y los haga ilustres. Los maestros de teatro lo saben, no vale ningún reconocimiento ante esta certeza que es la raíz de nuestro trabajo: crear momentos de verdad, de ambigüedad, de fuerza, de libertad en la mayor de las precariedades. No sobrevivirán de ellos sino datos o registros de sus trabajos en videos y fotos que recogerán solo una pálida idea de lo que hicieron. Pero siempre faltará en esos registros la respuesta silenciosa del público que entiende en un instante que lo que allí pasa no puede ser traducido ni encontrado fuera, que la verdad que allí comparte es una experiencia de vida, por segundos más diáfana que la vida misma”.

El teatro como un viaje, misterioso, envolvente, cautivador, insondable, creadores y público viajando “hacia el instante, hacia el momento, hacia el encuentro irrepetible frente a tus semejantes. Tu viaje es hacia ellos, hacia su corazón, hacia su subjetividad. Viajas por dentro de ellos, de sus emociones, de sus recuerdos que despiertas y movilizas. Tu viaje es vertiginoso y nadie puede medirlo ni callarlo. Tampoco nadie lo podrá reconocer en su justa medida, es un viaje a través del imaginario de tu gente, una semilla que se siembra en la más remota de las tierras: la conciencia cívica, ética y humana de tus espectadores”.

Las palabras de Carlos Celdrán resuenan todavía en los miles de teatros de todo el mundo donde han sido leídas y proclamadas.

Larga vida al teatro. Ayer, hoy y por siempre.

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Acerca del autor

Autor: Álvaro Amat

Me llamo Álvaro Amat. Soy Licenciado en Derecho. Toda mi vida laboral he estado vinculado a la Administración de Justicia. Soy un apasionado de las artes escénicas en general. He estudiado el teatro de nuestra localidad durante años coleccionando programas de mano. He participado en cursos y talleres de teatro, y he colaborado con distintas entidades y asociaciones locales en la dirección escénica de eventos y espectáculos. El teatro forma parte de mi vida y a través de este blog me gustaría que los lectores sintieran que el Teatro es una de las piezas básicas en la cultura de un país. ¡Gracias!

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