miércoles, 29 de junio de 2022

Recursos escasos

Alberto Requena
17 junio 2022
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Recursos escasos

Durante mucho tiempo los objetos metálicos eran distinguidos por los consumidores con una valoración de calidad. La contundencia y aspecto de los productos alemanes resaltaba entre las versiones de peor calidad. Acreditaban una calidad suprema. Se asociaba a larga duración una apariencia metálica que transmitía una certificación de calidad. En otras parcelas, como la construcción iban acompañadas de la piedra de enjundia, entre la que el mármol y el granito exhibían la máxima calificación.

El plástico vino a cambiar nuestra existencia, incluida la percepción de los materiales. Tras los primeros balbuceos en que la falta de adaptabilidad, la de flexibilidad y la endeblez lo relegaban a un plano muy limitado, emergieron los plásticos funcionales que acreditaban características muy apropiadas para las variadas finalidades en las que se empleaban. Ahora, vamos conociendo la cruz de la moneda, cuando nos agobia su existencia y sus restos y, en gran medida, nos arrepentimos de lo hecho. No parece que el remedio esté próximo y la vuelta atrás no parece fácil. El vidrio ha vuelto a su esplendor, afortunadamente, y en otros frentes queda mucho por hacer. En todo caso, nunca el plástico sustituyó a los metales en sus aspectos básicos, ni siquiera estéticos.

No obstante, la economía moderna se ha basado en gran medida en el uso de metales. Aunque su vida no es ilimitada.  Muchos metales de uso industrial se han perdido. Aparentemente, la oferta de la Tierra es ilimitada, dado que además de su aportación, se une el ingenio humano, capaz de encontrar nuevos productos sustitutivos de los empleados, en casos, se vuelve a tratar el material de desecho de las explotaciones mineras, dado que se han ideado nuevos procesos de tratamiento que hacen rentable la explotación de residuos que, anteriormente, se consideraban imposibles de recuperar. Finalmente, se encuentran nuevas soluciones ventajosas con respecto a las empleadas hasta el momento.

Muchos metales se pierden con el uso, se prescinde de ellos. Las chatarrerías conocen de ello, perfectamente. Componentes de máquinas que se han roto o han dejado de utilizarse, muchas veces se pierden. En otros casos se convierten en sustancias que se dispersan en el Medioambiente, en forma de fertilizantes, por ejemplo. Un estudio llevado a cabo en la Universidad de Yale, liderado por Graedel concluye que el 84% de los metales perdidos en el mundo está en relación con el tratamiento de residuos y el reciclaje.

De estos argumentos deducimos que la vida de los productos metálicos no es ilimitada. El estudio publicado en Nature, recientemente, sobre esta cuestión ha revelado que hasta 61 de los metales usados comercialmente, más de la mitad, tienen una duración inferior a 10 años. El final es que acaban como chatarra o perdidos, en lugar de reutilizados o reciclados.

La cosa tiene importancia, dado que el sector metalúrgico aporta hasta el 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial. Por tanto, el impacto ambiental es importante. Actualmente solamente se recicla una pequeña parte. Oro, hierro y plomo son los que mas se reciclan. En cambio, otros metales de importancia en el uso actual, como el cobalto, muy usual en productos de aviación y las baterías de litio, no tiene un reciclado resaltable, lo mismo que ocurre con el galio que es primordial en los móviles y dispositivos electrónicos. Obligar a que nuevos productos se fabriquen con productos reutilizados, es un imperativo imprescindible. La UE está en ello. Reciclar las aleaciones implica un reto tecnológico, al tiempo que económico. Hay que acometerlo.

Ciertamente no está nada claro, en el marco de cualquiera de las concepciones éticas sobre el Medio Ambiente, hasta cuando podemos hacer un uso irracional de los recursos naturales. Esa apariencia de aportación ilimitada, hace tiempo que no tiene sentido y el ingenio humano tiene que encontrar formas de relación con la Naturaleza que, lejos de ser agresivas, permitan el desarrollo, pero racional, y el progreso presente y futuro de los seres humanos. Desde una visión biocéntrica de la vida, tenemos que cuidar todos los procesos y mecanismos que permiten mantener aquella, hoy y en las generaciones futuras. Ya no es tiempo de concepciones antropocéntricas en las que el hombre es amo, dueño y señor de la Naturaleza y cualquier cosa que haga y las consecuencias derivadas no pueden ser irrelevantes. La ética de la Tierra y la ecología profunda nos evidencian que la Tierra es un ser vivo, con potencia y sensibilidad y el hombre es vida que quiere vivir en medio de vida que quiere vivir. Tan simple como eso.

Alberto Requena
Alberto Requena
Acerca del autor

Este blog pretende ser una depresión entre dos vertientes: la ciencia y la tecnología, con forma inclinada y alargada, para que por la vertiente puedan circular las aguas del conocimiento, como si se tratara de un río; o alojarse los hielos de un glaciar de descubrimiento, mientras tiene lugar la puesta a punto de su aplicación para el bienestar humano. Habrá, así, lugar para la historia de la ciencia, las curiosidades científicas y las audacias científico-tecnológicas. Todo un valle.

El eldense Alberto Requena es catedrático emérito de Química de la Universidad de Murcia.

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