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29 NOV 2020 Fundado en 1956
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En mi artículo del pasado jueves día 12, sobre las representaciones de La del manojo de rosas en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, cité las palabras del crítico Nacho Fresno en la revista online www.shangay.com, refiriéndose a que en la función del estreno del martes día 10, el barítono, el barítono Carlos Álvarez no bisó la romanza que el público le demandaba.

Decía Nacho Fresno “...merece en próximas funciones el bis que nos robó en el estreno...”.

Y ese bis llegó en la segunda de las actuaciones de Álvarez. La cual además se vio por internet y ha quedado en youtube de por vida.

Y es que todo cuanto de bueno se escribió en la prensa, en papel o digital, respecto del estreno del día 10, se mantuvo tal cual en la sesión del día 12. Y como no podía ser de otra manera, a pesar de las circunstancias restrictivas, y el respeto de muchas personas a salir de casa,  las localidades para los días 14 y 15 están agotadas.

Que se ofrezca un bis en una representación lírica, sea de zarzuela u ópera, fue algo muy habitual en tiempos pasados, pero hace muchos años que los cantantes no suelen hacerlo, merced a una ley, no escrita, que muchos de ellos justifican en el sentido de que repetir un aria o romanza, rompe el desarrollo de la acción.

Sin embargo, en fechas recientes se han producido algunos, en Madrid, precisamente. En el Real, a cargo del barítono italiano Leo Nucci, quien regaló el primer bis en este teatro a los doce años de su reinauguración, y del tenor mexicano Javier Camarena, y en La Zarzuela, por el barítono coruñés Borja Quiza, en su magnífica encarnación de Lamparilla, de El barberillo de Lavapiés.

Varios medios se han hecho eco del bis de Carlos Álvarez. Entre ellos el diario Sur, de su Málaga natal. Un titular más que expresivo: “Noche triunfal de Carlos Álvarez” para después decir “Un público extasiado arranca un conmovedor bis a Carlos Álvarez por su imponente interpretación de Madrileña Bonita”.

 

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Acerca del autor

Autor: Elías Bernabé Pérez

Mis recuerdos más remotos que me atrajeron a la zarzuela me trasladan a sesenta años atrás. Primero escuchando los fragmentos que sonaban con frecuencia en la radio. También gracias a las fantasías, preludios e intermedios que interpretaban las bandas de música en los conciertos de las fiestas de octubre de Petrer. El templete donde actuaban estaba justo ante la fachada de mi casa.

Lo que más me gustaba de la Semana Santa es que en la radio solo se emitía música clásica. El viernes y sábado santo las emisoras enmudecían.

Lo más intenso vino en la época dorada del tocadiscos. Lo compró mi abuelo materno en 1963. La primera zarzuela que entró en casa fue Doña Francisquita con Kraus y Olaria. Es una grabación incompleta, pero suficiente para que me la aprendiese de memoria. Mi abuelo estaba impedido y era yo quien la ponía todos los mediodías y noches durante dos semanas consecutivas. A los quince días compramos un segundo disco: La generala, de nuevo con Kraus y Olaria. Y ya fuimos alternando. Después vino Maruxa. Y yo con solo 13 años me entusiasmé con ella y también la aprendí. Sí, digo bien. ¡A mis 13 años ya me encantaba Maruxa!

Ahí comenzó todo y ya no he parado. Siempre como aficionado.

Como le dice un padre a su hijo al final del documental de TVE sobre zarzuela La romanza de Madrid, de 1988, “Te acompañarán toda tu vida, porque son inmortales”.

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