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El Museo del Calzado de Elda contiene miles de piezas, unas expuestas y otras en almacén listas para ser sustituidas por otras para hacer el museo más atractivo y siempre renovado. En sus salas encontramos, desde maquinaria muy antigua (unas hechas en serie y otras por artesanos que las empleaban antes de inventarse las propias máquinas que realizaban determinados trabajos). Hay obras de arte, zapatos, documentos, utensilios y un largo etcétera que engloba cientos de títulos, medallas, fotografías (entre ellas las de oro de las exposiciones de París y Londres  conseguidas por Romero Utrilles en los albores del siglo XX), documentos de industrias, artilugios y muchas cosas que serían enormemente largo poder siquiera nombrar.

El valor de los fondos del Museo del Calzado se mide con criterios objetivos y subjetivos, es decir, por el valor inventariable como objeto al que necesariamente hay que sumar el valor intangible, sentimental, de antigüedad o de historia. Para que el lector se haga una idea comparativa ¿que podría valer actualmente un simple anillo de plata que perteneció a un periodo del Imperio Romano?. Es evidente que el anillo como tal y por el valor de la plata puede ser muy bajo, pero a ello hay que sumar el valor histórico, pero ¿y el valor sentimental?, este último valor es el más difícil de cifrar y, en muchos casos, el más importante a mi criterio.

El Museo del Calzado de Elda encierra una inmensa fortuna de sentimientos, de sacrificios y de historia, también de obras de arte; la suma de todos ellos es lo que da el verdadero valor al objeto. Al final, el mercado de antigüedades asigna unos valores tangibles muy ajustados y otros intangibles que los peritos pueden llegar a valorar en una medida justa, pero atendiendo a parámetros históricos  especialmente. Y seguimos con la misma pregunta ¿donde aparece el valor sentimental, el del sacrificio, el del esfuerzo personal, el del recuerdo para quien los tienen?. Por desgracia este valor solamente es capaz de valorarlo la persona o personas que lo reconocen como tal y esa limitación hace que, ante una tasación, apenas cuente.

Les voy a contar un caso de los muchísimos que encontramos en nuestro museo y que iremos desvelando poco a poco.

Un día los familiares de una persona que estuvo en prisión tras la guerra civil española, trajeron al museo una miniatura de zapatos tallados a mano y sin el empleo de cuchillas adecuadas o punzones de ningún tipo. Esos toscos zapatitos con detalles apenas visibles sino es a través de una lupa, los realizó en prisión una persona y los talló partiendo de una antigua ficha de dominó (supuestamente de marfil). Aquel presente venía envuelto entre algodones y entregado con lágrimas en los ojos, como el único recuerdo familiar de un hombre que en la prisión de Alicante, entre los años 1945 a 1948 estuvo injustamente preso por delitos políticos (como se les llamó en aquella época). ¿Qué valor podemos asignar a semejante "tesoro" familiar con tanta carga emocional?. Ese es uno de los grandes valores que conservamos y de los que nos sentimos muy orgullosos de custodiar y mostrar, aunque quizá seamos nosotros los únicos que medimos en su justo valor esa joya, pero esas piezas con un trasfondo tan importante, es lo que nos engrandece como seres humanos y nos obliga a poner nuestro entusiasmo y mayor celo en la conservación de ese tipo de patrimonio