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La aparadora. Oleo de Gabriel Poveda "Leirbag"

Hace unos días me encontré con un viejo amigo que fue "entachador" y excelente zapatero en varias fábricas de calzado de Elda, ese eldense llegtó a montar su propia empresa y ya jubilado le interesa, como a mí, todo lo relacionado con el calzado, su historia y su industria reciente. 

Hablamos de casi todo y en casi todo coincidíamos, sin embargo, nuestra conversación llegó a tocar el aspecto más entrañable y probablemente menos reconocido y agradecido como es el del aparado. La aparadora eldense (sirva esta denominación para aquellas personas que realizaban también los trabajos de rebajado, picado, doblado y naturalmente aparado) se caracterizó en una época más estricta, en la que el hombre por regla general no asumía apenas ningún trabajo doméstico, por contemporizar su tiempo en la casa y con los hijos, con los trabajos de aparado. Digo esto sin ánimo de menospreciar el papel del hombre en el hogar, porque el padre de familia, siempre en términos generales, estaba acostumbrado o educado, según se mire, a trabajar fuera de casa y era su esposa la que se dedicaba, en una gran mayoría, a lo que se llamaba "faenas domésticas", que hay que reconocer, suponía y supone una repetición de trabajos diarios, asumidos por lo que la sociedad de la época tenía por costumbre encomendar especialmente la mujer. Esto que antaño nos parecía normal, las nuevas generaciones tratan de igualar y observo a mis hijos, por ejemplo, que se reparten algunas funciones domésticas que en mi juventud eran impensables.

Monumento a la Familia Zapatera

Pues llegado a este punto, mi amigo y yo coincidíamos en que el sacrificio de algunas de aquellas mujeres, que en Elda eran una mayoría, no se valoraba en su verdadera dimensión. Económicamente hablando, además de ser la puerta principal de la economía sumergida del sector, estaban insuficientemente remuneradas y, lo que es peor, su trabajo, que no contribuía a las arcas del Estado, les suponía un futuro estéril para prestaciones por paro o jubilación, que no tenían.  Aquellas mujeres no sólo atendían los rutinarios trabajos del hogar, sino que cuando les tocaba el momento del descanso por haber dejado las cosas listas en sus casas, entonces era el tiempo de hacer chirriar los motores de sus máquinas de aparar, las ruletas y los pequeños troqueles de sus máquinas de picar o el tac - tac del martillo sobre el canto con la cinta de refuerzo, para doblar o dobladillar los cortes que esperaban en sus canastas y que serían llevados a la mañana siguiente a la empresa para recabar más trabajo y contribuir a la economía familiar. Esa era la aparadora de nuestro pueblo. Esa mujer madre y esposa que dedicaba horas y horas a nuestra industria y que sabía que su trabajo sólo sería a cambio de un dinero que pronto se esfumaría. Que su esfuerzo no sería recompensado en caso de enfermedad y cierre de la empresa y mucho menos en el momento de su jubilación. 

Monumento abstracto a la aparadora en la plaza de la FICIA. obra de Sócrates de la Encarnación.

En Elda hay un monumento abstracto a la aparadora, situado en la Plaza de la FICIA, y a las puertas del Museo del Calzado existe otro monumento a la "Familia Zapatera" en el que aparece esa unidad familiar que se ha identificado siempre con nuestra industria del calzado. Pero Elda tiene pendiente un gran monumento a la APARADORA con mayúsculas, con un homenaje de toda la ciudad a unas mujeres que realizan uno de los trabajos más artísticos de nuestro calzado y quizás el más necesario y a la vez olvidado. A unas mujeres que yo las llamaría "las heroínas de nuestra industria".

Elda puede tener a gala, entre muchas otras cosas, que sus aparadoras crearon arte y lo hicieron de la mejor forma que se puede hacer, con esfuerzo y sacrificio personal.     

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Acerca del autor

Autor: José María Amat

José María Amat Amer, es un apasionado del calzado. Como ingeniero técnico, el destino lo encaminó hacia la industria de su ciudad. Como profesor de Tecnología del Calzado, llego a conocer investigando, la industria del calzado. Publicando algunos libros sobre tecnología, artesanía y desarrollo social; siempre con el calzado como única premisa. El Museo del Calzado fue una de las realizaciones que le llevó a pasar de técnico a un apasionado del zapato. Con la mejor de las intenciones, y siempre con la pretensión de prestigiar la industria y el calzado de la ciudad de Elda, colabora en este blog para crear más amigos con inquietudes similares.

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