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Tras los trágicos sucesos de represión contra el movimiento republicano acaecidos el día 24 de diciembre de 1896 en un paraje de la Serreta Llarga en Novelda, y en el cual fueron muertos siete personas y dos heridos, se sucedieron las detenciones en varios municipios del Vinalopó (Novelda, Elda y Petrer). En días sucesivos, fueron detenidos en Elda un total de 13 personas, de conocida filiación republicana, entre los que figuraban Juan Torres Juan, presidente del Círculo Republicano de Elda y zapatero de oficio, junto a José Aracil Romero, veterano republicano; Julio Oliver; Antonio Coloma (de Almansa); Miguel González; Antonio Olcina y Andrés Marhuenda (de Monóvar).

Detenciones practicadas bajo la acusación de ser Elda uno de los focos previstos de propagación de la sublevación fraguada en la Serreta. Pues, según fuentes policiales de la época, todo indicaba que se iba a producir un levantamiento popular armado en breve, ya que hubo largos preparativos y un cierto grado de coordinación territorial, pero fue desarticulado sin que se alcanzaran los supuestos objetivos: dinamitar vías de comunicación, especialmente ferroviarias, el asalto de edificios públicos y proclamación de la República Levantina.

Esta intentona republicana fue duramente reprimida por las autoridades gubernamentales, saldándose los “hechos de la Serreta” con un total siete personas muertas, dis heridas y varios detenidos. Las autoridades ejercieron un férreo control informativo tanto de los sucesos como del propio juicio, lleno de irregularidades, que acabó con penas de prisión a los implicados de forma directa, absoluciones a otros y condecoraciones a los miembros de los cuerpos de seguridad que intervinieron.

Los hechos de la Serreta y la posterior represión política constituyen la última intentona republicana del siglo XIX, aunque ya con claras influencias obreras y derivaciones hacia un terrorismo de estado en sus consecuencias y resultados.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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