lunes, 26 de julio de 2021

Pediatría

Pablo Ángel Sánchez
18 julio 2021
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Pediatría

Comenzamos la rotación de pediatría, serán dos meses. El servicio de pediatría se subdivide en seis servicios. A mí me toca estar en piso de internación de los recién nacidos, Normalmente van las madres que han tenido a su bebe mediante cesárea. Y cada día hay muchas madres con sus bebes.

Primer día. Lunes, 6:30 de la mañana. Nuestro responsable, el residente se va, tenemos que evolucionar. Es decir, hacer una exploración física y preguntar a la madre como han pasado la noche sus bebes. Nadie nos explica cómo hacerlo, estamos mis cuatro compañeros y yo algo perdidos. A mí me salva la experiencia de la provincia y que me encantan los niños. Aun así, no me entero de mucho.

Después de medio hacer las evoluciones vine la Pediatra, pasamos la visita médica con ella. Le presentamos al paciente, lo hacemos como podemos. Menos mal que la Pediatra nos tiene consideración e intenta explicarlo todo.

Después de la visita tenemos que hacer las ordenes de análisis que nos haya pedido. También, los papeles de algún alta. Pasamos mucho tiempo con los papeles y no con los pacientes. Espero que más adelante sea al revés.

Ya en la tarde estamos más pendientes de los pacientes. Ver si están tomando bien el pecho, ayudar a las mamás con sus bebes en todo lo posible.

Se me olvida mencionar la carga horaria que tenemos, es un horario bastante loco. Vamos de lunes a viernes de 6:30 a 16 horas y sábado de 6:30 a 12 horas. Tenemos turno cada tres días, sin descanso al día siguiente.

Martes es muy parecido al lunes. Sigo perdido. Ya el miércoles tengo mi turno. Después de mi jornada hasta las 16 horas debo ir a mi servicio del turno que es neonatología, mi única función de ese día es llevar tres órdenes de laboratorio. Pienso que será una noche tranquila, pero no es así. Hay un bebe prematuro que acaba de nacer pero no hay espacio en el hospital para tenerlo con ventilación. Por el momento hay que ambucear (ventilación manual) hasta encontrar espacio. Soy el primero en hacerlo. Mientras estoy ambuceando dicen que se encuentra espacio en otro lugar y hay que llevarlo.

Menos mal que ya no son los 642 kilómetros como en Puerto Suárez, ahora son 5 kilómetros y en la ambulancia sigo ambuceando. Muy incómodo todo, muy poco espacio y muchos baches en el camino, calor. Pero al fin llegamos, ingresan al pequeño. Espero que le vaya bien.

Durante la noche no hubo nada más. Todos los doctores de ginecología y pediatría estaban asombrados por no tener ningún nacimiento. Pero, al terminar el turno para volver al piso con los bebés internados, veo varias chicas con su barriguita caminando por el hospital.

Sigo con mi rutina. A veces viene la pediatra y nos echa una “bronca”. Me cuesta entender el por qué de esas broncas cuando no nos han explicado mucho, normal que no lo hagamos perfecto. Sin mencionar las cantidades de horas que estamos en el hospital.

Al salir del hospital solo quiero ducharme y dormir. Mis días ahora solo van a ser: dormir, comer, lavar ropa y hospital.

Segundo turno de la semana. Ya es sábado. En este turno me toca estar en dilatación, un lugar de mucha acción. Nos encargamos de recibir al bebé y estimularlo. Y ya ayudamos a la madre para el apego precoz. Honestamente, el ambiente que hay en la sala de parto es todo menos tranquilo. No hay un lugar estable e íntimo para la madre. Sin mencionar el trato que les dan algunas personas.

Entro a quirófano. Hay dos cesáreas programadas. Ayudo a la pediatra a realizar las cosas que hay que hacer. En la segunda cesárea ya me hacen inyectar al bebe la vitamina K. Menos mal que puse en Puerto Suárez unas 500 vacunas.

En la noche todo se tranquiliza. A eso de las 5 de la mañana mientras una enfermera se queda encerrada en el baño, llega un parto expulsivo. La residente llega, recibe al bebe y me lo deja en la incubadora. Me toca hacer a mi todo. Noto mi tensión, ella también. Al final todo sale bien.

Esta vez al ser domingo me voy a las 7 de la mañana. Primera semana del hospital superada.

Pablo Ángel Sánchez
Pablo Ángel Sánchez
Acerca del autor

Pablo Ángel Sánchez, eldense, se mudó a la zona tropical de Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra justo después de estudiar Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia y un máster de Arteterapia Y Educación Artística para la inclusión social en la Universidad Autónoma de Madrid. La causa de su mudanza fue motivada por un voluntariado Internacional, una experiencia de un año a dos años, que se convirtió en ocho años. Ocho años aportando su grano de arena a proyectos como: mujeres artesanas, centro de día para niños trabajadores, centro de día para personas de la tercera edad, hogar para hijos trabajadores de la caña, centro cultural, entre otros. Poco después comenzó a estudiar medicina, pasión que tenía camuflada y que en su día a día fue floreciendo, rompiendo los estigmas que a veces la sociedad o uno mismo se impone. En estos momentos se encuentra en su año de prácticas para finalizar no solo su año de prácticas sino su aventura en tierras bolivianas.

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