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Un 9 de julio de 1756, hace 261 años, una plaga de langosta, procedente de las tierras de la comarca de Yecla-Jumilla, se cernió fatídicamente sobre todos los pueblos de las comarcas del Medio y Alto Vinalopó.

La langosta es considerada, junto con las ranas, piojos, moscas, úlceras, muerte de los primogénitos y otras, una de las plagas bíblicas con las que Dios castigó a Egipto por no dejar marchar al pueblo hebreo a la Tierra Prometida. En el imaginario popular de nuestros antepasados fue una de las calamidades más temidas, no por la aprensión a este insecto conocido popularmente como saltamontes, sino por la voracidad y el gran tamaño que alcanzan durante su proceso expansivo, arrasando hectáreas de campos de cultivo enteros, sembrando el hambre entre la población.

Durante casi un mes, desde el 9 de julio en la que apareció por el horizonte de las villas de Elda y de Petrer, y hasta el 17 de agosto, hubo langostas en los campos. Para su exterminio se confió tanto en la acción directa para lo que fue necesario recoger dinero entre el vecindario, al que se sumaron las 30 libras aportadasp por el conde de Elda; como en la intervención celestial, mediante la celebración de rogativas. En una de ellas la imagen de la Virgen de la Salud fue trasladada hasta la ermita de San Blas, en el paraje de la Cruz de San Blas. Al mismo tiempo, mosén Bartolomé Payá, cura de la iglesia parroquial de Santa Ana, plantó y bendijo cuatro cruces de madera en cada uno de los cuatro puntos de entrada a la villa.

Azote que volvió a repetirse en abril y mayo de 1758 cuando una nueva plaga de langosta cae sobre el condado, empleando el ayuntamiento de Elda 50 libras y 13 sueldos en pagar peones que mataran la langosta