SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

23 ENE 2021 Fundado en 1956
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Quedan pocos días para que acabe un año que ha supuesto una profunda transformación en nuestra existencia. La pandemia mundial del covid19 ha afectado relaciones, costumbres, economías, ideologías y formas de vivir. Las actuales circunstancias, impuestas desde hace unos meses, han provocado que el ritmo de las publicaciones en este blog haya menguado y decaído. Y, llegadas estas fechas y ante proximidad del final del 2020, no quería dejar pasar la ocasión de volver a escribir y encontrarme de nuevo con todos ustedes.

Con independencia del hecho de que el sector de las artes escénicas ha demostrado su fortaleza y ganas de luchar y seguir adelante, con nuevas propuestas y formas de enfrentarse a la situación provocada por la pandemia, en nuestra ciudad la actualidad respecto del panorama teatral, y cultural en general, ha sufrido un extraordinario retroceso.

En estos tiempos creo que por parte de todas las instancias debe haber un consenso unánime en buscar cuáles son las principales preocupaciones de los ciudadanos en su día a día, pero ello no debe hacernos olvidar que la cultura, incluso en los días más crudos del “largo invierno” del confinamiento, jugó un papel esencial en nuestras vidas, ocupó un lugar destacado en el ocio y en las largas horas de tiempo libre a las que nos tuvimos que enfrentar, ayudó a seguir manteniendo mentes activas, espíritus esperanzados, contribuyó a lograr un equilibro en cuerpos y almas y sirvió para sentirnos unidos.

En Elda llevamos ya tiempo asistiendo a una pérdida paulatina, cada vez más pronunciada y preocupante, del interés de nuestros gobernantes por dotar al Teatro Castelar de una programación de calidad, acorde con el papel que nuestro coliseo ocupó durante décadas no solamente en Elda sino también en la comarca circundante. Algo que no es de recibo en un teatro público, financiado con parte de los impuestos pagados por muchos ciudadanos que, en contra de lo que pueden pensar desde el equipo de gobierno municipal, siguen teniendo interés por recuperar el prestigio del Castelar, siguen amando el Teatro, y añoran volver a ver al Castelar como un espacio cultural vivo, abierto, dinámico y creativo.

La misión de un gestor va mucho más allá que la cuidar de las instalaciones y espacios que administra. Y en el caso del Teatro Castelar es de obligado cumplimiento dirigirlo con rigor y corazón promoviendo el cultivo de las artes, proyectando en su escenario las más variadas expresiones artísticas, fomentado la diversidad cultural y convirtiendo al teatro en un espacio de gestión y difusión de proyectos donde se puedan ver satisfechas las demandas del público y las exigencias de calidad de los artistas y profesionales que acudan al mismo.

La Constitución Española de 1978, la norma fundamental de nuestro ordenamiento jurídico, el texto donde nuestros políticos, a veces cual narcisos, se miran cada 6 de diciembre, es una “Constitución Cultural”. Una constitución donde la cultura ordena los fines del Estado, donde la cultura forma parte de los principios rectores de la política social y económica. Una Constitución que preceptúa que los poderes públicos garantizarán el acceso de todos los ciudadanos a la cultura. Y esos principios y declaraciones son olvidados con mucha facilidad por nuestros gobernantes.

En la gestión de nuestro Teatro Castelar falta innovación y riesgo, falta apostar por nuevos lenguajes, disciplinas y tecnologías, falta programar con equilibrio y calidad.

Se olvidan nuestros políticos que un teatro bien gestionado ayuda al desarrollo y a la cohesión social, dinamiza sectores de la economía como la hostelería y el comercio, da una imagen de prestigio a la localidad y acaba, a la larga, generando riqueza de todo tipo.

Nuestro alcalde, Rubén Alfaro, debería plantearse seriamente cuál es su papel en la política teatral (y por extensión cultural) que su equipo de gobierno quiere para Elda. La cultura tiene una parte importante de formación, de educación del público, no una educación impuesta, a modo de adoctrinamiento, sino una búsqueda de aprendizaje lúdico donde los espectadores de forma intuitiva desarrollan capacidades de su intelecto y personalidad. Pero para esos parámetros hace falta decisión, empeño, conocimientos, arrojo y valentía.

Le aconsejaría a todos nuestros gobernantes que fueran al teatro. No solamente a actos benéficos o relacionados con entidades festeras y colectivos sociales. Nuestros políticos más cercanos aprenderían mucho sobre la naturaleza del ser humano asistiendo al teatro. Compadecer y comprender las miserias humanas ante cualquier drama. Reír y relajarse con una buena comedia. Entender el sentido de la vida en monólogos o recitales de poesía. Admirar la belleza y plasticidad del cuerpo humano en la danza. Recuperar la inocencia e infancias pérdidas ante un espectáculo de circo. Sentir la emoción y los sentimientos a flor de piel en un concierto. Descubrir que la vida brota y emana de un escenario cada vez que un actor o actriz transitan por el alma de un personaje que abandona las líneas escritas en un papel, negro sobre blanco, para encarnarse ante nosotros.

La vida está delante de los espectadores cuando la vemos representada en un escenario. Una manifestación de arte viva y efímera, frágil como los sueños que pueblan nuestra imaginación.

Nuestros gobernantes deberían querer un poco más y mejor al teatro. Ese “poco más y mejor” sería bastante para transformar nuestra sociedad y hacer de Elda una ciudad más rica, dinámica y moderna.

Es época de buenos propósitos, de realizar compromisos ante el nuevo año, de olvidar los malos momentos y centrar nuestros pensamientos en lo bueno por venir. Mirar con ojos esperanzados al futuro que nos espera en los próximos meses. Brindar pensando en sueños por cumplir, en ilusiones por llegar y en deseos por realizar.

Es hora de desear que el Teatro Castelar despierte de su letargo. De levantar nuestras copas por un Feliz Año Nuevo, lleno de dicha y ventura, y donde el Teatro vuelva a resplandecer con luces de neón en sus carteleras.

Felices Fiestas de Navidad, queridos amigos lectores, y Feliz Año Nuevo.

Sr. Alfaro este año mi carta a los Reyes Magos va dirigida a Usted y a su equipo de gobierno. Nunca es demasiado tarde.

 ¿Nos veremos en el Castelar?

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Acerca del autor

Autor: Álvaro Amat

Me llamo Álvaro Amat. Soy Licenciado en Derecho. Toda mi vida laboral he estado vinculado a la Administración de Justicia. Soy un apasionado de las artes escénicas en general. He estudiado el teatro de nuestra localidad durante años coleccionando programas de mano. He participado en cursos y talleres de teatro, y he colaborado con distintas entidades y asociaciones locales en la dirección escénica de eventos y espectáculos. El teatro forma parte de mi vida y a través de este blog me gustaría que los lectores sintieran que el Teatro es una de las piezas básicas en la cultura de un país. ¡Gracias!

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