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Estimada Rosa, no tenemos el placer de conocernos personalmente, pero desde este blog dedicado al teatro y a las artes escénicas, y tras leer su entrevista publicada el pasado 19 de agosto en la edición digital del Valle de Elda, creo de justicia dirigirle estas palabras para mandarle un afectuoso saludo, desearle lo mejor en el ejercicio de su cargo político, recién estrenado, y darle las gracias por el conjunto de sus palabras.

Es de agradecer que su concejalía incluya como área personalizada la del Teatro, disciplina frecuentemente olvidada por los gestores de los intereses públicos y colectivos. Leyendo sus comentarios y reflexiones se intuye un interés por llevar a cabo una gestión eficaz y fructífera de su departamento. Son muchos años en los que el Teatro Castelar, nuestro Teatro Castelar, se encuentra sumergido en una dirección en ocasiones errática, falta de ambición, llena de sombras (más que de luces), que se ha traducido en una programación teatral paupérrima y alejada de los parámetros y principios que deben de colocar al coliseo eldense como punto de referencia de la comarca e incluso de la provincia.

Hace mucho tiempo que Elda dejó de ser un referente para los espectadores alicantinos. Ciudades como Elche, Alcoy, Villena o Altea han seguido manteniendo un listón de calidad y exigencia, no exentas de popularidad y comercialidad cuando así lo requieren las ocasiones. No así Elda.

El hecho teatral sigue interesando a un número muy nutrido de público, como se demuestra en la venta de entradas en teatros que se han convertido en punto de encuentro para numerosos espectadores de la provincia.

Habla usted de que “hay que cambiar el concepto de teatro, hay que devolverle una programación digna, que lo vuelva a situar como referente en la provincia. Para eso hay que tener claro que el teatro no es un salón de actos ni una casa de cultura, se ha desvirtuado su uso, no puede acoger a tantos colectivos, la ciudad tiene muchos espacios públicos que se pueden aprovechar para acoger los actos que no tengan interés general”. Y ante este discurso, como ocurre en los finales de las grandes escenas, o en un mutis teatral de altura, no cabe más que el aplauso encendido y prolongado.

Los políticos, en general, no tienen interés por el teatro, rara es la vez que acuden a espectáculos teatrales. Evidentemente es una generalización, y siempre hay excepciones (en Madrid, durante varios años, era frecuente ver en salas y teatros a dos políticas tan distintas, en su trayectoria vital e ideológica, como Manuela Carmena y Cristina Cifuentes, ambas asiduas a la programación del Pavón Kamikaze, y costeándose las entradas de su bolsillo), pero el desinterés demostrado desde los gobiernos se ha traducido en una falta de programadores y gestores teatrales preparados y capacitados para el ejercicio de su cargo.

Es hora de colocar al Teatro Castelar en el lugar que se merece, devolviendo a su escenario el prestigio de décadas pasadas para que deje de ser una mera sala de fiestas con cantantes, músicos y monologuistas, y un espacio copado exclusivamente por colectivos locales.

Dice usted que seleccionará personalmente las obras y espectáculos que podrán verse en el Castelar. Manos a la obra. La mayoría de compañías cierran sus giras con meses y meses de antelación.

Humildemente le propongo, a modo de sugerencia, varias propuestas que espero sean de su agrado y consideración.

13 propuestas, 13 proyectos, 13 ideas, de las muchas que están de gira por los escenarios de nuestro país. El teatro está vivo, con múltiples espectáculos variados, sugerentes, interesantes, llenos de calidad.

Bienvenida a su cargo señora Vidal. Nos vemos en el teatro. El lugar donde los sueños se cumplen.