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El pasado fin de semana tuve el placer de asistir a una lectura colectiva en el CEIP Virgen de la Salud. Este tipo de jornada festiva, después del trabajo llevado a cabo en talleres lectores se viene celebrando desde hace algunos años en varios centros educativos de Elda. En esta ocasión, tuvo lugar en uno muy especial por todo lo que implica de acogida a personas, alumnado y familias provenientes de diversas culturas.

El acto de lectura, que contó con la intervención de distintos grupos de niños y niñas y también de mayores, estuvo salpicado por intervenciones musicales. Un nutrido público, pese al calor y a la hora (¡hay que tener ganas para juntarse a leer y a escuchar un sábado a las cinco de la tarde!) abarrotaba la sala.

Si bien no pude quedarme hasta el final, confieso que lo que presencié me resultó emocionante. Estamos acostumbrados, cada vez más, a actos muy elaborados en festivales escolares de diversa índole que, en ocasiones, tienen más de lucimiento para los organizadores o participantes que de verdadero contenido educativo. Este encuentro de toda una comunidad y algunos paracaidistas que la acompañamos, en su sencillez, sí revelaba un profundo contenido educativo y celebraba una labor llevada a cabo previamente en el centro con el apoyo y el buen hacer del profesorado y de voluntarios y voluntarias. Una labor en una tarea tan crucial en el aprendizaje y tan necesitada de valoración como la lectura.

¿Es justo decir que la promoción de la lectura está necesitada de valoración? El hecho de que la importancia de la lectura como instrumento de aprendizaje parezca algo bastante compartido, que no se discuta su valor en la adquisición de muy diversas competencias, su relación con la alfabetización digital, el hecho de que los centros de nuestra Comunidad hayan de desarrollar planes lectores, etc. podría hacernos pensar lo contrario.

No obstante, revisemos nuestras prácticas, incluso nuestra formación docente. ¿Qué lugar real ocupa la lectura en ellas, el desarrollo de hábitos lectores, de gusto, de curiosidad, de inteligencia o criterios lectores, más allá del aprendizaje instrumental (si hay alguien que no considere  todo lo anterior como instrumental)? Siendo honesto, creo que podría llenar no solo más sino también un mejor espacio, mucho más unido a la realidad de quien aprende. Y puestos a revisar el contexto... ¿no nos encontraremos con la tribu, con la comunidad en la que tiene lugar ese aprendizaje?

Actividades como la del sábado pasado revelan un potencial que va mucho más allá de la riqueza de una puesta en escena. Son oportunidades imprescindibles para corresponsabilizar a toda la comunidad educativa en una tarea común, para dar ejemplo por parte de el padre, la madre el abuelo o la abuela, para reconocer con un aplauso el esfuerzo de un niño o una niña cuando lee en público un texto en el que ha trabajado. Como docentes nos reconcilian con nuestra profesión; como ciudadanos y ciudadanas de cualquier edad con nuestra voluntad de aprender y de enseñar, de vivir con más plenitud. ¿Qué mejor medio que la lectura para ello?

Para profundizar:

LEER.es Portal sobre lectura del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. 

MARCHESI ULLASTRES, Álvaro. (2005) "La lectura como estrategia para el cambio educativo". Revista de Educación, núm. extraordinario 2005, pp. 15-35

ORDEN 44/2011, de 7 de junio, de la Conselleria de Educación, por la que se regulan los planes para el fomento de la lectura en los centros docentes de la Comunitat Valenciana.