SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 1909
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp

El sábado 4 de noviembre, a las 20 horas, el Teatro Castelar acoge la representación de Polvorones, comedia escrita y dirigida por el eldense Juan Carlos Mestre. 

Estrenada en Madrid con gran éxito de público (en la página web de “Atrápalo” la valoración de sus usuarios, respecto de este espectáculo, es de 8.2, obteniendo la calificación de “muy bueno”), Polvorones, de manera ágil, gamberra y muy divertida, nos cuenta como la relación de amistad entre cuatro mujeres (Marta, Mónica, Jazmín y Paqui) se verá puesta a prueba cuando intentan aclarar el tema de quien se queda con el dinero del bote, y lo que en principio podría ser una simple anécdota será el detonante que dinamitará y pondrá a prueba la amistad entre las cuatro amigas en una noche en la que la caja de los truenos no ha hecho más que abrirse.

Polvorones se convierte en un plan perfecto para pasar hora y media con un texto inteligente, expresivo y que juega con la espontaneidad, al que dan vida cuatro actrices que, con un trabajo lleno de ritmo y naturalidad, enganchan al espectador para que se convierta en cómplice de sus secretos y mentiras.

Destapada la caja de los polvorones, ya nada será igual....

Les transcribo a continuación una pequeña charla que mantuve con Juan Carlos Mestre. Sigan leyendo y descubrirán a una persona comprometida con su trabajo, que habla con pasión sobre teatro, alguien plenamente lúcido sobre el estado de las artes escénicas en España, pero que no pierde las ganas y la ilusión sobre una profesión que le apasiona y que es su razón de vivir.

Gracias anticipadas Juan Carlos. Y mucha, mucha mierda en Elda.

¿Cuándo nació tu vocación de ser actor?

No hay un momento concreto pero sé que desde niño pasaba las tardes alquilando películas en el video club “Queremon” y en el “Lydia II” y repetía las frases y actitudes de los actores. Cuando quise darme cuenta, la vocación estaba ahí.

¿Qué estudios has realizado?

Estudié Arquitectura Técnica en la Universidad de Alicante y allí entré en contacto con el Aula de Teatro Universitaria y con Juan Luis Mira.

Juan Carlos Mestre.

¿Qué supone para ti la profesión de actor?

Esa pregunta es complicada porque es una sensación que ha ido cambiando con los años. Primero era un sueño, un objetivo, y más tarde una decisión que lo cambia todo puesto que me lleva a vivir a otra ciudad, dejar unos estudios y dar otro rumbo a mi vida.

Como profesión, es un trabajo increíble, apasionante, pero que te llena de frustración porque es inestable y esa sensación no se puede llegar a entender si no se vive. Siempre estás a expensas de que otro decida que tú eres el adecuado y recibes muchos “noes” para conseguir un “sí”.

Ser actor no es una profesión, es una forma de vida puesto que todo queda determinado por esa decisión. Si no tienes una especie de veneno dentro que te obliga a seguir, abandonas.

¿Qué importancia tiene para el actor el contacto con el público en el teatro, el interpretar y crear un personaje delante del público?

Absolutamente toda. La respuesta del público te lleva durante toda la representación, no hay dos iguales. Yo suelo tener en casi todas las funciones un momento, una frase, un chiste… algo que me permite medir al público. En función de cómo responde el público a ese momento, sabes cómo y cuánto les has enganchado y desde ahí, a trabajártelo. Para mantenerlo o para ganártelo. Y esa respuesta define la representación ese día. Un actor sin público sólo ensaya.

¿Cómo nace la idea de escribir Polvorones?

En uno de esos momentos en los que estaba sin trabajo decidí alquilar una sala de ensayos y llamar a 10 actores, amigos, que se conocieran entre sí lo menos posible, para dirigirlos en unos ejercicios de improvisación. De una de ellas surgió el germen de Polvorones, el primer conflicto. A raíz de ahí escribí una obra corta, de unos 15 minutos, que viene a ser la primera escena y que se representó en Microteatro. Cuando nos reunimos para la primera lectura del texto ya tenía la obra completa escrita y de Microteatro pasamos al Teatro Lara de Madrid.

¿Por qué escribir una comedia?

Con el tiempo he descubierto que lo mío es la comedia. No sólo porque se me da bien sino porque es lo que me nace, lo que me interesa contar como autor. Quizá en otro momento cambie y aparezca una historia distinta, en otro tono, pero mi necesidad ahora mismo es hacer reír, hablar de los temas que me interesan desde ahí. Parece que un drama implica calidad y la comedia sólo es entretenimiento pero yo creo que no es así; sólo cambia la forma pero los temas a tratar pueden ser los mismos.

¿Qué cuenta Polvorones?

Polvorones habla sobre la amistad, sobre esos amigos que lo son a pesar de todo. Y no hablo de los amigos incondicionales que merecen estar ahí sino también de aquellos con los que sólo nos unen ya los afectos, lo vivido. Yo tengo amigos que, si los conociera hoy día, no llegarían a ser amigos míos. Porque ya no tenemos nada que ver, porque la vida nos ha llevado a lugares y posiciones vitales tan distintas que no los soportaría. Pero a los que quiero incondicionalmente porque llevan muchos años a mi lado. Polvorones habla de aceptar al otro para quererlo porque el otro no va a cambiar.

Me apuesto lo que sea a que todo el mundo se va a ver reflejado en alguno de los personajes o tiene algún amigo al que va a identificar.

Son cuatro mujeres y las cosas que les pasan tienen que ver con eso, pero podrían haber sido cuatro hombres cambiando alguna situación. La amistad no entiende de géneros.

¿Sigue la obra la corriente abierta por Yasmina Reza y otros autores franceses con obras como Arte, Un Dios Salvaje, El nombre, donde un hecho simple y corriente dinamita las relaciones personales de un grupo de personajes?

En ese sentido sí, pero por lo demás el tono es otro. Son mujeres libres, que hablan de sus cosas sin complejos, que dicen tacos y se cuentan intimidades y pierden los papeles. Me interesa mucho ese aspecto feminista (que no femenino) de la función. El feminismo, a mi modo de ver, implica que las mujeres no tienen por qué ser heroínas; mi feminismo implica que las mujeres pueden ser imperfectas. La princesa y la Juana de Arco me parecen desfasadas.

¿Cuándo se estrenó, cuántas funciones habéis realizado? ¿Cuál es la reacción del público?

El micro-teatro de 15 minutos se estrenó en julio de 2016. La obra completa el 15 de noviembre del mismo año. Ya tenemos funciones programadas hasta marzo del 2018 y llevaremos unas 80 representaciones.

El público reacciona con la carcajada porque las situaciones van desde lo muy cotidiano hasta el desfase absoluto. Cómo una pequeña anécdota desencadena otra mayor y todo acaba yéndose de las manos. Las situaciones son del día a día hasta que alguien cruza la línea y el caos se apodera de los personajes.

¿Qué dificultades encuentra un autor y director para estrenar y ver representadas sus obras?

Pues todas. Me falta entrevista. Los recortes en cultura obligan a los ayuntamientos a reducir su programación. Y en Madrid ahora muchos teatros funcionan como multicines, donde cada día de la semana se hace una obra distinta a las 20:00 y otra más a las 22:00. Así es imposible llegar a fin de mes al 50% de taquilla. Los problemas son muchos, muy distintos y difíciles de explicar porque es un sector muy particular.

¿Está el teatro debidamente atendido y protegido por nuestros poderes públicos?

Por poner un ejemplo: los ayuntamientos pagan (oficialmente) a los 60 días. Ya te digo yo que no. En febrero hicimos tres funciones fuera de Madrid. Un ayuntamiento cumplió el plazo, el otro pagó el mes pasado y aún estamos esperando a cobrar la tercera. En noviembre tenemos 7 funciones entre Alicante, Murcia y Almería, que son muchas, no es lo normal. ¡Muy bien! Ahora pensemos que dos pagarán a los dos meses, otras dos a los siete meses y las otras tres, ya veremos. Pero para hacer las funciones ha habido que alquilar una furgoneta desde Madrid, gasolina, altas de 6 personas, comidas, hoteles, etc. Y nadie cobra hasta que el ayuntamiento no paga. ¡Tenemos que adelantar ese dinero en cada una de las actuaciones, pero no sabemos cuándo se va a cobrar! Y esta profesión es inestable. Al siguiente mes no hay ninguna función con lo que adelantas pero no cobras. No se puede sostener. Ese es sólo un ejemplo de lo que sucede. Yo no pido que el Estado proteja la cultura, que debería, pero al menos que la atienda, que cumpla.

¿Qué esperas, qué ilusiones tienes respecto de la próxima representación en el Castelar?

Pues tengo más nervios que otra cosa. Para mí no es una función más. Mis padres viven frente a la fachada del teatro, no sé si me explico. Hay un personaje basado, literalmente, en una amiga mía del Instituto Azorín a la que llamé para pedirle que me contara cosas y tomar notas. POLVORONES tiene mucho de mis amigos de aquí. Ellos lo saben. Muchos han venido a Madrid a ver la función y me decían: “¡Somos nosotros!”. Así que tengo muchos nervios.

Cuéntanos qué proyectos profesionales tienes entre manos.

Pues ahora mismo estoy escribiendo otra obra de teatro con un amigo, compañero desde los 20 años, el eldense Fran Nortes al que muchos conoceréis por la serie “La que se avecina”. A ver qué tal nos sale.

Para terminar, háblanos sobre cualquier otra cuestión que quieras que quede reflejada en esta entrevista.

Cuando yo vivía en Elda, hasta los 25 años, cada jueves se hacía teatro en La Casa de la Cultura y estaba lleno. Era una ciudad con tradición y cultura teatral, el público tenía hábito y allí pude ver a grandes actores con obras que sólo se hacían en Madrid. No tengo ni que decir que no teníamos la suerte de tener un teatro como el Castelar, que se reabrió años después. La labor de Paco Payá para traer a los eldenses el mejor teatro que se hacía en este país, fue espectacular.

Me consta que tras unos años en los que se abandonó la calidad de la programación, Juan Vera está haciendo todo lo posible por recuperarla.

En Elda, en el Teatro Castelar, se hacen obras para las que yo no consigo entradas en Madrid y a veces el Castelar está medio vacío. Y una obra que en Madrid cuesta 30 Euros, en Elda cuesta 15.

El Castelar no tiene nada que envidiar a la mayoría de los teatros madrileños, por dentro y por fuera, y se nos está brindando la oportunidad de ver obras que son lo mejor a nivel nacional, pero el público ha perdido la costumbre de ir a verlas. No nos perdamos esto porque somos una ciudad privilegiada en ese aspecto.

Acerca del autor

Autor: Álvaro Amat

Me llamo Álvaro Amat. Soy Licenciado en Derecho. Toda mi vida laboral he estado vinculado a la Administración de Justicia. Soy un apasionado de las artes escénicas en general. He estudiado el teatro de nuestra localidad durante años coleccionando programas de mano. He participado en cursos y talleres de teatro, y he colaborado con distintas entidades y asociaciones locales en la dirección escénica de eventos y espectáculos. El teatro forma parte de mi vida y a través de este blog me gustaría que los lectores sintieran que el Teatro es una de las piezas básicas en la cultura de un país. ¡Gracias!

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir