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Como continuación de la violencia política acaecida en Elda en la jornada del 10 de mayo de 1931 en la que Francisco Alonso Rico, concejal electo del Ayuntamiento de Elda, y don Luis Abad Navarro, cura párroco de la iglesia de Elda, fueron paseados violentamente por las calles de Elda, siendo objeto de burlas, insultas y violencia, la jornada del 11 de mayo vio como el templo parroquial cuatricentenario de Santa Ana de Elda era asaltado e incendiado.

La reacción de los monárquicos, tras el shock producido por la abdicación y posterior huida de Alfonso XIII y la familia real tras las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, elevó la tensión política a nivel nacional. Los disturbios acaecidos en Madrid el domingo 10 de mayo durante la inauguración del Circulo Monárquico de la calle Alcalá tuvieron una rápida repercusión por ciudades del sur y el este peninsular. Madrid, Valencia, Alicante, Murcia, Córdoba, Granada, Sevilla, Jerez, Cádiz, Málaga y Algeciras vieron como entre los días 11 y 12 de mayo fueron asaltadas y quemadas iglesias, conventos y otros edificios religiosos.

Como ciudad industrial con una importante masa obrera en la que el anticlericalismo había arraigado profundamente desde la década de los años 20, Elda no fue ajena a estos sucesos. En la mañana del 11 de mayo de 1931, un gentío incontrolado asaltó la iglesia de Santa Ana, destrozando altares e imágenes de culto, dañando gravemente pinturas y retablos.

La historia oral cuenta que el doctor Marciano A. Salgado Barbudo, miembro del Partido Socialista y a la sazón concejal electo en el Ayuntamiento eldense, a la vista de tales acontecimientos y en desacuerdo total con la actitud destructiva de los asaltantes, se subió al púlpito en el momento en el que unos individuos estaban incendiando el templo parroquial. Desde allí, y con la autoridad del cargo y del respeto con el que contaba como médico, conminó enérgicamente al gentío, gritándoles que aquello no era propio de hombres; que con esa actitud y esos hechos estaban deshonrando a la República y que lo que estaban haciendo era indigno y merecedor de desprecio. Tal fue la intensidad de sus palabras que finalmente consiguió que abandonaran el templo parroquial, sin llegar a consumar su total destrucción.

Con posterioridad, y a juzgar por el contenido del acta del pleno municipal del 9 de junio de 1931: “...el señor Salgado hace constar su protesta por los hechos reprobables ocurridos recientemente en la población y el atropello a ciudadanos indefensos como don Francisco Alonso y Cura Párroco, en cuyos sucesos los socialistas ni los afiliados a la Unión General de Trabajadores han tomado parte ni tenido intervención...”. Del mismo modo, el también concejal Jesús Gil Ponce, en representación de la Alianza Republicana y como afiliado a la CNT también hizo constar su total repulsa a dichos actos de violencia, al margen de la ley.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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