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Con algo de retraso me ocupo de la producción de Doña Francisquita estrenada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, el 14 de mayo y que estuvo en cartel hasta el domingo 2 de junio, con un total de 15 representaciones. Ese último día tenía previsto asistir en directo, lo cual no hice una vez vista por televisión, vía internet, la representación del miércoles día 29 de mayo.

No obstante tratar el tema ahora, no implica pérdida de vigencia, pues las causas que han provocado no pocas protestas del público son de plena actualidad en el mundo de la zarzuela, desde que algunos directores de escena y responsables de programaciones líricas decidieron "limpiar la caspa y las telarañas" que el género lírico español atesora. Según ellos, claro está.

En la crónica-crítica del 17 de mayo, de zarzuelerías.blogspot.com, su firmante "El Hernando" dice en uno de sus párrafos: "Mientras escribo estas líneas me asaltan muchas ideas, pero voy a terminar esta parte de la crónica con una sola...". Antes de esta afirmación ya ha dejado bien patente, y razonada, su discrepancia total con la producción que nos ocupa.

A mí me ha ocurrido lo mismo que a "El Hernando". Es decir, esta Francisquita desguazada me ha provocado no pocas ideas para expresar mi opinión, siendo esto la base de mi tardanza en hacerlo.

Hasta para conseguir un titular, más o menos acertado, navego en un mar de confusiones. "El triste "Canto alegre" de la juventud". "La Francisquita que el viento se llevó". "El desguace de una obra modélica". "Doña Francisquita agredida y violada"... 

El caso concreto de esta nueva producción, de título tan señero, se basó en la supresión de los diálogos, dando protagonismo el regista Lluis Pasqual a un personaje inventado por él: Una especie de director de escena, en el acto primero, en un estudio de grabación discográfica y en el segundo en un plató de televisión.

En uno de los párrafos del breve comentario de la ficha publicada en la página web del teatro se dice: "En las escenas de Doña Francisquita están las costumbres, las modas y los personajes que circulan por Madrid, por lo que cada época las ha ido revistiendo y transformando -como ocurre con los clásicos- con muy distintos montajes escénicos...". Pero la realidad lamentable es que en esta ocasión la transformación del montaje escénico ha sido mucho peor que el original.

Quizá no sea Doña Francisquita un título que se preste a este tipo de inventos y habría que dejarla como lo que es: obra maestra de la lírica española.  Parecía que con la "payasada" de la producción que presentó La Zarzuela en 2010 los despropósitos habían tocado techo, o fondo, según se mire. Pero no ha sido así, y en esta vuelta al escenario del Templo del Género Grande de obra tan emblemática, y apreciada por el público, se ha llegado al "más dificil todavía". Lo cual ha provocado la ira de muchos espectadores, si bien solamente unos pocos la han expresado de forma abierta durante las representaciones.

Aquello que expresó el autor de su partitura, Amadeo Vives, de rendir tributo a La verbena de la Paloma, con un sainete lírico madrileño a lo grande, tampoco encontró aquí el honor merecido. Y de "Comedia lírica", como la bautizaron sus autores, nada de nada, pues al suprimirse los diálogos las escenas más jocosas desaparecieron.

 

El código ético del teatro

El director del Teatro de La Zarzuela, que ha comparecido en varias ocasiones ante los medios, saliendo al paso de las protestas airadas y que en alguna ocasión interrumpieron la representación, manifestó que en el teatro hay un código ético, mediante el cual el público puede expresar sus quejas o desacuerdos pero de otra forma, al acabar la obra, y no mostrando su desconento abiertamente , llegando a interrumpir el normal desarrollo de una función, como sí ocurrió en alguna de ellas.

Lo que no sabemos es si dentro de ese mismo código teatral existe otro articulado que impida a los responsables de teatros y directores destrozar a su antojo las obras originales. Como acaba de ocurrir con Doña Francisquita.

Sea como fuere el Teatro de la Zarzuela ha vuelto a tener un protagonismo inusual dentro de los medios, tanto escritos como digitales. Y digo ha vuelto, porque el año pasado por estas mismas fechas estaba sumido en el proceso reivindicativo de rechazar su fusión, o absorción, con el Teatro Real de Madrid.

Durante todo aquel proceso el comportamiento de los aficionados fue la otra cara de la moneda, respecto del actual. Entonces se apoyaron todas las iniciativas públicas, con firmas de manifiestos incluidas, para evitar la absorción de La Zarzuela.

Y por estas mismas fechas de hace tres años también fueron muchos los españoles que se enteraron de la existencia de la zarzuela como género lírico teatral. Gracias a la producción ¡Cómo está Madriz! del propio teatro madrileño, donde se fusionaron dos sainetes líricos como La gran vía y El año pasado por agua, ambos con música de Federico Chueca.

Dentro de la amplia serie de comentarios o críticas que ahora se han escrito no falta quien ha equiparado lo del ¡Cómo está Madriz! con la Francisquita. No existe comparación alguna.

Lo de hace tres años se trató de dos zarzuelitas de las denominadas "Revista de actualidades", y en ellas se realizó un repaso a esas actualidades de 2016, sin destrozar nada. Lo de ahora ha sido desvirtuar una de las joyas de la zarzuela.

 

El primer acto, para echarse a llorar

Por ejemplo, el primer acto de Doña Francisquita cuenta con dos escenas que bien presentadas, y representadas, no tienen nada que envidiar en espectacularidad y belleza a cualquier número cumbre de la ópera. Me refiero a la de la boda, con su "Canto alegre de la juventud" y al final del acto con el "Soy madrileña", con Aurora "la Beltrana" montada en una calesa.

En esta ocasión han estado muy bien representadas pero muy mal presentadas. Y es que nada de ello apareció, ni por asomo. El "Canto alegre de la juventud" se volvió triste. No hubo pareja de novios, ni padrimos, ni fachada de iglesia, aunque sí se dijo aquello de "¡Ya llega el cortijo de la Boda!". ¿A quién se le cantó, entonces? El único cortejo que llegó fue el narrador, faroleando. Y si a "La Beltrana" en la producción de 2010 se la despidió montada en una especie de vergonzosa carretilla, tirada por cuerdas, esta vez ni carretilla, ni carro, ni nada de nada. Mientras tanto, el narrador-director molestando en todo momento la interpretación de los cantantes.

Una Francisquita sin la belleza de la boda y el pasacalle que viene después, sin la presencia del carnaval, durante cuya celebración se desarrolla buena parte del argumento, no solo resulta descafeinada, yo la considero adulterada y un insulto a la propia obra y al público en general. Tanto al "casposo" como al renovado. Y lo mismo podría decir de la ausencia durante el segundo acto de las escenas donde Cardona, el amigo de Fernando aparece vestido de mujer, aprovechando las fiestas de un carnaval que aquí pasó desapercibido. Más claro, no existió.

Ya en el inicio me chocó ver vestido con traje y con pajarita al lañador. Ese oficiante artesanal que tiempo atrás viajaba por los pueblos, y durante siglos se dedicó a reparar los cacharros de barro, loza y metal de las viviendas. Mis recuerdos de infancia me retraen al lañador que periódicamente venía por mi pueblo– estañador lo llamábamos, y así se anunciaba él- malvestido, sin afeitar, mostoso, y con un aspecto en general muy desaliñado. En contrapartida Fernando y su amigo Cardona, los protagonistas masculinos, quienes por su condición deben vestir con pulcritud y elegancia, aparecen en el último acto con vaqueros y sudadera. En el caso de Cardona con capucha incluida.

Mirando esta producción solamente desde el aspecto artístico, hay que reconocer su excepcionalidad como debe corresponder a una partitura de la categoría de Doña Francisquita. Elenco de cantantes de primera fila, cuerpo de baile magnífico, coro y orquesta de nivel máximo y todo el engranaje escenográfico.

Se dijo que estas funciones estaban dedicadas a la memoria de Alfredo Kraus  en el 20 aniversario de su muerte. ¡Qué lástima! El maestro merecía una Francisquita mucho más digna. Una Francisquita de verdad. Como las que él mismo protagonizó en el Liceo de Barcelona en 1987, y que está disponible en youtube.com, o la algo inferior del Nuevo Apolo de Madrid de 1995.

La verdadera homenajeada fue la solista de castañuelas Lucero Tena, cuya presencia ¿era necesaria? en todas las funciones motivó que el fandango del tercer acto se interpretase por dos veces. Primero por ella y a continuación por el cuerpo de baile.

A todo esto la crítica – especializada o no-  en su mayoría ha sido eso: crítica. Y hasta me da la impresión que en muchos casos quienes las firman se muerden la lengua y no dicen todo cuanto su conciencia les dicta contra este desaguisado. Quizá para que no los tilden de carcas o anticuados.

Pero la realidad, y dejemos los tópicos al margen, en esta Doña Francisquita sí que se ha destrozado, desnaturalizado y agredido a una de las obras maestras del género. Y si desde su estreno en 1923 todos los expertos han coincidido en así calificarla de "Obra maestra" será por algo. Por ello, precisamente, fue elegida para reinaugurar el Teatro de La Zarzuela en 1956, coincidiendo con  su centenario y su adquisición por parte de la SGAE. Y por ello es la única zarzuela en lengua castellana que se ha representado en el Liceo de Barcelona, por dos veces en los últimos 32 años. Y volverá a su escenario la temporada próxima, para chasco de muchos, o de algunos, al tratarse de la producción motivo de controversia.

Otro de los aspectos donde desde la gerencia del Teatro de la Zarzuela se insiste y destaca, es que gracias a este tipo de producciones la media de edad de quienes asisten está bajando en los últimos años.

Es cierto, y me alegro mucho por ello, que en todas las funciones de esta Francisquita se han agotado las localidades. Habría ocurrido lo mismo de haberla presentado  en su concepción original. Ya antes del estreno del 14 de mayo la venta de entradas iba muy bien. Mucho mejor que cuando se ofrecen otros títulos. Y no se sabía cómo iba a presentarse.

El propio director del Teatro de la Zarzuela mostró su complacencia -o autocomplaciencia- por aquello de los llenos diarios, y que cada vez acuden más jóvenes a las representaciones, descendiendo la media de edad.

A la vista de estas declaraciones, parece que se quiere culpabilizar de las protestas que se producen solamente a personas mayores, que esperaban y querían ver la Francisquita tal y como la concibieron sus autores.

Pero que nadie crea que todos esos jóvenes que se van acercando al teatro comulgan con estas modernidades. Aun viviendo lejos de Madrid conozco el caso de un grupo de seis amigos madrileños, todos menores de 35 años, algunos de los cuales suelen repetir en un mismo título, que dejaron perder sus localidades adquiridas mucho antes del estreno de esta Francisquita, al conocer el destrozo cometido.

 

Versiones en youtube.com

Como ha sido norma durante la presente temporada, lo cual es de agradecer a todo el equipo del teatro, la función del miércoles 29 de mayo se ofreció en directo por medio de internet, y ahí ha quedado, en youtube.com,  para quien tenga interés o curiosidad de verla. Y hasta se pueden establecer comparaciones, pues también están la magnífica versión – no solo por sus protagonistas- del Liceo de Barcelona de junio de 1988, con Enedina Lloris y Alfredo Kraus, y la de 2010, del mismo Liceo, con Mariola Cantarero y José Bros

La producción que comentamos ha recibido, a jueves 13 por la tarde, 11.113 visitas. La del año 2010, que está en la red desde agosto de 2014, cuenta con 48.398 visitas. Y la de 1988, editada en youtube en junio de 2012, lleva 144.547.

 

Titulares de algunos medios, referidos al estreno.

Shangay.com. 15-5. Nacho Fresno:

Una Doña Francisquita en honor a Lucero Tena (en la que no se entiende nada).

El mundo. 15-5. Tomás Marco:

La "Doña Francisquita" de Lluis Pasqual un salto feliz en el tiempo.

La razón. 16-5. Gonzalo Alonso:

Una inquietante y sugerente "Doña Francisquita".

El país. 16.5. Jorge Fernández Guerra:

"Doña Francisquita" otra vez será.

Codalario.com. 16-5. Raul Chamorro Mena:

Desnaturalización de una de las obras cumbre de la zarzuela

Madridiario.com. 16-5. Antonio Castro:

"...quien no conozca la obra no se enterará de nada.".

Zarzuelerías.blogspot.com. 17-5. El Hernando:

Buscando a Doña Francisquita.

Culturamas. 21-5. Luis Alberto Comino:

Doña Francisquita un "desmontaje fallido".

Opera Actual. Número 225. Junio 2019. Isabel Imaz:

Francisquita desconcertante.

 

Los comentarios de youtube.

No sale muy bien parada esta producción de Doña Francisquita en los 29 comentarios que de momento se han insertado en la grabación disponible en youtube.com.

Tan solo dos personas aceptan de forma positiva lo visto.

Del resto, mayoría inmensa, extraemos los siguientes:

"Violada por la manada". "Vomitiva la puesta en escena". "Castrada". "Un horror. Para el circo no quedaría mal". "Agresión". "¡De traca!". "Tristemente degenerada. Una payasada. Que pase a la antología del despropósito y la vulgaridad". "Enmendarle la plana a los autores es una gran falta de respeto. A ellos y al público".

A vueltas con las adaptaciones

Parece ser, al menos así lo adelantó Daniel Bianco en la rueda de prensa de presentación, que en la programación de la temporada próxima no se tocarán los textos de ninguna obra. De momento, las dos que se ofrecerán en concierto ya llevan el sello de "adaptación". Aunque el público se enterará bien poco. Una de ellas, aparte de ser desconocida, se interpretará en euskera: Mirentxu, de Jesús Guridi. La otra llegará en febrero. Una ópera de Tomás Bretón, más que olvidada: Farinelli. ¿La habrán programado porque en marzo se cumplen 125 años de La Dolores? también de Bretón, estrenada en el mismo Teatro de la Zarzuela y donde no se representa desde 1961. ¡Hace 58 años! Y seguirá sin representarse, a pesar de su aniversario.

Y es que por mucho que los responsables del teatro se empeñen en querer demostrar lo contrario, lo cierto es que esta temporada se han lucido con las "adaptaciones".

Se comenzó con una versión de Katiuska mutilada, con supresión de hasta tres de sus personajes secundarios, estrenada a bombo y platillo con presencia de la "diva" del papel couché Ainhoa Arteta, quien por su participación en dos funciones solamente, se llevó una gran parte del presupuesto de toda la temporada. Me hubiera gustado conocer la opinión de los descendientes de los autores de zarzuela tan popular, ante los recortes cometidos. Cierto es que ya los conocían de antes pues la producción se estrenó años atrás en el Teatro Arriaga de Bilbao, y está comercializada en DVD.

Después vino el pastiche de El sueño de una noche de verano. Una obra desconocida por olvidada, cuya base argumental y diálogos fueron modificados en su totalidad, con críticas muy desfavorables.  Le siguió un Barberillo de Lavapiés interpretado de forma excelente, pero en el que había que adivinar que los paneles movibles de la escena simulaban las callejuelas y plazuelas del Madrid goyesco. Y ahora para rematar una Francisquita, magníficamente interpretada pero desnaturalizada, desvestida de sus mayores y mejores atractivos. Para justificarlo dicen que de la música no se ha tocado una sola nota. ¡Faltaría más! Pero es que la zarzuela no es solo la música, y hay títulos, como es el caso de este, que debería estar penado trastocarlos.

Lo demás, lo de la escena, queda solo para listos, pues hay que adivinarlo. En el Barberillo imaginar las calles, plazas y otros elementos, y en Francisquita a los novios, los cofrades carnavalescos y la pastelería de la protagonista.

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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