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 Esta semana quiero hacer mención a un gran desconocido en el mundo de la enología: el vino de autor.

   Este tipo de vino se diferencia del resto a que todo el trabajo es realizado por un enólogo y un pequeño grupo de personas, los cuales se comprometen a diseñar y supervisar todo el proceso de un vino, desde el cultivo en la cepa hasta su comercialización.

   La elaboración de este tipo de vino no sigue ninguna reglamentación establecida, trabajando con total libertad y prescindiendo de cualquier indicación que se debe de seguir para un crianza.

    Para la elaboración de estos vinos se busca un viñedo ubicado en una zona especial y dedicándole todos los recursos que se tenga a mano por parte de la bodega, como también del personal especializado con el que se pueda contar, creando un vino diferente, único, inimitable y cuantos adjetivos positivos le podamos dar.

   Al tratarse de una creación exclusiva y única, el embotellado no debe de ser inferior a 2000 botellas y no superior a las 25000.

   Antes de realizar el citado embotellado, la vendimia habrá de ser realizada en el momento óptimo a juicio del enólogo y el cosechado se transportará en unos recipientes pequeños y siempre todos los racimos serán recogidos a mano.

   Los vinos de autor están dedicados a personas amantes de estos productos únicos y exclusivos, los cuales siguen unas normas por parte de la(s) persona(s) que lo crea y detallando de forma obligatoria para todos aquellos que tienen la oportunidad de degustarlos, el recorrido que se ha seguido para lograr esta obra, desde su creación y explicando cada uno de los pasos ejecutados hasta llegar a las manos del consumidor.

   El control de calidad de esta clase de vinos, siempre es sometido a la degustación de un panel de cata, los cuales son los que tienen el poder de decisión para valorar la incorporación o agregar nuevos productos.