lunes, 24 de agosto de 2026

Ultraprocesados y salud

Alberto Requena
1 diciembre 2025
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Ultraprocesados y salud

El incremento del consumo de alimentos ultraprocesados constituye uno de los cambios dietéticos más significativos del siglo XXI y está estrechamente vinculado con múltiples problemas de salud pública. Estos productos, caracterizados por una elaboración industrial compleja, ingredientes de muy baja calidad nutricional y la presencia habitual de aditivos, han desplazado progresivamente a los alimentos frescos en muchas dietas. Las consecuencias nutricionales de este fenómeno son profundas y afectan tanto a los macronutrientes como a micronutrientes esenciales.

Uno de los principales problemas es el exceso de calorías de baja calidad. Los ultraprocesados suelen estar diseñados para ser altamente palatables, combinando grasas de mala calidad, azúcares añadidos y sal en proporciones que estimulan la recompensa en el cerebro. Este diseño industrial no solo dificulta el control de la saciedad, sino que fomenta un consumo mayor al necesario. Como resultado, se incrementa el riesgo de sobrepeso y obesidad, dos condiciones estrechamente relacionadas con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y síndrome metabólico.

Además del exceso calórico, los ultraprocesados presentan un perfil nutricional pobre. Con frecuencia contienen cantidades reducidas de fibra dietética, vitaminas y minerales. Estos nutrientes, que se encuentran de forma natural en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, son esenciales para funciones como la regulación del tránsito intestinal, la modulación del sistema inmunitario o el metabolismo energético. La baja presencia de fibra, por ejemplo, contribuye al estreñimiento, altera la microbiota intestinal y puede favorecer procesos inflamatorios de bajo grado. La falta de micronutrientes esenciales, como las vitaminas del grupo B, la vitamina C, el hierro o el magnesio, puede generar déficits que afectan al sistema nervioso, la producción de energía y la función celular global.

Otro aspecto problemático es la mala calidad de las grasas empleadas. Los ultraprocesados suelen incluir aceites refinados, grasas hidrogenadas o parcialmente hidrogenadas que generan ácidos grasos trans. Este tipo de grasas se asocia con un aumento del colesterol LDL, la inflamación sistémica y un mayor riesgo de eventos cardiovasculares. Incluso cuando los productos son bajos en grasa, tienden a sustituirla por azúcares simples que provocan picos glucémicos, hiperinsulinemia y, a largo plazo, resistencia a la insulina.

Las cantidades elevadas de azúcar añadido constituyen otro problema central. Muchos ultraprocesados incorporan jarabe de maíz de alta fructosa, sacarosa o glucosa-fructosa en cantidades que superan con creces lo recomendado por organismos internacionales. El consumo frecuente de estos azúcares exacerba los trastornos metabólicos, promueve la acumulación de grasa visceral y afecta al hígado, favoreciendo la aparición de hígado graso no alcohólico. Además, el exceso de azúcar altera la sensibilidad del paladar, generando preferencia por alimentos más dulces y reduciendo la aceptación de sabores naturales en frutas y verduras.

La sal también está presente en niveles muy superiores a los aconsejados. Su consumo excesivo contribuye al desarrollo de hipertensión arterial, retención de líquidos y daño renal. De manera preocupante, muchos ultraprocesados dirigidos a niños presentan niveles elevados de sodio, lo que condiciona desde edades tempranas preferencias alimentarias poco saludables y un umbral de sabor salado cada vez mayor.

Imagen creada con ayuda de ChatGPT con DALL-E

Junto a estos problemas nutricionales directos, existen razones profundas que explican por qué los ultraprocesados generan tanto impacto adverso. Una de ellas es su diseño industrial orientado al “enganche”. La combinación específica de sal, azúcar y grasa genera un efecto hiperpalatable que altera y anula mecanismos naturales de saciedad. Además, su textura, aroma y facilidad de consumo favorecen la comida rápida, sin masticación prolongada ni señales de saciedad adecuadas.

Otra razón fundamental es la pérdida de matriz alimentaria. Los alimentos ultraprocesados han sido fragmentados, refinados y recombinados de tal forma que se pierde la estructura natural que modula la absorción de nutrientes. La biodisponibilidad cambia radicalmente, pues los azúcares se absorben más rápido, las grasas se digieren de forma distinta y la fibra suele estar ausente o añadida de forma aislada sin su función original.

También interviene la sustitución del tiempo culinario. Los ultraprocesados se consumen porque son rápidos, accesibles y requieren poca preparación. Esta comodidad desplaza prácticas de cocina que históricamente garantizaban dietas más equilibradas, basadas en ingredientes frescos. El impacto cultural contribuye así a una pérdida generalizada de hábitos saludables.

Finalmente, estos productos suelen estar respaldados por campañas de marketing agresivo, especialmente dirigidas a niños y adolescentes. La publicidad utiliza colores, personajes y mensajes que vinculan el producto a experiencias positivas, ocultando sus deficiencias nutricionales y creando asociaciones emocionales difíciles de revertir.

Así pues, los alimentos ultraprocesados generan problemas nutricionales profundos debido a su composición desequilibrada y su diseño industrial, que favorece el consumo excesivo y desplazamiento de alimentos frescos. Sus efectos sobre la salud están ampliamente documentados, por lo que reducir su presencia en la dieta constituye una de las estrategias más efectivas para mejorar la nutrición y el bienestar general.

Alberto Requena
Alberto Requena
Acerca del autor

Este blog pretende ser una depresión entre dos vertientes: la ciencia y la tecnología, con forma inclinada y alargada, para que por la vertiente puedan circular las aguas del conocimiento, como si se tratara de un río; o alojarse los hielos de un glaciar de descubrimiento, mientras tiene lugar la puesta a punto de su aplicación para el bienestar humano. Habrá, así, lugar para la historia de la ciencia, las curiosidades científicas y las audacias científico-tecnológicas. Todo un valle.

El eldense Alberto Requena es catedrático emérito de Química de la Universidad de Murcia.

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