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“Cuando yo era un mañaco, me rompí la gobanilla”

“¡Deja de llorar ya, gansurrón, que pareces un mañaco!”

Traemos una palabra que aún sigue vigente en el habla de tradicional eldense, se trata de mañaco.

Mañaco se utiliza para referirse a un niño pequeño y también, en sentido peyorativo, para el niño ya de cierta edad o incluso el muchacho que se comporta como un crío, de manera infantil y caprichosa ("¡Deja de llorar ya, mañaco!"). Es una palabra valenciana, pero que también se usa en Murcia y zonas castellanohablantes de la Comunidad Valenciana o cercanas a ella (por ejemplo, en Caudete se encuentra recogida en su palabrero). Su origen puede estar en el término catalán manyac, -aga (pronunciado "mañac") que, entre otras acepciones, es un apelativo para dirigirse a los nenes pequeños cuando se les acaricia o acuna. También cabe la posibilidad de que el català manyac, se hubiera cruzado con el vocablo aragonés moñaco (muñeco) y eso podría explicar la /o/ final. De hecho, en valenciano existe también la voz monyaco con el mismo sentido que manyaco. Su etimología es incierta, pero algunos para autores podría derivar de la voz latina maniacus ‘maniático’, aplicado a los niños caprichosos y consentidos.

Existen otras opiniones minoritarias sobre el origen etimológico de manyac, como la que recoge Federico Corriente en su Diccionario de arabismos y voces afines en iberorromance: “las criaturas ‘manyagues’… son nenes amorosos, que suscitan ternura…”, sobre esta afirmación Ramón Valldosera comenta en su página Rodamots.cat que, hace varios siglos, estos “nenes amorosos” realizaban otro tipo de mimos y caricias, exclusivamente masculinas: *resumiendo y sin rodeos, un manyac, en árabe ‘manyak’, según los arabistas, era el esclavo o muchacho sumiso a los deseos sexuales de su dueño. Esta opinión la comparte también Dolors Bramon, y Ramón Solsona la recoge en su libro A paraules em convides.

Acerca del autor

Autores: Antonio Gisbert y María Dolores Marcos

Las casualidades existen, y así es como Antonio Gisbert Pérez y María Dolores Marcos Vila nos hemos conocido. El interés por Elda, sus gentes y costumbres es lo que ha propiciado que, por causalidad, ambos quisiéramos recuperar el habla popular de Elda, esas palabricas cagalderas que escuchábamos desde la cuna y que nos fueron transmitidas por generaciones anteriores de eldenses que amaban su pueblo.Esta huella dejada por nuestros antepasados, bien a través del lenguaje escrito y especialmente del lenguaje oral, transmitida de generación a generación, es una habla que sigue viva, que perdura a través del tiempo.

Sentimos que es nuestro deber y nuestra obligación dejar testimonio del habla de Elda a través de estas publicaciones y querer, sin pretensiones, que la forma de expresarnos en nuestro pueblo siga perdurando en el tiempo y conocida por las generaciones posteriores.Nuestro habla tradicional es una seña de identidad, nos caracteriza como miembros de un mismo colectivo y nos asegura su continuidad a lo largo de nuestra historia futura. Queda pues mucho trabajo, mucha tradición oral por estudiar y divulgar todavía y es nuestro deseo que os sintáis partícipes de este proyecto.

Estáis todos invitados. ¡HABLEMOS CAGALDERO!

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