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Grupo de alumnos en una clase de gimnasia.

En los años 70, la coincidencia de dos acontecimientos educativos importantes modificó las características de los estudiantes en Elda y Petrer: la apertura del nuevo Instituto Azorín y la inauguración de la Universidad de Alicante. Esto hizo que fuera más fácil para chicos y chicas continuar estudios. Fue especialmente importante el Instituto Azorín de Elda-Petrel como único centro público de Enseñanza Media en la comarca, que comenzó a funcionar en el curso 67/68, y que tuvo diversas repercusiones en nuestro entorno. La referencia a él es todavía más procedente hoy, pues parte de su antiguo y emblemático edificio ha desaparecido al estar en proceso de remodelación.

La apertura del Instituto suponía para la mayoría de los estudiantes de entonces un cambio enorme, que sólo puede entenderse si se conoce cómo estudiábamos la juventud de nuestros pueblos a finales de los años 60.

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Lo que más llamaría la atención si, provistos de una máquina del tiempo, pudiéramos trasladarnos a aquella época, sería el observar que casi la totalidad de los jóvenes estudiaban en colegios privados o academias. Pero también nos sorprendería que los chicos y las chicas lo hicieran separados, incluso en colegios diferentes. Finalmente, nos costaría entender que al final de cada curso, prácticamente todos tuviéramos que ir a examinarnos a uno de los dos institutos que correspondían a nuestra zona: el Padre Victoria de Alcoy o el Virgen de la Asunción de Elche.

Yo había cursado mis estudios y el Bachillerato hasta 4º en las Hermanas Carmelitas y, al no poder continuar allí el Bachiller Superior, hice 5º en la academia de Don Emilio. Las academias entonces eran la única opción.

De momento, en septiembre de 1967 se nos presentaba algo muy novedoso: podíamos continuar los estudios en el nuevo Instituto Azorín. En realidad, los estudiantes de entonces no entendíamos muy bien qué era aquello de «un Instituto». Los alumnos sólo conocíamos como tales unos centros grandes y, en algunos casos antiguos, como era el del Padre Victoria de Alcoy, o más nuevos, como el Virgen de la Asunción de Elche (podían ser uno u otro según nuestro centro de estudios), que visitábamos una vez al año para examinarnos por el sistema de «alumnos libres» de todas las materias en un solo día maratoniano. Sabíamos que ahora, en el nuevo centro, nos examinarían nuestros mismos profesores ¡Qué importante nos parecía esto! Además, seguramente no sería en un solo día, sino que podríamos preparar mejor aquellos exámenes finales. Por otro lado, resultaría menos costoso económicamente, y quizás hasta sería gratuito por completo (no lo eran los colegios ni las academias, pues entonces no existían los centros privados concertados). De manera que ante la nueva opción, casi masivamente dejamos las academias y continuamos nuestros cursos en el Instituto; también algunas alumnas de las Hermanas Carmelitas dejaron el colegio (únicamente femenino entonces) antes de completar allí sus estudios.

Juntos pero no revueltos

Cuando el primer día de curso llegamos al edificio del nuevo Instituto, que se nos antojaba bastante distanciado en relación a nuestros habituales trayectos después de pasar por algunas zonas casi de descampado, nos colocaron a las chicas en el ala derecha desde la puerta de entrada. Los chicos se situaron en la otra zona, en el ala izquierda.

La separación entre chicos y chicas no era cosa nueva para nosotros, muchas alumnas la conocíamos porque veníamos del colegio entonces femenino de las Carmelitas, mientras que parte de los chicos habían realizado sus estudios en el masculino de La Sagrada Familia. Por tanto, era algo que nos parecía normal. Además, era la práctica que se llevaba también en los institutos dependientes del Ministerio de Educación (única administración educativa que existía). En Alicante incluso estaban ubicados en centros diferentes, el Jorge Juan era masculino, y el actual Miguel Hernández por aquel entonces era conocido con el nombre que definía su carácter, se le llamaba únicamente «El Femenino».

No obstante, aunque el nuevo instituto Azorín comenzaba con esa línea de diferenciación por sexos, en los recreos se utilizaba un espacio común, el reducido patio que había detrás y en los laterales del edificio. Además, en caso de «necesidad académica» los chicos podían recibir clases en el área femenina y viceversa. Esta fue una situación muy corriente en los dos primeros cursos 67/68 y 68/69 del nuevo centro. Probablemente la confluencia entre todos durante los recreos contribuyó a normalizar la relación entre los estudiantes, pues estábamos acostumbrados a vernos por los pasillos y otras áreas comunes, aunque todos los alumnos con quienes he podido hablar coinciden en recordar que había poca comunicación entre chicos y chicas.

Los chicos del Instituto Azorín cuentan cómo por la mañana se sentaban en las escalinatas de acceso al edificio para ver a las chicas entrar, pues necesariamente tenían que pasar por delante dirigiéndose hacia la otra zona, el pabellón femenino; y también que a la hora de dirigirse hacia sus aulas, miraban por el hueco de las escaleras si alguna chica subía por ellas, ya que todas llevábamos falda, al no utilizarse todavía pantalones como vestuario habitual.

Tengo un recuerdo especial de la cantina porque supuso algo completamente nuevo, nunca antes había vivido nada parecido en nuestros centros anteriores. Allí nos amontonábamos todos, chicos y chicas, en busca de nuestro bocadillo y nuestro habitual avituallamiento de media mañana. Ese era un momento muy particular, que me gustaba porque suponía una oportunidad de convivencia con mis compañeros y compañeras de otros grupos y clases. Yo creo que no nos importaban los apretones, y los recordamos con cierta alegría.

Esta dinámica de separación por pabellones masculino y femenino, sin embargo, cambió pronto: se mantuvo los dos primeros cursos, pero el tercero ya se estableció oficialmente como curso mixto el Preuniversitario, que se impartió en la zona de las chicas. Con ello se iniciaba un proceso de cambio, de transición hacia un modelo educativo diferente. El resto de cursos continuaron separados y diferenciados, pero por poco tiempo. Y de hecho, aunque no podamos tener una certeza completa, las informaciones conseguidas nos dan a entender que fue en el 4º curso 1973/74 cuando el Azorín funcionó ya como un Instituto mixto, sin ningún tipo de separación entre chicos y chicas.

¿Cuántos alumnos y alumnas estudiaban en el nuevo instituto?

El plan de estudios incluía cuatro cursos para el Bachiller Elemental, más una Reválida que era necesario aprobar para obtener titulación. Si todo se llevaba bien, se finalizaba a los 14 años. Dos cursos más y una Reválida configuraban el Bachiller Superior. El siguiente curso de preparación para el acceso a la universidad se llamaba Preuniversitario. También incluía una prueba externa, llamada «de Madurez». La ventaja era que las diferentes facultades de la universidad no tenían numerus clausus, por lo que podías entrar a la carrera que desearas sin problemas. Siempre y cuando hubieras superado todos los filtros anteriores.

Si nos detenemos a observar los datos globales del Instituto Azorín, único centro comarcal de Enseñanza Pública en el momento, concluimos que el número de chicos era bastante mayor que el de chicas, como podemos observar en el cuadro de la derecha.

Al inicio del Azorín había 266 alumnos de 1º Bachiller, frente a la matrícula en 2º que era de 67, mucho más escasa. Este dato nos revela un cambio en un solo año: el fuerte aumento del número de jóvenes que cursaban Bachillerato. Cabe deducir que ello se produce a raíz de la creación del nuevo instituto, hecho que se confirma en el análisis de los datos de los años siguientes.

En el primer curso 67/68, salvo la excepción de 4º de Bachiller, en todos los niveles el número de alumnos es superior al de chicas. En el siguiente curso, 68/69, vemos como aumentan ligeramente los porcentajes de alumnas en algunos niveles (2º, 3º y 6º).


Alumnos de las primeras promociones en la comida organizada con motivo de la celebración del 50ª aniversario del IES Azorín.

Primeras alumnas del Instituto Azorín

La realidad era que, por aquellos tiempos, el número de alumnos que cursaron Bachiller Superior (5º y 6º) y Preuniversitario era muy superior al de chicas (este dato es relevante porque dichos niveles marcaban la tendencia a continuar o no estudios universitarios). En los años anteriores las chicas que estudiaban Bachiller Elemental eran bastantes, pero a partir de entonces el número caía. Hay que tener en cuenta que en ese momento para hacer Magisterio y Enfermería no era necesario el Bachiller Superior ni Preuniversitario, con lo cual quienes deseaban cursarlos abandonaban los estudios de Enseñanza Secundaria al finalizar 4º de Bachiller.

El primer año del Instituto Azorín, el curso 67/68, yo estudiaba 6º de Bachiller. Éramos sólo 9 chicas y procedentes de tres localidades, Elda, Petrer y Monóvar, frente a un número mucho más elevado de chicos, que era de 27. En Preuniversitario, mientras que los chicos eran 24, sólo había una alumna, que era de Monóvar, y según la información proporcionada por sus compañeros, abandonó los estudios antes de finalizar el curso. Por tanto, ninguna chica se graduó en Preuniversitario durante el primer año 1967/68.

El segundo año, el curso 1968/69, en 6º ya había aumentado el número de chicas, que era de 25, pero el sector masculino también se había multiplicado, llegando a 80. Como contraste, en Preuniversitario había una sola alumna, que en este caso era yo, pues las otras ocho compañeras restantes abandonaron los estudios al finalizar el Bachiller Superior y no optaron por continuar en la universidad. Sin embargo, el número de alumnos se mantuvo bastante elevado en 23.

Yo terminaría mis estudios de Preuniversitario en ese curso 1968/69. Y al ser la única alumna que lo cursaba, me convertí en la primera mujer que terminó los estudios de Bachiller y Preuniversitario en el Instituto Azorín y, quizás, una de las primeras de la zona debido al carácter del instituto al ser único en la comarca.

Las chicas se incorporan a los estudios universitarios

La diferencia entre alumnos y alumnas, como ya hemos comentado, se agudizaba en 6º de Bachiller y Preuniversitario, es decir, en los cursos más directamente encaminados a la realización de estudios universitarios, pues el número de chicas en Preuniversitario, durante los dos primeros cursos, 67/68 y 68/69, sólo representaba un 4% del total de estudiantes en ese nivel.

El tercer año, curso 69 /70, sin embargo, se nota, una diferencia significativa en el Preuniversitario, muy marcado por la escasez de alumnas hasta entonces, pues en este siguiente, de un total de 38 alumnos, 15 serán chicas, que representaban un 39 % frente al 4% de los dos cursos anteriores. El salto es enorme.

Como vemos, se había iniciado una tendencia de incorporación progresiva de las mujeres a los niveles encaminados hacia estudios universitarios. Está aquí el punto de inflexión. A partir de este momento la incorporación de las jóvenes a los cursos que suponen una preparación para estudios superiores será progresiva y constante. Si seguimos consultando las mismas fuentes comprobaremos que esta línea se mantiene y se refuerza en los años posteriores.

Por tanto, es a partir del curso 1969/1970 cuando en nuestra comarca las chicas se van incorporando decididamente a un camino de equiparación con los chicos en sus perspectivas de estudios.

Vendrán más cambios

Y también así se construye la historia, con pequeños cambios que nos llevan a otros y, poco a poco, se va transformando la sociedad. Muchos de nosotros de las primeras promociones pasamos a la universidad. Hasta entonces esto apenas se conocía, pues entre nuestros paisanos muy pocos desarrollaban ese nivel de estudios. El Instituto favoreció el acceso a ellos y, además, tengo la sensación de que entre nosotros había crecido el gusto por el saber, por el conocimiento científico, por la profundización en las humanidades y por el conocimiento de la creación literaria y plástica.

La creación de la nueva sede universitaria, el CEU de Alicante, que inició su andadura en el año 1968 como Colegio Universitario, ampliará las posibilidades y perspectivas de los futuros estudiantes. Muchos seremos los que nos incorporemos a este interesante proceso que progresivamente modificaría la composición sociológica de la población en la zona.

Por otro lado, los vientos de cambio que se iban respirando en el país llegaron hasta nosotros. De pronto, en nuestras localidades de Elda y Petrer, y algunas más del entorno, crecieron los universitarios. Hasta entonces, entre los estudiantes, había futuros maestros y maestras, o enfermeros y enfermeras, pero ahora también habría futuros profesores y profesoras de Instituto, de universidad, médicos, economistas y arquitectos. Y destacamos algo: entre ellos abundaban las mujeres estudiantes. Sociológicamente los grupos de las localidades del entorno se modificaron y también sus mentalidades. Y entre ese conjunto de transformaciones, el papel de la mujer en la sociedad comenzará a reestructurarse, desde luego lentamente; pero con una mirada retrospectiva podemos ver desde aquí un fuerte impulso, y hoy sabemos que su evolución continuará sin detenerse.