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22 SEP 2020 Fundado en 1956
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Vista de la plaza durante la década de los años ochenta.

Un 21 de julio de 1968 comenzaban las obras de reforma de la entonces plaza de la Revolución Nacional Sindicalista, más conocida como plaza de la R.N.S. y que hoy en día recibe el nombre oficial de plaza del Sagrado Corazón de Jesús, aunque para los amantes de la historia siempre será, como lo fue durante siglos, la plaza de Arriba. Y digo aunque porque aquel histórico espacio, menos plaza es de todo.

Quizás la plaza de Arriba ejemplifica en sus carnes, para mayor vergüenza de todos nosotros, el despropósito y maltrato urbanístico al que los eldenses, personalizados en las sucesivas corporaciones municipales, franquistas y democráticas, hemos sometido a nuestro casco antiguo y a nuestras raíces como pueblo.

Si en Elda el ataque sistemático al Casco Antiguo se inicia en 1956 con el plan de alineaciones diseñado por el arquitecto Miguel López quién, bajo una prisma desarrollista, sacrificó la zona histórica eldense al “falso progreso”; en el caso de la plaza de Arriba el despropósito arranca en 1959 con el arranque de los árboles de la plaza. Tan sonado fue aquello que, aun a pesar de los duros años de la dictadura, hasta el diario ABC, en su suplemento “Blanco y Negro” se hizo eco del “afán arboricida” de los eldenses.

En 1967, y acorde con el nefasto plan de alineaciones franquista, fueron derribadas las casas que cerraban la plaza. Operación urbanística que desvirtuó el histórico y medieval espacio de la plaza de Arriba, convirtiéndola en una “no plaza” o en “no calle”, sin forma definida y sin función urbana. Entre los edificios derribados figuraban la enorme casona o casa solariega de los Maestre, lugar donde falleciera el ilustrado Juan Sempere y Guarinos.


Vista aérea de la plaza de la RNS, en primer plano, antes de su transformación. Año 1962.

Imbuido por el afán ultramodernizador, tan propio de los sucesivos ayuntamientos eldenses, tanto franquistas como democráticos, el 21 de julio de hoy hace 52 años daban comienzo las obras de reforma y reurbanización de la plaza de la R.N.S. Empezaron las obras por la supresión de la fuente de mármol rosa que decoraba el centro de la plaza y daba servicio de agua potable a la barriada.

Pero será un año después, durante las Fiestas Mayores de 1969, cuando se inauguraron las obras, con la pavimentación de gran parte de la misma, el asfaltado del sinuoso trazado del vial que parte la plaza en dos, el moderno ajardinamiento de época y una fuente luminosa construida en una lateral de la plaza, entre ésta y la iglesia de Santa Ana.

Cincuenta y un años después de aquella inauguración, la plaza del Sagrado Corazón todavía es heredera de aquella reforma. Suprimida la fuente por obsoleta y falta de mantenimiento, también lo fueron las zonas ajardinadas, siendo en gran parte enlosadas. Hoy la histórica plaza de Arriba ya ni es plaza ni es calle. Es un espacio abierto, desfigurado, desarticulado, sin límites definidos, abandonado a su suerte y al que, lo peor de todo, le hemos robado el alma de plaza.

La plaza de Arriba, de Topete (1873-1931), de Alcalá-Zamora (1931-1936), de Juan Mollá (1936-1939), de la Revolución Nacional Sindicalista (1939-1979) o del Sagrado Corazón es la muestra patente de lo pesimamente mal que los eldenses hemos gestionado nuestro patrimonio urbano más antiguo, amén de ser una muestra palpable más de lo pernicioso que fue aquel plan franquista de alineaciones de 1956, cuya filosofía y líneas directrices todavía siguen vigentes en la normativa urbanística actual, amparadas en el secular desinterés municipal por dar solución integral a la problemática del Casco Antiguo.


Vista aérea de la plaza del Sagrado Corazón durante la década de los años noventa.

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Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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