domingo, 28 de noviembre de 2021

Capítulo 7 y 8

Juan Carlos García Torres Martínez
19 noviembre 2021
346
Capítulo 7 y 8

7

No pensaba bajarla hoy. Pero mi reloj me decía que me restan treinta calorías para completar el reto diario de actividad. Esta tarde me he bajado algaraje. He estado pedaleando con la bicicleta subiendo y bajando la rampa sin parar durante treinta minutos. El garaje es pequeño, apenas tendrá unos veinte metros de largo, quizá treinta. Para hacerlo más divertido pongo unos obstáculos (sólo tengo tres). Voy haciendo zig-zags por la zona de aparcamiento y subiendo la rampa. Es un poco aburrido (bueno mucho). Me pongo el teléfono móvil con música. Treinta minutos se hacen largos. Lo dificulto más y sitúo una linterna en la parte delantera de la bicicleta. Así circulo en la oscuridad y me recuerda cuando disfruto las salidas nocturnas de verano. Luego he cogido una mancuerna que tenía oxidada y he hecho un poco de pesas. A continuación me he acordado que tenía un roller: Es un aparato que estuvo de moda hace unos diez años consistente en un giroscopio que ejercita las muñecas y antebrazos al tiempo que hace luces.

Me he decidido a bajar la basura porque la misión era completar los anillos y me quedaban apenas seis minutos para las doce de la noche. He bajado por las escaleras. Iba a cruzar la Gran Avenida pero no lo he hecho al observar la luz azul de la Policía al final de la calle dando la vuelta a la isleta para volver a bajar. Supongo que así tienen una visión de todo y cuando ven que alguien se mueve aceleran para inspeccionarnos.

He abocado la bolsa en el contenedor máscercano y sin cruzar la calle.

Me he escondido en la esquina esperando a ver si venían. Efectivamente vienen. Han parado en un semáforo que está a dos bocacalles. No sé si algún vecino me estará observando desde el balcón. Capaz será de delatarme. Quizá el chino del otro día esté con su bata de rizo fumándose un cigarrillo y alucinando al ver mis maniobras.

Cuando se acercaba el coche, he podido sentir cómo otro vehículo a mi espalda, y por la calle paralela sube. También iluminado. Voy a soñar con ese azul. Así deduzco que peinan toda la zona. Es difícil escapar a semejante red. Tendré que urdir un buen plan. Una estrategia que me haga invisible frente a ellos. Me queda un minuto, con tanto esconderme me he olvidado de mí objetivo principal: completar el anillo. Subiré corriendo las escaleras de mi casa. Tres pisos más zaguán. ¡Demonios, las doce en punto!. El corazón acelerado. Me ha faltado apenas cinco calorías para cerrar el anillo movimiento. En fin, hoy no lo he logrado. A ver mañana…

8

Hoy es domingo. No he salido a la calle ni un instante. Ni siquiera me he asomado al balcón. Escurioso cómo uno se puede hacer al carácter finlandés en tan solo dos semanas. No me he quitado el pijama. He estado haciendo reparaciones varias en mi casa. Me he liado con la ducha y he terminado hasta con dolor de espalda.También he estado con el ordenador de sobremesa porque observaba que no me funcionan los altavoces. Uno no sabe por qué hacen los cables tan cortos. Cuando lograba conectar un altavoz se me desconectaba el teclado, o la impresora. Esto me ha llevado casi hora y media.

Han cambiado la hora. Nadie se ha preguntado, como otras veces, si el cambio es bueno o malo para el país. Todas las noticias las acapara el coronavirus y los muertos que provoca. Son cada vez más, sobre todo en Madrid. A las ocho de la tarde la gente sale al balcón a aplaudir a lossanitarios y fuerzas del orden. No a los que trabajamos en lo mío. Estos se ve que no tenemos relevancia social, aunque sí no fuera por nosotros no se podría enterrar a los difuntos. No soy enterrador. Pero nos encargamos de hacer las inscripciones de defunción y de expedir las preceptivas licencias. También inscribimos nacimientos. No podemos decirle a las madres que den a luz después del estado de alarma. Aunque igual se le ocurre al Gobierno ordenarlo en uno de sus estupidos e improvisados decretos. No he salido. Había mucha luz, ayer eran las siete. No tenía ganas.

Al llegar la hora de la basura he convencido a mi hija Caruli para que bajara ella. Ha vuelto rápidamente. Aún se acuerda del susto del otro día.

Un nudo atenaza mi garganta quizá debido al hartazgo que me produce ver en todos los canales de televisión las mismas noticia. Mañana las medidas aprobadas esta noche por el Gobierno, hará que sea mucho más difícil escapar de los controles después de Ir al contenedor. Pero habrá que intentarlo.

La tablet empieza a hacerme cosas raras. Se me sube el cursor a otros párrafos y a veces me cambia el relato a su antojo. Al principio creí que era una experiencia de algún ultra mundo que intentaba comunicar conmigo, pero tras invocar varias veces a los espíritus, no he conseguido respuesta alguna, por lo que debe ser algún fallodel dispositivo. Me hubiera gustado decir aquí del barbijo, palabra que he descubierto con toda esta crisis. Debe ser un sinónimo de mascarilla.

Me veo forzado a parar de escribir porque lo que pongo no tiene sentido en el párrafo de arriba.Tendré que acudir a alguna tienda de informática.

A ver mañana…

Juan Carlos García Torres Martínez
Juan Carlos García Torres Martínez
Acerca del autor

Juan Carlos García Torres Martínez nació en Elda en 1962, era el cuarto de cinco hermanos y siempre fue buen estudiante y con gran capacidad para hacer amigos. Estudió la carrera de Derecho pero nunca ejerció como abogado, aunque su profesión como secretario judicial siempre le mantuvo relacionado con las leyes. Desde muy joven fue un apasionado de la música, llegando incluso a ser fundador de la tuna de derecho de alicante. Otra de sus pasiones fue el deporte; su bicicleta conocía bien todos los montes y parajes de nuestra comarca, pero si hay algo que no abandonó nunca fue la escritura. Le gustaba plasmar vivencias cotidianas transformándolas en pequeñas historias de aventuras. Su tono irónico quitaba dramatismo a lo que relataba, él era así en su propia vida, intentando darle a todo un toque surrealista propio de su personalidad, y con ese estilo escribió su novela corta titulada "el temor" que fue ganadora del premio Ciudad de Elda de Cuentos en 1992.

Fue durante el confinamiento, entre los meses de Abril a Junio de 2020, cuando Juan Carlos hizo un pequeño diario de sus vivencias con su caracteristico estilo

Tristemente Juan Carlos nos dejaba el 16 de febrero de 2021 por causa del Covid, pero su legado literario y personal nos acompañará para siempre.

Éste es un pequeño homenaje póstumo a un discreto artista pero una gran persona.

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