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Concha Velasco emocionada porque dieran su nombre a un asiento del Teatro Castelar.

La actriz Concha Velasco ha vuelto a subir este fin de semana al escenario del Teatro Castelar con su última obra, El funeral¸ una comedia en la que la artista demostró por qué es una de las mejores actrices del país, y donde derrochó talento, carisma, naturalidad y simpatía. La obra se representó el viernes y el sábado, y tras la segunda actuación, la ciudad le rindió homenaje a su carrera así como a su relación con la ciudad dando su nombre a una butaca del anfiteatro.

El funeral es una comedia en torno a lo sobrenatural escrita y dirigida por Manuel Velasco, hijo de la actriz. Lo cierto es que la obra no estuvo a la altura de la artista, que hizo un gran papel y que puso en pie al público, que no dudó en ovacionar a una de las actrices más relevantes del teatro español.

La obra relata el funeral de la actriz Lucrecia Conti, encarnada por Velasco y que en realidad es su alter ego. En el centro del escenario se podía ver el féretro –de hecho el público pudo subir a dar el pésame-. El velatorio transcurre con normalidad hasta que aparece el fantasma de la actriz y ello desencadena numerosos disparates con una gran sorpresa final. Durante la obra la actriz realizó diferentes guiños a la ciudad, a sus fiestas de Moros y Cristianos, a la lámpara del teatro, o a un buen fandango.

Velasco tuvo palabras de cariño para cada uno de sus compañeros, Pepe Ocio, Irene Gamell, Irene Soler y Emmanuel Medina, y confesó que de lo que más disfruta es estar encima de un escenario, que allí se encuentra feliz, y por ello afirmó que espera seguir actuando en la nueva obra de su hijo.

La actriz volvió casi 15 años después al Teatro Castelar, donde estuvo a principios de la primera década del año 2000 con Hello Dolly e Inés Desabrochada. Previamente, en la década de los 70 realizó su primera visita a la ciudad con Las arrecogías del beaterío de Santa María Egipciaca, por lo tanto con esta visita se cumple casi medio siglo de relación con la ciudad. También fue miembro del jurado de la primera edición de la Mejor Calzada y en 2001 recibió esta distinción.

Una vez concluyó la representación, Elda le rindió un sencillo pero significativo homenaje, con el que por primera vez se ha dado el nombre de una actriz a una butaca del Teatro Castelar, la número 11 de la fila 4. A la que fue Chica Yeyé se la definió durante el acto como “irrepetible, con talento, patrimonio de la humanidad, leyenda viva de las tablas y, en definitiva, una actriz con mayúsculas”. 

Velasco se mostró muy contenta con este reconocimiento y aseguró que "allá donde voy siempre recibo muestras de cariño, soy una más de todos vosotros, siempre es importante hacer que te quieran. Yo lo que quiero es que cuando me muera se llene el cementerio de gente, será la prueba de que la gente me aprecia”. Se despidió con un emotivo “que Dios os bendiga a todos” para marcharse rápidamente a disfrutar de los Premios Goya, que se celebraron ayer en Málaga.

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