miércoles, 20 de octubre de 2021

Tuvimos un bloqueo, caminamos con las maletas, no encontramos alojamiento…. Pero las vistas son muy bonitas

Pablo Ángel Sánchez
25 abril 2021
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Tuvimos un bloqueo, caminamos con las maletas, no encontramos alojamiento…. Pero las vistas son muy bonitas

Esperando desde el 2 de abril para saber el lugar en el que voy a realizar mi rotación de prácticas de servicio social de salud rural obligatorio. Antes de comenzar plenamente en lo que quiero compartir, quiero explicar que el sexto año de medicina en Bolivia consiste en nueve meses de prácticas en un hospital de área urbana que se llama internado y tres meses de prácticas en una zona rural que se denomina servicio social de salud rural obligatorio, pero comúnmente provincia.

Supuestamente, el 2 de abril debería haber estado en mi lugar asignado, pero no fue así. El 7 de abril me llega un email con la adjudicación de la plaza. Me ha tocado Puerto Suárez, que está a 642 kilómetros de la ciudad en la que vivo, teniendo un tiempo de 24 a 48 horas para poder estar allí y comenzar mis prácticas. Por suerte, no he sido el único “afortunado” de ir allá, tres compañeros más van a ser colegas de aventura. Comprobar el destino y pensar en tener que organizar un viaje para el tiempo de tres meses a 642 kilómetros, entra un miedo aventurero que hace que no pares de sudar y de moverte para preparar las cosas, ¿o sudas porque te mueves?

Ya en el bus, pienso en la aventura que me espera, ver la preocupación de mis compañeros y de sus padres por el cambio de lugar hace que mi familia invada mi cabeza. Su preocupación está ya años atrás, ese proceso ya lo pasamos cuando decidí estudiar medicina. Ahora evitamos eso, qué más da la ciudad en la que viva, sigo estando lejos, aunque ahora 642 kilómetros menos lejos.

A 40 kilómetros de llegar a nuestro destino y después de seis horas de viaje, vemos que el bus para y no avanza. Comprobamos cuando amanece que hay un atasco provocado por un bloqueo de una comunidad ayorea de la zona. Nadie se anima a ir caminando, pues aún nos quedan 40 kilómetros para llegar con nuestro equipaje a cargas. Pero vemos a una mujer, coloca a su bebé en su espalda con la ayuda de su aguayo (es la cuna de los indígenas, los bebés se llevan en el aguayo, es también símbolo del esfuerzo y del trabajo, el fruto del trabajo y de la tierra). Nos motiva a todo el autobús a bajar, coger las maletas y caminar al destino, pasar el bloqueo y subir a un mini bus que hay después. Caminamos, nos encontramos a cerdos en la carretera y para mi sorpresa, solo hay unas diez personas. Conseguimos transporte, pero nos dicen que hay otro bloqueo a unos 25 kilómetros. Volvemos a repetir el mismo proceso, en el segundo bloqueo no encontramos animales pero sí vendedores ambulantes que nos ofrecen desayuno.

Las primeras impresiones del pueblo fueron bastante buenas, pero todas las historias escuchadas de que a las personas que realizamos provincia nos dotaban de un lugar para dormir, en mi caso no ha sido. Por lo tanto, búsqueda de un lugar para dormir. Encuentro una casa-habitación (cuarto), que se compone de cama, armario (cuatro maderas), mesa, mesita y dos taburetes. El techo es de una teja parecida al cemento, pero fino. Por el calor, es imposible estar en el cuarto de 11 de la mañana a 3 de la tarde. Tendré que buscar que hacer en ese tiempo fuera, buscando nuevas aventuras…

Pablo Ángel Sánchez
Pablo Ángel Sánchez
Acerca del autor

Pablo Ángel Sánchez, eldense, se mudó a la zona tropical de Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra justo después de estudiar Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia y un máster de Arteterapia Y Educación Artística para la inclusión social en la Universidad Autónoma de Madrid. La causa de su mudanza fue motivada por un voluntariado Internacional, una experiencia de un año a dos años, que se convirtió en ocho años. Ocho años aportando su grano de arena a proyectos como: mujeres artesanas, centro de día para niños trabajadores, centro de día para personas de la tercera edad, hogar para hijos trabajadores de la caña, centro cultural, entre otros. Poco después comenzó a estudiar medicina, pasión que tenía camuflada y que en su día a día fue floreciendo, rompiendo los estigmas que a veces la sociedad o uno mismo se impone. En estos momentos se encuentra en su año de prácticas para finalizar no solo su año de prácticas sino su aventura en tierras bolivianas.

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