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El viernes 31 de julio cumplió 90 años el tenor Pedro Lavirgen, nacido en la población cordobesa de Bujalance en 1930.

Lavirgen considerado por los expertos como una de las mejores voces de la lírica española, e internacional, durante la segunda mitad del siglo XX, aún cuando no alcanzó la popularidad de otros, quizá porque no dio con el agente o agencia artística más adecuados.

Fue un tenor “de forza” como les gusta decir a los italianos. Con un volumen y brillantez en su voz capaz de alborotar al auditorio, siempre que las exigencias de la obra interpretada lo requiriese.

Es histórico el bis que se vio obligado a ofrecer en el Teatro San Carlo de Nápoles, en 1972, del por aquel entonces no tan popular como ahora Nessum Dorma de Turandot, de Puccini. Momento cuyo audio se puede escuchar en youtube, aún cuando el sonido presenta ciertos ruidos.

El Diccionario de la Zarzuela en España e Hispanoamérica no se explaya mucho en el personaje y le dedica un espacio muy reducido, a pesar de su gran trayectoria artística y profesional. No ocurre igual en el Diccionario de Cantantes Líricos Españoles, de Joaquín Martín de Sagarmínaga, quien sí hace justicia al tenor cordobés.

En este diccionario resulta muy interesante e ilustrativo el análisis técnico que el autor realiza de cada uno de los cantantes incluidos, una vez expuesta su biografía artística.
En tal sentido, Sagarmínaga dice: “La voz de Pedro Lavirgen recordaba a la de Corelli, más opulenta por la anchura del centro y el grosor de muchos sonidos de gran calibre (…) (…) Temperalmente, en cambio, los caracteres de ambos grandes tenores no podían ser más opuestos, pues mientras Corelli resultaba a veces algo distante, ofreciendo la impresión de que no se implicaba al cien por ciento en la vivencia del personaje, Lavirgen parecía anhelar a menudo una alta temperatura emocional, siendo su entrega absoluta(...) (…) Su capacidad pulmonar le permitía unos fiati increíbles que eran el principal alíado a la hora de cincelar un fraseo pródigo en filaturas y ligados. En este sentido, la Jota de La bruja de Chapí es absolutamente proverbial (…) (…) No fue Lavirgen un cantante que pisara con frecuencia los estudios de grabación. Sus predios estaban, más bien, en el teatro, donde su voz se expandía sin cortapisas por los amplios recintos, y cuanto más amplios fuesen, mejor.”

En un programa radiofónico -que parcialmente se puede ver y escuchar en youtube- emitido por la cadena Cope, el 20 de mayo de 2019, con motivo del homenaje que le tributó la Fundación Excelentia, el empresario y tenor aficionado Antonio Vázquez, que de canto debe saber algo, vino a decir sobre Lavirgen: “Su voz es absolutamente auténtica, de una fonación natural, con unos colores y una riqueza extraordinarios, con una emisión valiente y sin trucos, con un nivel de fiato espectacular, luminosa, grande, llena de matices y armónicos...”

Vázquez coincide con Martín de Sagarmínaga en su apreciación de las similitudes de la naturalidad del canto de Lavirgen con el del legendario Miguel Fleta. Que no es poco.

Dicho esto, y para quienes piensen que en el siglo XX solo ha habido “Tres tenores” -aquellos que el marketing promocionó hasta el infinito -más Enrico Caruso- queda bien claro que Pedro Lavirgen no es alguien que “pasaba por allí”.

En la entrevista referida estaba a punto de cumplir 89 años, dando muestras de una lucidez y memoria envidiables.

Infancia y adolescencia penosas

Pero la carrera artística y trayectoria personal del tenor de Bujalance adquiere unas proporciones de mérito incuestionable, si se conocen a fondo los condicionantes que tuvo que vivir en su infancia y juventud, superándolas todas a fuerza de una voluntad de sacrificio poco común.

Bastaría con decir que comenzó a aprender a leer y escribir cuando ya tenía 10 años, una vez acabada la guerra. Y en muy poco tiempo consiguió el título de maestro de escuela de primaria.

El historiador Florentino Hernández Girbal, en sus Cien cantantes españoles de ópera y zarzuela, lo testifica:
“Muchas veces se ha dicho que para una voluntad firme los obstáculos no existen (…) (…) Para demostrarlo está la personalidad de este admirable tenor que logró superar un problema físico presentado en su niñez, y merced a su solo esfuerzo y estudio salir de la masa anónima de los coros para convertirse en un cantante por todos aplaudido (…)
(…) Su voz potente, cálida y vehemente conquista enseguida a los públicos por su brillantez y belleza. Su principal cualidad, aparte la rica materia prima, es la generosidad y la verdad en el canto.”

Pero hay que decir algo más, mayormente de lo que no se suele cuando se habla o escribe sobre la vida de Lavirgen, precisamente sobre esos obstáculos y dificultades que tuvo que superar.

Pero hay que decir algo más, mayormente de lo que no se suele cuando se habla o escribe sobre su vida.

Él mismo es quien no ha querido ocultar las penalidades pasadas durante su infancia.

El actor Fernando Rey, narrador de la serie de TVE de 1979 Estrellas Españolas de la Ópera, en el capítulo dedicado a Pedro Lavirgen, lo califica de “Andaluz apasionado de orígenes campesinos en cuya vida hubo momentos que rozan el melodrama”.

Orígenes campesinos sí, pero de los más humildes. Su padre trabajaba el esparto, y tenía siete hijos. Y rozar el melodrama es una apreciación que queda como algo suave. La infancia de Lavirgen fue melodramática en toda su extensión.

Siendo muy pequeño sufrió un accidente jugando en una zona rocosa, que le produjo una lesión muy grave en una rodilla, cuya cojera ha sido muy evidente durante toda su vida.

Al comenzar la guerra tuvieron que abandonar la casa familiar de Bujalance, y tras varios días deambulando sin comida ni agua, encontraron cobijo en una casa ruinosa y abandonada, cerca de un río.

El propio Lavirgen en el documental de TVE califica dicho “exilio” como “infernal convirtiéndose en una de las más terribles e inolvidables experiencias de mi vida. Nos acompañaba el llanto y el hambre”.

En su deambular buscando donde refugiarse, encontraron una cabra vagabunda, cuya leche fue fundamental para que la benjamina de la familia, que contaba escasos meses de vida, no muriese por falta de alimento.

La que sí murió semanas después fue la cabra. Su carne les alimentó a todos durante varios días.

La mejor medicina para su rodilla, dado que no podía realizar ningún juego con sus hermanos, fue el río cercano, gracias al cual pudo practicar la natación.

El melodrama allí vivido fue tal, que él y toda su familia llegaron a comer hasta reptiles.

Al acabar la guerra cuando volvieron al pueblo, esos patriotas que ahora han vuelto a aparecer, les habían arrebatado la casa, por lo que su madre fue llamando a otras puertas, que no se les abrieron, hasta encontrar cobijo en la de un familiar lejano.

El padre, que fue reclutado por los republicanos, regresó pocas semanas después y la situación familiar se fue normalizando.

Estos recuerdos el propio tenor, en el documental televisivo, afirma que “sería injusto olvidarlos e incluso cobarde no narrarlos”.

El Hospital de San Juan de Diós

Una vez normalizada la situación familiar, con el padre de regreso, se pudo visitar a los médicos para que determinasen qué hacer con la pierna del niño. Se aconsejó su ingreso en el Hospital de San Juan de Diós, de Córdoba, entidad de carácter benéfico. Realizadas las gestiones oportunas, y obtenidas las ayudas necesarias, se procedió a su ingresó, lo cual junto a su mejora física, le permitió primero aprender a leer y escribir, y después estudiar bachillerato y magisterio.

Al mismo tiempo formó parte del coro infantil, donde ya comenzó a mostrar sus innatas condiciones vocales.

Ya situado en Madrid, y antes de ejercer como maestro, trabajó de cartero -a pesar de su cojera evidente- pues la actividad física era muy importante para ir fortaleciendo el músculo. Al mismo tiempo recibió lecciones de canto de uno de los profesores más eficientes de la época, Miguel Barrosa. Ello le permitió entrar en los Coros Cantores de Madrid y en el de Radio Nacional de España. Allí coincidió con voces tan importantes en un futuro inmediato como las de las sopranos Isabel Penagos y Teresa Tourné o la mezzo Teresa Berganza.

Siendo componente de estas agrupaciones corales intervino como cofrade en la grabación de la zarzuela Doña Francisquita, que en 1958 protagonizaron Alfredo Kraus y Ana María Olaria. También tuvo un pequeño papel, el de Ambrosio, en La linda tapada. Unica versión existente de esta preciosa zarzuela del maestro Alonso, con un Manuel Ausensi colosal.

El debut oficial de Lavirgen se produjo en el Teatro Fleta de Zaragoza el 12 de julio de 1959, con Marina, de Emilio Arrieta. Su presentación en Madrid se produjo ya integrado en la Compañía Lírica Amadeo Vives que dirigía José Tamayo, con Doña Francisquita.

Vistos sus progresos y sus posibilidades futuras se trasladó a Milán, para estudiar a fondo el repertorio operístico. El 12 de septiembre de 1964 debuta en el Palacio Bellas Artes de México, junto a un elenco de primerísima fila, con Aída de Verdi.

Y de ahí ya al estrellato

De inmediato llegaron sus debuts y triunfos incontestables en el Liceo de Barcelona, la Staatsoper de Viena, Roma, Nápoles, Génova, Metropolitan de Nueva York, Filadelfia, Los Angeles, San Francisco, Buenos Aires, Las Termas de Caracalla de Roma, La Arena de Verona, el Covent Garden de Londres, y, por fín, en 1976, el 5 de febrero, la Scala de Milán.

A finales de la década de los setenta obtuvo una plaza de catedrático en el Conservatorio Superior de Madrid, por lo que sus actuaciones en la escena se fueron espaciando, al sentirse atraído por el mundo de la enseñanza. Volvía así a sus orígenes y a una de sus ilusiones mayores, trasladar sus conocimientos a aquellos que los demandasen, como él hizo siendo niño cuando comenzó a recibir clases de primaria a sus 10 años.

No se apartó del todo de la escena. Fue primer tenor invitado de la Antología de la Zarzuela, de José Tamayo, y aún se le vio en un Dúo de la Africana del Teatro de la Zarzuela de Madrid, que se dio por Televisión Española en la temporada 1987-88.

En la gala inaugural del Teatro de la Maestranza de Sevilla, dada el 10 de mayo de 1991, y ofrecida en directo por TVE, donde actuaron los primeros espadas nacionales, fue el representante de los cantantes andaluces.

Una inesperada desgracia familiar, la muerte en circunstancias dramáticas de uno de sus hijos, le hizo perder su habitual alegría y entusiasmo. Para recuperar al verdadero Lavirgen, sus alumnos organizaron una gala en su homenaje, el 9 de mayo de 1993 en el Teatro Monumental de Madrid, en la que actuó alguno de ellos junto a antiguos compañeros de escenario, la mayoría españoles. Los de más relumbrón excusaron su presencia, enviando vídeos que se proyectaron. Tan solo Alfredo Kraus estuvo presente, siendo quien cerró noche tan emotiva con su siempre inigualable La donna e mobilé. Esta gala-homenaje también la ofreció TVE, en diferido.

Su presencia en Elda

Fueron varias las actuaciones que Pedro Lavirgen ofreció en la ciudad de Elda. Las primeras cuando todavía era un desconocido, para diez años después ser cabeza de cartel en dos de los monumentos operísticos de los festivales de ópera, desarrollados entre 1972 y 1978.

Volvió con la Antología de Tamayo en 1986, y ya adentrados en este siglo XXI en otras dos ocasiones. Ambas para ser homenajeado por ADOC.

Todavía hay quien recuerda su presencia en los festivales de ópera, donde sentó cátedra como Radamés en la monumental Aída de Verdi, y Pollione en la no menos extraordinaria Norma de Bellini. En ambas ocasiones bajo la dirección de su buen amigo Gerardo Pérez Busquier, (1) con quien actuó en repetidas ocasiones en el Liceo barcelonés.

Estos festivales tuvieron su eco correspondiente en las páginas de Valle de Elda. Los cronistas de la época centraron mucho sus comentarios en las actuaciones de los “divos”. Llámese Montserrat Caballé y Plácido Domingo. Para ellos fueron las letras grandes y los elogios mayores. La Caballé recibió hasta un homenaje de las autoridades y alta sociedad eldense.

Y en ello se sigue, pues casi siempre que se recuerdan aquellos festivales son los dos únicos nombres de cantantes que suelen citarse.

Sin embargo, Agustín Peiró Amo, un crítico de Albacete que asistió al festival de 1973, envió por su cuenta y riesgo un resumen del mismo al semanario, que fue publicado en el número del 23 de septiembre, y que se puede consultar en la hemeroteca de Valle de Elda.

Sobre la representación de Aída, de Verdi, dijo lo siguiente: “La altura a que rayaron los intérpretes y en especial el gran tenor Pedro Lavirgen, brillante, firme y sugerente en su papel de Radamés, hizo posible que llegara a nosotros una versión muy digna de esta exótica obra”.

Antes de ello en 1963, cuando todavía no había triunfado en los grandes teatros operísticos, ya deslumbró en el Cervantes eldense, con Doña Francisquita y La viuda alegre, enrolado en la compañía Amadeo Vives, que dirigía el maestro de la escena José Tamayo, con Mendoza Lasalle como director musical.

Y cuando ya estaba de vuelta de sus triunfos y éxitos en los teatros de ópera más importantes del mundo, volvió a comparecer en el mismo escenario, con la Antología de la Zarzuela de José Tamayo. Fue en septiembre de 1986, en función donde se agotaron las más de 2.000 localidades del desaparecido cine, convertido ocasionalmente en teatro.

La crónica publicada en Valle de Elda, sobre esta representación no fue muy halagüeña para los cantantes solistas. Ni tan siquiera para el propio Lavirgen.

Ya retirado de la escena, y de su labor educativa en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, volvió a visitar Elda, en dos ocasiones, recibiendo sendos homenajes, promovidos ambos por ADOC. El primero de ellos en el Teatro Castelar, el 24 de noviembre de 2001, interviniendo como mantenedor o presentador quien esto firma. Y el segundo, en el propio auditorio de ADOC, el 24 de octubre de 2009.

Como conoció a Ana María Sánchez

El 15 de octubre de 1994 el Grupo Lírico de la Union de Festejos de Petrer, organizó una gala en homenaje al baritono barcelonés Manuel Ausensi, que siete días antes cumplió 75 años. Actuaron 22 cantantes entre aficionados locales y de la provincia de Alicante y profesionales. Entre estos asistió Pedro Lavirgen, gran amigo de Ausensi, al que acompañó en otros homenajes, como el de Madrid ,en diciembre de ese mismo año, o el de Abarán, en abril de 1995.

Lavirgen todavía ejercía como catedrático de canto en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, mientras que la eldense Ana María Sánchez estudiaba con Isabel Penagos en la Escuela Superior de Canto. Ambos no se conocían, y la organización de la gala – concretamente quien esto firma- consideró conveniente que aparte de la romanza o aria que cada uno cantase en solitario se unieran en un dúo de zarzuela. Fue el de Bohemios, de Amadeo Vives.

Cuando traté el tema con él por teléfono, le aseguré que la soprano con quien iba a cantar -y que no la conocía ni por referencias- era de garantía segura. Decirle que era alumna de la Penagos, le tranquilizó.

Al mediodía de esa jornada los dos cantantes fueron presentados, y junto a la pianista eldense Mari Carmen Segura dieron un repaso al dúo. Al término del mismo Lavirgen no pudo ser más expreviso, con su gracejo andaluz y a viva voz espetó a la Sánchez “Y tú que haces aquí que no estás en la Scala de Milán”. Como componente de la organización del homenaje a Ausensi, estuve presente en tales momentos.

Cuatro meses después Ana María Sánchez sorprendió a propios y extraños en el Teatro Monumental de Madrid, en la gala de galardonados en concursos de canto españoles, organizada por la orquesta de RTVE.

Actuaba el barítono madrileño Carlos Bergasa, alumno de Lavirgen, que asistió a esta gala. Hablé con él en el intermedio y estaba entusiasmado con la actuación de la eldense. Y es que desde su encuentro en Petrer, se convirtió en uno de sus “fans” más acérrimos.

Su discografía

Como bien dice Martín de Sagarmínaga no fue Lavirgen un cantante que pisara con frecuencia los estudios de grabación.

Y fue una lástima porque pudo haber dejado algunas versiones operísticas de antología y modélicas, pero el marketing operístico iba por otros nombres y derroteros.

Gala de ópera

Bien patente queda su calidad incuestionable en el disco dirigido por Eugenio Mario MarcoGala de ópera”, que incluye versiones excepcionales de arias de Andrea Chenier, Payasos, La gioconda, Carmen, El trovador, La forza del destrino y Aída.

Romanzas de zarzuela

Con dirección de Pablo Sorozábal -según palabras del propio Lavirgen el mejor director musical que hubo en España en su tiempo- registró un Lp con 12 romanzas de zarzuela, donde se recogen dos “joyas” no habituales en el repertorio.

Como, por ejemplo, la romanza de El carro del sol, de José Serrano, que fue emitida en la entrevista de la cadena COPE antes referida, precisamente por su colosal interpretación. Y la jota de Cádiz, de Federico Chueca. Jota que posteriormente grabó con cambios en el texto.

En la inicial, que es el original de la obra, se dice:
“Ya habrán visto los franceses como lucha el español (…) (…) Detrás de aquellas murallas dicen que está Napoleón, sin plumas cacareando como el gallo de morón...”.
En la modificada se suprime a los franceses y a Napoleón, y en su lugar se cita simplemente “el enemigo”. Este cambio se efectuó cuando las relaciones gubernamentales entre Francia y España entraron en un periodo de buena armonía, al caer la dictadura en nuestro país.

Sin embargo, no se notan variaciones en el timbre y forma de cantar de Lavirgen, a pesar del tiempo transcurrido entre una y otra grabación.

El disco, que en general es una gozada, se completa con otras tres jotas, mucho más conocidas cuando se grabó, como son las de La bruja, La Dolores y La alegría de la huerta, y las romanzas habituales de La tabernera del puerto, Black el payaso, Doña Francisquita, El último romántico, Los de Aragón y las dos de El huésped del sevillano.

Canciones de siempre

Una tercera grabación, dirigida por Manuel Moreno Buendía, bajo el título de “Canciones de siempre”, recoge éxitos hispanoamericanos por todos conocidos: Granada, Aquellos ojos verdes, Ay ay ay, Canción del jinete, Granadinas, Te quiero dijiste, Amapola, Lamento gitano y Valencia.

Zarzuelas completas:

Doña Francisquita
Música Amadeo Vives.
Libreto Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw.

Sello Montilla. 1958
Ana María Olaria, Alfredo Kraus, Dolores Pérez, Santiago Ramalle, Ramón Alonso, Pedro Lavirgen como “Un cofrade”.
Director Benito Lauret.

Sello Hispavox. 1963.
Teresa Tourné, Pedro Lavirgen, Ana Higueras, Segundo García, Julio Catania.
Director Pablo Sorozábal.

La linda tapada 
Música Francisco Alonso. Libreto José Tellaeche.Sello Columbia. 1959.
Manuel Ausensi, Dolores Cava, Rosita Montesinos, Gregorio Gil, Pedro Lavirgen.
Director Benito Lauret.

El húsar de la guardia
Música Amadeo Vives y Gerónimo Giménez.
Libreto Guillermo Perrín y Miguel de Palacios.
Sello Columbia 1959.
Manuel Ausensi, Pilar Lorengar, Dolores Cava, Gerardo Monreal, Gregorio Gil, Pedro Lavirgen.
Director Nicasio Tejada.

Luisa Fernanda

Música Federico Moreno Torroba.
Libreto Federico Romero y Guillermo Fernández Shaw.
Sello Hispavox 1960.
Teresa Tourné, Estrella Alsina, Renato Césari, Pedro Lavirgen.
Director Federico Moreno Torroba.

Los gavilanes

Música Jacinto Guerrero.
Libreto José Ramos Martín.
Sello Hispavox. 1961.
Renato Césari, Dolores Ripollés, Pedro Lavirgen, Alicia Armentía.
Director Federico Romero Torroba.

La eterna canción

Música Pablo Sorozábal.
Libreto Luís Fernández de Sevilla.
Sello Hispavox 1963.
Julio Catania, Teresa Tourné, Ana Higueras, Pedro Lavirgen, Renato Césari, Segundo García y
Francisco Saura.
Director Pablo Sorozábal.

Bohemios

Música Amadeo Vives.
Libreto Guillermo Perrín y Miguel de Palacios.
Sello Hispavox 1963.
Teresa Tourné, Pedro Lavirgen, Segundo García, Ana Higueras, Julio Catania.
Director Pablo Sorozábal.

La dolorosa

Música José Serrano.
Libreto Juan José Lorente.
Sello Hispavox 1966
Pedro Lavirgen, Julio Catania, Teresa Tourné, María Orán, Segundo García.
Director Pablo Sorozábal.

Me llaman la presumida

Música Francisco Alonso.
Libreto
Sello Columbia 1972.
Angeles Gulín, Pedro Lavirgen, Antonio Blancas, José Manzaneda, José Peromingo.
Director Rafael Frühbeck de Burgos.

Maruxa

Música Amadeo Vives.
Libreto Luis Pascual Frutos.
Sello Columbia 1974.
Ana Riera, Vicente Sardinero, Montserrat Caballé, Víctor de Narké, Pedro Lavirgen.
Director Enrique García Asensio.

De entre las grabaciones “piratas” de óperas interpretadas en directo por Pedro Lavirgen, y que en su día se emitieron por emisoras de radio, hay dos versiones de La Dolores, de Tomás Bretón, ambas desde el Liceo de Barcelona, donde el tenor cordobés quita el hipo:
Versión 1969:
Dirigida por Salvador Ochoa.
María Fernanda Acebal, Pedro Lavirgen, Ramón Contreras, Raimundo Torres, Esteban Astarloa,
María Cristina Herrera, Segundo García y Francisco Paulet.
Un elenco todo español de primera línea.
Versión 1975:
Director nuestro inolvidable Gerardo Pérez Busquier.
Mirna Lacambra, Pedro Lavirgen, Vicente Sardinero, Joan Pons, Julio Catania, Cecilia Fondevila, Dalmacio González, Angel Sanz, Manuel Soro.
¡ Ahí es nada !
Y para acabarlo de apañar junto a la Orquesta y el Coro del Liceo, la rondalla aragonesa Aires del Moncayo.

Bibliografía. Fuentes citadas en el texto:

Florentino Hernández Girbal.
100 Cantantes Españoles de Opera y Zarzuela
Ediciones Lira. Madrid.1994.
Joaquín Martín de Sagarmínaga.
Diccionario de Cantantes Líricos Españoles
Acento Editorial 1997.
Estrellas españolas de la ópera. TVE 1979.
Entrevista en la cadena COPE. 20 de Mayo de 2019.
Semanario Valle de Elda.
Discografía y vivencias del autor.

1*
Como informó puntualmente Valle de Elda, Gerardo Pérez Busquier falleció el viernes día 24 de julio, de un paro cardíaco, cuando se encontraba pasando unos días en Málaga, en casa de su hermana, junto a su esposa Anna Albelda.

Tras ser incinerado y trasladados sus restos a Elda, el jueves pasado se expusieron en el Auditorio de ADOC, junto a un libro de firmas. Fueron muchos los amigos y admiradores de Pérez Busquier que pasaron por allí, incluyendo a un nutrido grupo de componentes de Coral Crevillentina. Entidad que durante algún tiempo estuvo dirigida por el maestro eldense, quienes le despidieron cantando la habanera Paloma mensajera.

Según nos comentó Anna Albelda su esposo se encontraba en muy buen estado, dando largos paseos, e incluso prescindiendo del andador con el que se ayudaba últimamente. No había señales que presagiaran el fatal desenlace.

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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