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Un 27 de junio, pero de hace 81 años, Vicente Gil Navarro accedía por segunda vez a la alcaldía del Ayuntamiento de Elda.

 Tras el fallecimiento en el cargo del alcalde Joaquín Vera Pérez y la alcaldía accidental de Martín Llopis Taltavull, el 27 de junio de 1936 fue elegido Vicente Gil. Miembro de Izquierda Republicana y masón miembro de la Logia “Amor”, donde era conocido como “Cafiero”, fue elegido alcalde con siete votos a favor, de los concejales republicanos, dos en blanco (uno el suyo) y la oposición de Marciano A. Salgado, concejal socialista, quién ya en 1931, durante su primer mandato al frente de la alcaldía eldense (del 16 de julio al 3 de diciembre), le había criticado su excesiva condescendencia y permisividad con la celebración de las procesiones de la Virgen de la Salud y el Cristo del Buen Suceso durante las Fiestas Mayores de 1931.

Vicente Gil Navarro, hijo de Vicente Gil Alcaraz, conocidos con el mote de “Los Bacíos”, era empresario del calzado, cuya fábrica estuvo en el solar sobre el que posteriormente se edificaron la sala de fiestas “Yola” y después el Cine Lis. Fábrica de la cual todavía se conserva una de las naves.

Breve fue su mandato, pues a los 20 días de su elección, se produjo el golpe de estado del 18 de julio que abrió el peor episodio de la historia reciente de España. Bajo el expresivo título “La soledad de los días de fuego”, José Ramón Valero Escandell, en un magnífico artículo biográfico publicado en la Revista del Vinalopó nº 13, recoge la desesperada y solitaria lucha, a riesgo de perder su vida, del alcalde Vicente Gil Navarro para evitar los desmanes, incendios, asesinatos y demás actos violentos incontrolados desatados en Elda contra “los elementos desafectos a la República”. Sirvan estas líneas de homenaje a un hombre honrado y a un gran alcalde que se jugó la vida para intentar imponer el respeto, la cordura y la sensatez en tiempos revueltos.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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