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Cuenta mi padre, que ahora tiene 85 años, que él pudo ir a la escuela hasta un sábado cuando cumplió los ocho años, ese día se despidió de su maestro y compañeros al entrar al lunes siguiente a una fábrica de calzado en calidad de aprendiz.

La decisión de su familia no fue porque fuera un mal estudiante, sino por necesidad, pues había que dar de comer a toda una familia y cualquier aportación, por pequeña que fuera, era bienvenida en esos días de estrecheces y hambre.

En aquellos tiempos, solo los hijos de familias acomodadas podían aspirar a seguir estudiando y hasta ir a la universidad, el resto se tenía que contentar con trabajar para comer la mayor parte de los días.

Desde entonces, las familias españolas, con el esfuerzo de todos sus miembros, fueron mejorando económicamente, hasta conseguir cierta estabilidad. A este punto se llegó hace aproximadamente unos 40 años.

A partir de ese momento las familias que anhelaban dar estudios a sus hijos, pudieron prescindir de ellos para proporcionarles la oportunidad de seguir estudiando si lo deseaban,  soñando que algún día podía haber en la familia un: médico, abogada, practicante, arquitecta, etc.

Antes de la crisis del 2007 muchos de los jóvenes decidieron ponerse a trabajar, sobre todo en la construcción, donde sin necesidad de ningún tipo de formación, podrían ganar sueldos semanales muy superiores a los de un licenciado universitario.

 Pero a partir de la crisis, empezaron a sobrar trabajadores con lo que hubo un aumento de jóvenes que deseaban seguir formándose, pero también surgió un grupo que abandonó el sistema educativo, muchas veces sin haber cumplido los 16 años, con la excusa de entrar al maltrecho mundo laboral: los NINIs.

 El problema de estos NINIs, es que viven del cuento, parasitando a sus familias y holgazaneando día tras día.

Con tanto tiempo libre muchos de ellos acaban enganchándose al alcohol, porros o tecnologías, lo que complica en gran manera sus posibilidades laborales.

 Para vivir su vida y pagar sus adicciones, no les basta con la asignación semanal, llegando muchas veces a robar a su propia familia.

Hay cientos de miles de adolescentes y jóvenes en esta situación, que no están  inscritos en ningún registro, sin futuro, sin esperanza, convirtiéndose en la próxima generación de delincuentes.

 Humildemente he de reconocer que no conozco remedios “rápidos “ o “mágicos” para este enorme problema, pero sé que algo tenemos que hacer:

Hace unos meses el Inescop presento el programa: Learn2work que tanta aceptación y éxito ha tenido en Dinamarca con estos chavales/as.

Esta misma semana, también hemos asistido al lanzamiento por parte del Ayuntamiento de Elda, del programa: JOVE OPORTUNITAT, para luchar contra el abandono educativo temprano.

Tanto el uno como el otro, pueden ser una  tabla de salvación, pero aun quedan muchísimas familias por socorrer.

Y por supuesto, si hay alguna sospecha de  adicción (alcohol, porros o tecnologías) las Unidades de referencia son las UCAs de Elda o Villena donde todos los días ayudamos a los jóvenes y a sus familias a normalizar sus vidas, para que se puedan reincorporar a los institutos/universidades o al mundo laboral. 

En el próximo artículo hablaré de:

 ¿Qué podemos hacer con las personas que no quieren ayuda?

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Acerca del autor

Autor: José José Gil

Me llamo José José Gil (J.J.) y soy Enfermero de la Unidad de Conductas Adictivas de Elda. Reconozco que soy un apasionado de mi trabajo y como profesional y padre llevo muchos años investigando las ADICCIONES ADOLESCENTES.

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