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La química de Carvajal y Lago fue esencial para la buena acogida de la obra | Jesús Cruces.

El escenario del Teatro Castelar se transformó ayer en la sala de un psiquiátrico gracias Diablillos rojos, una divertida obra interpretada por Beatriz Carvajal, acompañada por su hija Montse Pla y con Javier Lago y Francesc Galerán. En esta obra la comedia y la ternura se fusionan para hacer al público reflexionar sobre la cordura y la locura además de mostrar al amor como una verdadera terapia. Cerca de 400 personas acudieron al Teatro Castelar para disfrutar una vez más de la cultura.


Diablillos Rojos
narra la historia de Toñi, interpretada por Carvajal, quien tras una vida de sufrimiento es ingresada en una unidad psiquiátrica de urgencia por sufrir una histeria que le hace ver a unos diablillos rojos. La suya no es una posesión al uso, sino que la dominan para hacerle sentir placer. Dos psiquiatras, Pla y Garcelán, tratarán de ayudarla a recuperarse, pero será Andrés, un paciente que carga consigo una máquina de escribir para no salir volando, quien la ayuda a ver la vida de otra forma, a volver a encontrar la felicidad. 

Esta es una obra con varios giros de guión que consiguen enganchar al espectador y mantener su atención durante cerca de una hora y media. Además, consiguió su objetivo con creces, hacer reír a carcajadas al público, que plaudió con ganas al elenco una vez que cayó el telón. Los actores correspondieron agradecidos a las muestras de cariño del público eldense.


El elenco recibió la ovación del público tras la representación | Jesús Cruces.

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