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Educación

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Tabletas, libros electrónicos, móviles inteligentes... son regalos que se han prodigado en estas fechas, regalos relacionados con la comunicación y, en cierto sentido, instrumentos útiles para la lectura y la escritura cotidianas.

En mi caso, tal vez no haya llegado a merecer obsequios como los anteriores (procuraré enmendarme) pero sí he recibido, entre otros más modestos, un libro que he aprovechado para leer durante las vacaciones Leer en el centro escolar. El plan de lectura de Gemma Lluch y Felipe Zayas. Esta publicación, precisamente, concede bastante espacio de calidad a la lectura en la red y al uso de otros formatos además del clásico libro en papel para el trabajo de los centros sobre la lectura.

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Las vacaciones comienzan; el año termina. Fechas en las que se prodigan a diestro y siniestro los buenos deseos, días de ilusión para pequeños y mayores, la lotería la promesa condicionada de los regalos, citas en el calendario que este año se hacen coincidir aproximadamente con unas elecciones generales de cuyos (inciertos) resultados van a depender muchas orientaciones políticas en torno a la educación. En fin, momentos dominados por la expectación y las buenas intenciones.

En una ocasión tan propicia a uno se le ocurre imaginar qué pediría para mejorar el panorama educativo que gozamos y padecemos. Dan ganas de volver a los años en que escribíamos listas interminables, retos complicados incluso para unos seres mágicos que creíamos todopoderosos. Se acababa imponiendo entonces la autoridad de los padres y las madres a estos auténticos catálogos de juguetes en forma de carta. Pide solo una cosa. Si tuviera que elegir, ¿cuál sería mi deseo?

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Estampa de mañana pocas semanas antes de Navidad en la puerta de un colegio. Un repartidor distribuye entre una nube de niños y niñas catálogos de una juguetería. Por la tarde, el mismo catálogo, ahora garabateado, muestra aquellos productos que les gustaría recibir como regalos. Quedan pocos artículos sin señalarse, sin rodearse una y otra vez en la vana ilusión de que ese círculo que los bordea los vaya a retener e impedir que se escapen. Me lo pido. Todo.

Las próximas fiestas son un momento ideal para cuestionar nuestra conducta con respecto al consumo, también unas fechas en las que resulta más evidente la necesidad de una educación para un consumo responsable y sostenible. No se trata de un esfuerzo anecdótico y pasajero, de promover un buenismo en días en que parecemos estar llamados y llamadas a la solidaridad, se trata de la contribución de la escuela a la sostenibilidad y a la promoción de ciudadanos y ciudadanas libres, conscientes y responsables.

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El 10 de diciembre se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos. Se conmemora el aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1948.

Este documento imprescindible recoge en sus treinta artículos un ideal que los distintos países se comprometen a hacer realidad para todas las personas, unos derechos básicos y, al menos en la teoría, inalienables que, hoy en día, casi setenta años después, parecen objetivos aún lejanos, promesas utópicas para muchos gobiernos que eluden su responsabilidad como garantes de su desarrollo y cumplimiento.

La educación es una herramienta, no la única pero sí una importante, que participa de esta garantía, un ámbito de trabajo imprescindible para asegurar el futuro de esta reivindicación más actual que nunca, en tiempos en que muchos de estos derechos se ven limitados en función de otros condicionantes como la seguridad, la invocación a las diferencias culturales como justificación de sus violaciones sistemáticas o el beneficio económico (sobre todo, el de quienes están en condiciones de imponer este a las aspiraciones de dignidad de la gran mayoría).

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El tema de hoy está inspirado por la lectura de una entrada de XarxaTIC, blog educativo de Jordi Martí, pleno de honestidad en sus opiniones, compartidas o no, y recomendable para cualquier persona curiosa e inquieta ante el tantas veces contradictorio campo en el que se mueve nuestra educación.

El recreo no deja de ser un gran olvidado en la preocupación por los procesos de enseñanza y aprendizaje. Tiempo y espacio de descanso y de juego constituye en sí mismo algo más, un verdadero ecosistema, como pocos dentro del centro, adaptado a la dimensión de nuestro alumnado, un ecosistema menos artificial que el reproducido dentro de las paredes de las aulas, en el que los espacios, los tiempos, las palabras y los movimientos obedecen a unas reglas preestablecidas en cuya negociación y adopción nuestros niños y niñas, nuestros jóvenes no han tenido ni voz ni voto. El recreo no es un tiempo muerto entre dos clases, al contrario, un tiempo mucho más vivo que muchas de aquellas.

Cuando he revisado lecturas en torno a esta cuestión, he encontrado muchos planteamientos reivindicativos del valor del recreo en el aprendizaje. Cito algunos bien sabidos:

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Se acerca el 25 de noviembre, Día internacional de la eliminación de la violencia de género, una fecha, por un lado, cada vez más presente en las agendas de nuestras ciudades y escuelas y, por otro, tristemente, una celebración aún pertinente. La prevención y la lucha contra la violencia de género se ponen una vez más de actualidad en torno este momento del año, algo que debería suceder después de cada muerte, cada acto despreciable de agresión, cada martillazo de un goteo que no cesa, día sí y día no, causándonos pérdidas irremplazables a todas y a todos, por más que nos acostumbremos, por más que se quiera ver a veces como algo esporádico o inevitable.

La escuela, en tanto que institución que forma parte de esta sociedad abatida por la lacra de la violencia de género adquiere una responsabilidad en su demolición cotidiana. Niños, niñas, jóvenes, permanecen en ella durante años, protagonistas de una educación que algo tendría que decir frente a ella. Quizás no se cuenten con todos los medios y herramientas deseables. Tampoco logramos sacudirnos de esa perniciosa idea de compartimentos educativos, de los reinos de taifas en que se convierten aulas, departamentos, ciclos, etapas... Son limitaciones importantes para la previsión de tiempos y espacios, de responsabilidades en el momento de afrontar algo tan transversal e imprescindible como una educación por la igualdad de derechos y oportunidades de todas las personas.

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El pasado viernes tuvo lugar en el salón de la Parroquia de San Francisco de Sales de nuestra ciudad una interesante charla de José José Gil, enfermero de la Unidad de Conductas Adictivas (UCA) de Elda referida a la adicción a las tecnologías y su efecto nocivo entre la población más joven como generador de dependencia, de aislamiento social y apartamiento de hábitos saludables y propios de esas edades y de falta de control sobre la propia conducta. La iniciativa de este encuentro, que contó con la asistencia de un nutrido número de adolescentes, se demostró muy oportuna ante el aumento de casos detectados y tratados desde la UCA de Elda, una de las que cuenta con personal especializado en este tipo de adicciones.

Varias son las ideas que merecen la pena destacarse desde el punto de vista de la educación, uno de los tres pilares de acción (junto a la familia y el sector sanitario) para afrontar un problema que amenaza con crecer en los próximos años y que, como se subrayó, habiendo pasado muy desapercibida desde todos ellos, solo desde hace poco tiempo está revelando de forma más notoria sus enormes riesgos.

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El pasado 24 de octubre se celebró el Día Internacional de la Biblioteca. Esta fecha conmemora desde 1997 el triste suceso del incendio de la Biblioteca de Sarajevo provocado por parte de milicias serbias en 1992 durante la guerra en la ex-Yugoslavia, al parecer, lo que son las cosas, a las órdenes de Nikola Koljevic, un antiguo usuario de la biblioteca, profesor especializado en Shakespeare. Trágicos hechos los sucedidos hace poco más de veinte años en el corazón de Europa que deberían hacernos reflexionar en los oscuros recovecos de la naturaleza humana, pensar en la destrucción física de las bibliotecas como metáfora de la aniquilación de la cultura, de los individuos y los pueblos, de su educación y de su futuro.

Me gustaría en esta entrada, al calor de una fecha tan representativa, reivindicar el valor educativo de las bibliotecas. Lamentablemente, para la mayoría silenciosa, las bibliotecas, las humildes de las aulas, las de los centros educativos, las de nuestros municipios... no pasan de ser meros depósitos de libros, espacios más o menos conocidos, muchas veces solo de puertas afuera, un servicio para quienes estudian, quienes se aburren cuando comienza a sentirse el frío o, sí, los hay, quienes disfrutan de la lectura. Poco más.

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Recientemente ha visto la luz un nuevo DVD educativo coordinado durante el pasado curso desde el Centro de Formación, Innovación y Recursos Educativos (CEFIRE) de Elda por Nieves Gomis, un trabajo específico sobre la Educación Infantil publicado por la Conselleria de Educación Cultura y Deporte.

Su título, La Educación Infantil encierra un tesoro, constituye un homenaje al del Informe Delors (La educación encierra un tesoro), un clásico en el panorama educativo de obligada lectura para quienes tengáis inquietud por estos temas.

Como se cita en la presentación del DVD, la Educación Infantil, etapa en muchas ocasiones menospreciada o relegada para parte de la opinión pública a un papel de servicio de guardería de niños y niñas, encierra un pequeño gran tesoro que germinará a lo largo de la vida de cada niño y cada niña. Un pequeño gran tesoro, quizás no evidente en los primeros años pero decisivo en su formación como personas, en el potencial casi infinito de los más pequeños para, a través de su educación, construir un mundo mejor en el que muchos de nuestros sueños se conviertan en realidad y muchas de nuestras derrotas cotidianas en triunfos.

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Hace unas semanas la OCDE sacó a la luz el informe Students, Computers and Learning. Making the Connection (Estudiantes, ordenadores y aprendizaje. Estableciendo la conexión) referido a la presencia y utilización de estas herramientas y a su influencia en el rendimiento escolar.

La aparición de este informe, en los medios de comunicación produjo un debate muy polarizado y propicio para titulares más o menos apocalípticos sobre la utilidad o inutilidad de los ordenadores en el aula a raíz de algunas conclusiones destacadas. Una se basaba en el hecho de que muchos países que habían invertido mucho en su actualización tecnológica no habían mostrado una mejora apreciable en los resultados medidos por PISA, (lectura, matemáticas y ciencias). Se dudaba también del uso demasiado frecuente de ordenadores en el aula y sus consecuencias no siempre alentadoras, hecho que también fue ampliamente debatido en un caso como el de España, en comparación con otros países con mejores resultados y un uso más moderado del ordenador en el colegio.

Resumir un informe de 200 páginas en un titular o en una noticia, y con una entrada de blog ocurre algo parecido, puede dar lugar a muchas lecturas y a la defensa de muchos intereses encubiertos en ellas. Al final de esta os incluyo un enlace al documento íntegro  y la nota sobre España (ambos en inglés).

Acerca del autor

Autor: Jesús María "Pitxu" García

Jesús María "Pitxu" García Sáenz (Vitoria-Gasteiz, 1970) es doctor en Filosofía y Letras (sección Filología Hispánica) por la Universidad de Deusto. Como profesor de Secundaria ha trabajado en el IES Azorín de Petrer y en el CEFIRE de Elda, en la asesoría de plurilingüismo y en las de referencia sobre programas europeos y coeducación.

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