SEMANARIO DE INFORMACIÓN LOCAL, DEPORTES Y ESPECTÁCULOS

Fundado en 1956
Visto: 185
Compartir en FacebookCompartir en TwitterCompartir en Google PlusCompartir en WhatsApp
Lienzo a partir del cual había que escribir el relato en la XI edición de los Gramat.

El pasado domingo 7 de abril, a las once de la mañana, en el Museo del Calzado, se llevó a cabo la XI edición de los premios GraMat de relatos cortos y escritura al instante. Durante 45 minutos hubo que elaborar un relato de hasta un máximo de 300 palabras. Si hasta ahora se iniciaba con una frase al azar, entre varias posibles, de un autor y una obra concreta, en esta ocasión la novedad consistió en que había que partir de una imagen pictórica: El caminante sobre el mar de nubes, del paisajista romántico alemán Caspar David Friedrich.

La elección de na pintura para escribir el texto en esta nueva Quincena casa bien con su título Tus pinceles… y mis palabras. De hecho, y como se puede apreciar en los relatos galardonados, la diferencia de enfoque y estilos ante la misma imagen es evidente.

Estos son los tres relatos galardonados:

 

Silencio, inmensidad. Rocas y nubes, todo un mar.

Le costó llegar hasta la cima, caminaba con dificultad y apoyado en un bastón rematado en calavera de plata.

Durante la dura ascensión le dio tiempo a repasar esa última tarde con ella, su despedida.

Estaba tumbada sobre la cama, inmóvil, a duras penas movía brazos y piernas. Continuos quejidos de dolor, y su comunicación con él, por el movimiento de sus párpados, abrir y cerrar, sí y no.

Se conocieron muy jóvenes, se enamoraron desesperadamente, con prisas, sin control. Era como si supieran lo que el destino les iba a deparar.

Un día todo cambió, unos segundos fueron suficientes: dolores agudos, molestias, cefaleas… Se anunciaba lo irremediable.

Se volcó con ella, no se separó de su lado, lo abandonó todo. Así un día tras otro, una noche más, un año, dos… tres.

Él dudaba, no quería perderla, la necesitaba. Ella le suplicaba. El dolor, su dolor, el de ambos, le atormentaba. “¿Qué hacer? Maldito dilema”.

El sufrimiento se hacía insoportable. No encontraba consuelo.

─Ayúdame, no puedo más ─acertó a balbucearle con un pequeño hilo de voz casi imperceptible. Fue el último día que pudo hablar con él.

A partir de ahí silencio, solo párpados en movimiento, rostro de súplica que no necesitaba palabras, deseos de morir.

Resistió unos días a su demanda, pero el contemplar en qué se había convertido su primer y único amor, le hizo tomar la decisión. No debía sufrir más.

Cogió la almohada, le tapó la cara y apretó fuertemente mientras ella emitía su último suspiro, un suspiro de felicidad, de agradecimiento, de amor. Descansó. Sonreía.

Cogió su bastón, salió de casa y se encaminó hacia la cima de la montaña. Contempló el mar de nueves, y fue a su último encuentro, a su cita de enamorados, hacia ella.

Vicente Aravid López, 2º Finalista

 

Los participantes escribiendo el microrrelato a partir del lienzo propuesto.

Al fondo intuía el horizonte de línea disipada por la bruma y la nubosidad que fluía en el aire. El mar bullía ante él, desafiante. Así de incierto repasaba todo el equipaje que portaba con tristeza. Toda su vida pasaba ante él, sobre esa pantalla que, en su alboroto, mostraba vivencias pasadas, algunas añoradas.

Aquella mujer, aquellos hijos que no tuvo. O sí…

No había sabido apreciar lo que pasó por su vida.

Borrascas negras sentía que flotaban a su espalda. Nubarrones que empujaban. En algunos momentos sentía que debía afianzarse bien para no tambalearse.

Todos los pensamientos negativos fluían y le invitaban a lanzarse al cobijo de unas aguas reparadoras, pero siguió erguido. La cobardía no había sido nunca su tarjeta de presentación.

Esperaba que una luz atravesara la negrura que le envolvía. Quería hacer frente a sus fracasos, pero el deseo de querer atrapar los buenos momentos que, en pequeñas dosis aparecían frente a él, fue más fuerte que toda su gallardía y en un intento de volar cayó envuelto por la bruma.

Quizá así pudo alcanzar y acariciar lo bueno de su pasado.

Marisol Puche Salas, 1ª Finalista

 

Participantes en esta XI edición

Amaneció sobre la colina, al fondo tenía la montaña, su pico sobresalía en la inmensidad. Imaginaba su ascenso, el caminar errante por sus colinas, el aroma de las plantas, el paseo blanco por su cordillera. La lluvia que caería por su rostro si lloviera, surcar ese mar de nubes saboreando la niebla. Su Ítaca.

Se dio la vuelta y, como siempre, ayudado por su bastón, volvió a su carruaje. Le esperaba el duelo por aquella dama mancillada. Le sacó las balas a la pistola, dio la orden de marchar al cochero y una lágrima de adiós resbalaba por su rostro mientras seguía viendo ese horizonte y se alejaba.

Octavio Jover Rubio. Ganador

 

Cartel de los premios para esta convocatoria.

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar

Acerca del autor

Autor: Rafael Carcelén

Además de disfrutar como maestro de escuela, me encanta escribir. Y leer. Y subir los montes alicantinos. Y jugar al ajedrez. Y… siempre me sigue apeteciendo aprender. Y segregar lo que aprendo -lo que vivo, lo que siento- en artículos, poemas y aforismos como éste: “¿Es imaginable la felicidad en un grano de pimienta?”

Utilizamos cookies propias, al continuar navengando por el sitio aceptas nuestra política de cookies.

Aceptar

Buscando...

Un momento por favor

Google+
Compartir