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Pepe González, "El Tebeo", es un enamorado de Elda.

El Día Internacional del Mayor, que se conmemoró el 1 de octubre, pone en valor el papel tan importante que desempeñan las personas de la tercera edad en la sociedad como líderes, cuidadores y custodios de las tradiciones, pero a la vez sirve para recordar que son más vulnerables y necesitan atención. El eldense Pepe González, “El Tebeo”, a sus 89 años ha transmitido su pasión por la ciudad a sus hijos y ha inculcado las tradiciones y el amor por Elda también a sus nietos. Y es que lleva Elda en las venas, pues desde que recuerda, sus antecesores son de Elda, “a mí me hace ser feliz ser de aquí”, deja claro.

Pepe González es un hombre alegre que disfruta contando cómo ha evolucionado Elda, su ciudad, donde es muy conocido y querido. Bromea al afirmar que “soy tan viejo que ya solo quedan  jóvenes, pero me conoce mucha gente”.

Nació el 3 de septiembre de 1930, y recuerda con orgullo que coincidió “con la semana de los Santos Patronos, por lo que nací bajo su manto, o su paraguas, como se quiera decir”. Seis años después estalló la guerra civil y, pese a la corta edad que tenía, lo recuerda perfectamente, "es algo difícil de olvidar, los colegios cerrados, el hambre que se vivió durante la contienda" y cómo los pequeños, con inocencia, jugaban “a la guerra” en los campos que estaban donde se encuentra ahora el Mercado Central, con amigos de Elda y alguno de Petrer. Él vivía en una calle hoy desaparecida junto a la Plaza San Pascual. Recuerda que había una higuera en la plaza de las Huestes del Cadí, y se comían sus higos “no dejábamos nada, ni el rabo, ¡qué hambre pasamos!”.

Luego volvió a estudiar con maestros particulares, con don José Ors, y después con don Pascual Borrell. Ha tenido múltiples trabajos: camarero en el bar “El Tebeo”, el de sus padres, después en una tienda de artículos para el calzado, y luego, durante años, repartiendo cartas, sobre todo a fábricas. Muchas personas lo recuerdan con su inseparable vespa recorriendo las calles de Elda, que conoce al dedillo, como también muchas de la comarca. Numerosos empresarios del sector le tienen cariño, de hecho, Curtidos Lajara todavía le entrega el paquete de Navidad, y eso que hace casi una década que dejó de trabajar, cuando sufrió un ictus, del que se ha recuperado casi por completo. Aún conserva la moto a la que no sube desde hace nueve años porque “mi hijo ya no me deja”, dice.

Se casó con Digna Bravo, ya fallecida, con quien tuvo dos hijos Pepe y César, “me quedé con las ganas de la nena”, pero ahora tiene cuatro nietas y un nieto. Casi sin proponérselo inculcó las tradiciones de la ciudad a sus descendientes. Su hijo César vive en Elda, y tanto él como sus nietos, viven con intensidad sus fiestas.

Para Pepe González “Elda ha cambiado mucho y para bien, hay cosas que no me gustan, como que la Plaza Castelar esté abierta y no se cierre”. Ha visto cambiar las pequeñas viviendas por grandes edificios, los campos se han urbanizado, y experimentó cómo el calzado trajo dinero y de nuevo alegría a la ciudad tras la guerra, pues hizo desaparecer el hambre.

Cada mañana (salvo los domingos) no falta a su cita en el emblemático bar El Junco, que abrió en el 67. Desde entonces va a desayunar, tiene su esquina guardada en la barra, donde lee el periódico, y de vez en cuando también se acerca a tomar algún vermú.


Pepe en su rincón favorito de El Junco, donde ha conocido a muchísimos eldenses de cuna.

Tradiciones

Una de las fiestas que más le gustan a Pepe son las Mayores, con la traca o el tradicional mezclaíco que él mismo preparaba en el cuartelllo Los Royales y siempre ha disfrutado de la procesión de la Virgen de la Salud y el Cristo del Buen Suceso. De hecho, sufrió un accidente de coche con su mujer y como ella no pudo ver a la patrona pasar en 2002, el actual presidente de la Cofradía, Ramón González, que es amigo suyo, paró la imagen a su paso por su casa para que pudiesen verla y le diese salud.

Su nieto, César González, tiene 20 años y cursa el último año de Magisterio. Antes de hablar, su abuelo recalca que espera que sea un buen maestro y que se quede en Elda, “no por nada, pero mejor que fuera o en Petrer”, bromea.

César González vive desde dentro las Fiestas Mayores, Moros y Cristianos y la Semana Santa. Se lo han inculcado desde la cuna. Afirma que disfruta escuchando las historias de su abuelo, de quien ha aprendido mucho sobre Elda. Tienen muy buena relación y comen a diario juntos. César es quien recoge a su abuelo en su casa para comer juntos en familia, y se quieren mucho. Una de las imágenes que más recuerda es la de su abuelo abriendo la traca o viendo pasar a la Virgen y al Cristo. Uno de los mejores recuerdos que comparten es el de sus paseos en Vespa, pues su abuelo le daba una vuelta a la manzana para contentar a su nieto cuando se lo pedía.

¿Qué es lo que más le gusta a Pepe González de Elda? “Todo, todo me gusta de Elda, es mi pueblo y espero que se sigan cumpliendo las tradiciones”, dice con emoción. Como él, son muchas las personas que han crecido y hecho de Elda la ciudad que es hoy en día, de quienes las nuevas generaciones tienen mucho que aprender.


Pepe y César disfrutan conversando de Elda.