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Isidro Aguado ha trabajado durante veinte años para hacer realidad este museo | Jesús Cruces.

Entrar al Museo de Hormas del eldense Isidro Aguado, permite adentrarse en la historia del zapato y comprender cómo ha evolucionado el arte de crear hormas, que deben ser perfectas para que los zapatos encajen a la perfección en el pie.

Este museo nace a iniciativa de la cuarta generación de los empresarios Aguado. Isidro Aguado ha inaugurado el mayor museo de máquinas de hormas de zapatos del país, y uno de los pocos que existen en el mundo. Cuenta con más de 30 máquinas, algunas con más de un siglo de historia, de hecho, la más antigua data del año 1870.

Isidro Aguado ha trabajado durante 20 años para que este museo sea una realidad. La idea se le ocurrió cuando recreó una fábrica de hormas en el Museo del Calzado, la "Sala Aguado" por la que todavía hoy recibe felicitaciones. Ver esta sala le hizo sentir dichoso, explica, ya que la emoción que sentía cuando el público visitaba este espacio "la identifico con la satisfacción por haber cumplido con mis predecesores". Pero le supo a poco, así que se puso manos a la obra. Le quedaban algunas máquinas para una nueva exposición, pero necesitaba más. Previamente, para ampliar su empresa, había comprado la antigua fábrica "Aguado Hnos. Sucesor" de Elda, y en años sucesivos adquirió otras, lo que cada vez le acercaba más a la idea de crear su propio museo, una gran exposición dedicada a las máquinas de hormas.

Su modus operandi era comprar maquinaria a las fábricas, con las máquinas más modernas que no tenía actualizaba sus empresas, y vendía el resto; también guardaba los tornos antiguos. Esto le hizo viajar mucho, sobre todo por el centro y el sur de América Latina, recorrer numerosas fábricas y talleres familiares en los que encontró reproductores de las primeras series de máquinas de hormas, las de un pie. La adquisición de algunos tornos no fue fácil, recuerda, e incluso llegó a realizar intercambios. Así fue ampliando el número de ejemplares hasta que quedó satisfecho.

Casi sin darse cuenta, detalla Aguado, se vio con numerosos ejemplares, lo que supuso la última chispa que le animó a lanzarse a este proyecto y a terminar de completar su colección con cuadros, fotografías, con inventarios de principios del siglo XX, referencia a modelos de 1905, con marcos, calibres, tablas de medida, trofeos y, por supuesto, hormas y pernitos antiguos. En definitiva, una completa colección que hace las delicias de todo el que acude a museo. La compra de una segunda nave junto a su empresa terminó de fraguar la idea del museo, el cual, para Isidro Aguado supone un merecido homenaje a sus antepasados, cuyos orígenes en la fabricación de hormas se remontan al año 1870.

Este museo lo ha inaugurado invitando al alcalde de Elda, Rubén Alfaro, y al exalcalde también socialista Juan Pascual Azorín, quienes destacaron la importancia de este museo y el esfuerzo de Aguado.
Precisamente la joya de la corona para Aguado es la máquina de su tatarabuelo, que data de 1879, que estuvo en funcionamiento durante 50 años. Por aquel entonces no existía red de suministro eléctrico, sino que el agua del río Vinalopó proporcionaba energía a las máquinas para crear las hormas de madera. El agua llegaba a través de una acequia y una noria conseguía llevarla hasta la primera fábrica, que se encontraba en la Estación, denominada Aguado Hermanos, Sucesor.

El museo cuenta con más de 30 máquinas perfectamente documentadas que describen la historia de cada una de ellas. También se presenta un espacio que recrea cómo era la fábrica de hormas en la década de los 80.

Se encuentra en la avenida de la Melva, 3, en la primera planta del mismo edificio situado junto a la empresa familiar, ocupando la planta baja varias máquinas y utensilios antiguos que forman parte del fondo del propio museo.

Entrar al museo permite conocer la historia y la evolución de este sector. Un dato curioso es que tras la Segunda Guerra Mundial algunas de las máquinas con las que se hacían culatas de escopeta tuvieron una segunda vida y se transformaron en máquinas para realizar hormas. Llegaron directas de Alemania, Estados Unidos e Italia.

Hasta finales del siglo XVII, las hormas se hacían a mano. Se cogía un trozo de madera y con un hacha, machete o cualquier herramienta cortante, se iba dando la forma del pie. Algunos más avanzados, fijaron el extremo de una guadaña en un banco de trabajo y sujetando la pieza a modelar con una mano y el extremo libre con la otra, iban dando cortes acercando la madera al modelo deseado.

Posteriormente con una lima basta (escofina), terminaban el modelo. El último trabajo consistía en suavizar la aspereza que dejaba la lima, con trozos de cristal y que hacía el efecto lijado. En el museo hay hormas fabricadas con estos sistemas. Las hormas se empezaron a fabricar entre finales del siglo XVIII y primeros del siglo XIX. Al principio, se empleaba un simple torno que reproducía piezas irregulares, haciendo una igual al modelo en cada pasada. Más tarde, a mediados del siglo XIX, salieron las primeras máquinas que hacían un par en cada pasada y veinte años después llegaron las novedosas máquinas de dos pares en cada pasada. Durante los años 90 aparecieron las máquinas de CNC de dos y tres pares, que revolucionaron el mercado y dejaron obsoletas las mecánicas, cambiando por completo el concepto de fabricación de hormas.

Este museo es la historia de la fabricación de hormas, en un periodo comprendido entre el final del siglo XIX hasta el siglo XX, es decir, un siglo de historia.

Aguado invita a todo aquel que lo desee a conocer los entresijos del arte de fabricar hormas y la importancia que representan estas para la industria del calzado.


Amado Navalón, Rubén Alfaro, Isidro Aguado, Juan Pascual Azorín, José Sanchís y José María Amat | Jesús Cruces.

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