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Desde la neurofisiología, se conoce qué partes del cerebro se activan o desactivan cuando surge el amor. Semir Zeki lo ha estudiado en la Universidad de Londres, con la profundidad de un científico y ha identificado que las zonas del cerebro implicadas en el amor coinciden con las que albergan la depresión y la tristeza. Una bioantropóloga de la Universidad de Rutgers, Helen Fisher, logró distinguir los circuitos neuronales implicados en una relación duradera, que son estructuras que se encuentran en los ganglios basales y se denominan pálido ventral, y los circuitos implicados en una etapa inicial de enamoramiento. Ocurre en otros mamíferos. Ortigue concluyó que cuando nos enamoramos se activan hasta doce áreas de nuestro cerebro y cada una de ellas juega un papel: desde la emoción, hasta el reconocimiento social. Unas partes se activan muy deprisa y otras, por el contrario tienen que ver con nuestra percepción de la imagen corporal, ya que el amor, también, entra por los ojos y son la amígdala y el cortex cingulado las partes del cerebro implicadas en la primera impresión de las personas y continúan interviniendo hoy día y hace moles de años que lo vienen haciendo.

La Química es la tinta con la que escribe la Naturaleza. El disparo pasional activa los esteroides sexuales, preferentemente los andrógenos, a los que se une la dopamina y noradrenalina. Este proceso requiere neurohormonas disparadas por la dopamina, implicada en la idealización de la otra persona, responsable de la relación duradera. El afecto y a lealtad duradera requieren del concurso de la serotonina, oxitocina, prolactina y opioides endógenos. La oxitocina y la prolactina están implicadas, en especial, en la consolidación de la lealtad.

Un aspecto de interés es disponer de una explicación cabal de la evolución del cerebro. Hay circuitos neuronales asociados a los tres procesos desarrollados por aves y mamíferos: la seducción, la reproducción y el cuidado de la descendencia. La afectividad contribuye al desarrollo de ciertas partes del cerebro y, de hecho, el sentir afecto a los demás tiene una función fisiológica, que implica a ciertas neuronas. Estudios comparativos de áreas del cerebro lo han evidenciado. Se puede concluir que el amor maternal produce cambios en los cerebros de los progenitores. La zona del cerebro denominada sustancia gris periacueductual es más activa en aquellos que aman de modo incondicional y, justamente, estas áreas son las implicadas en la reducción del dolor excesivo.

Todo parece indicar que el amor apasionado es algo más que una emoción básica. De hecho se activan zonas del cerebro que no están aparentemente relacionadas con la producción de hormonas y si implicadas en funciones cognitivas complejas, como ocurre con el reconocimiento social o la atención. Este tipo de procesos hace concluir a Fisher y Brown que el amor es una estrategia evolutiva. Necesitamos el amor más de lo que pudiéramos imaginar, a la vista de la serie de mecanismos compensatorios que proporcionan estímulos sensoriales sustitutivos.

Ahora ha irrumpido la noticia de la producción de una pastilla que ayuda a enamorarnos de nuevo o a olvidar, al darse a conocer el trabajo de Sandberg de la Universidad de Oxford. Básicamente, varía la concentración de oxitocina, que es la hormona clave de la percepción de enamoramiento en el hombre, que viaja por las fibras nerviosas hasta el lóbulo posterior de la hipófisis, donde se incorpora al torrente sanguíneo para alcanzar los órganos y nos hace sentir felices y enamorados. Se presenta como la fórmula para interferir con la atracción humana mediante bloqueantes y potenciadores. Los mecanismos de acompañamiento, como los sentimientos de atracción hacia el otro ser, se logran adicionalmente incluyendo feromonas, tetosterona y vasopresores. Se advierte que una sobredosis puede provocar dejar de sentir atracción y podría ser una forma de olvidar a la ex pareja. Los efectos secundarios ya se sabrán después. Ahora empieza el tremendo proceso de validación en el marco de la salud del producto que, llevará seguro, mucho más tiempo que el que han empleado en producir la muestra. Sin tener en cuenta el tiempo invertido en la elaboración del conocimiento necesario para poder plantearse producir la píldora.

En realidad es un subproducto de una investigación sobre los niveles de oxitocina en pacientes autistas Un debate, seguro encendido, sobre el uso de la  píldora se va a desencadenar, ya que se presta a manipulación. Somos química y antes o después todo se conoce. No nos debe sorprender. Las pócimas de amor medievales eran rudimentarias recetas que tenían su sentido, aunque les faltaba conocimiento para ser ciertas. Hoy no las denominamos pócimas, pero podríamos hacerlo. Más sofisticación, pero en el fondo la misma filosofía: lograr felicidad. En cualquier caso, ya no disfruta el hecho del romanticismo de otrora. Ya no parece ser lo mismo.