sábado, 18 de septiembre de 2021

Esta semana va de niños

Pablo Ángel Sánchez
13 junio 2021
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Esta semana va de niños

Una semana más. He de confesar que cada vez me cuesta recordar algunas cosas, pues durante el día no paro de hacer cosas, pasa rápido y cuando es la hora de dormir, pienso en el desayuno de ese día y parece que haya pasado una semana.

Lunes. Lo primero que hago es ir a la casa de la chica de 15 años (la llamaremos Pe) que os comenté hace dos semanas. Le pregunto si ha ido a realizarse el chequeo, me dice que no. Le advierto que es necesario que vaya, pues su embarazo por su edad es de riesgo. Quedo con ella en la tarde porque estaré en emergencias del hospital.

Sigo caminando esa mañana. Me acerco a una casa donde ya estuve anteriormente, busco a una señora con sospecha de cáncer del cuello uterino. Haces unas semanas le conseguí cita para el ginecólogo y… no fue. Llego a la casa, no estaba, se fue a trabajar al campo. Salgo enfadado, intentando entender su realidad. Unas de las cosas que estoy intentando comprender es que la salud aquí no es prioritaria. También creo que no creen en el sistema de salud (y, en parte, los apoyo). Pero si vas a su casa para una encuesta quieren que los revises, les tomes la presión, pero cuando les dices que necesitan hacerse unos análisis, no van. Ya intento en esos casos no insistir, a veces no lo hago.

En la tarde. Estoy a la espera de Pe, y no viene. Pero no todo es drama. Llega una paciente con sospecha COVID-19. Le tomo los signos vitales, Escucho sus pulmones y todo parece normal. Tengo que contar su frecuencia respiratoria. Lleva escote y mientras estoy mirando su respiración comienza a preguntarme algunas cosas. Mientras lo hace, siento que me lanza una mirada coqueta, me sonrojo y solo espero que no piense que le estaba mirando el escote. La suerte que su mirada no fue obstáculo para medirle su frecuencia respiratoria.

Me voy a casa pensando en Pe. Al día siguiente, pienso en ir a su casa de nuevo, pero debo hacer otras cosas. Siento que necesito dejar espacio y respetar sus tiempos.

Nuevo turno de emergencias. Sorprendentemente todo marcha tranquilamente, hay muchos pacientes pero sin complicaciones. Aprovecho y le pido al doctor de turno que me haga una clase de farmacología y resulta bastante bien.

Llega la noche. Como siempre me cuesta dormir. El doctor que está de turno es una persona que hace lo posible en ayudar a todos los pacientes. Lleva medicación propia por si en la farmacia del seguro no hay. Viene un paciente: una mama con su hijo muy enfermo y sin seguro de salud. Con una higiene que no quiero entrar en detalles. Los síntomas que según ella son de un par de horas. Los pulmones del niño dicen otra cosa y la fiebre nos preocupa. El doctor tiene que decirle a la madre que si no vuelve (ya que tiene que ir a la farmacia de guardia a por la medicación) que llamará a servicios sociales. Como no, el padre no acompaña a la madre.

Son las 6:50 de la mañana. Llaman a emergencias que hay un señor en la calle sin signos vitales. Tengo que irme con la ambulancia. En el camino mientras voy saltando en el asiento por la velocidad, mi cabeza se está haciendo una idea de lo que me puedo encontrar. Llegamos al lugar y el hombre está caminando y le acompaña un vecino. Nos dice el señor que se cayó en la noche camino a casa y no pudo levantarse, le llevamos a emergencias. Pero como llega mi reemplazo me dice el doctor que me vaya a descansar.

Día de descanso. Me viene genial pues la noche de turno no pude dormir. El enfermero tenía un cante nocturno poco agradable.

Viernes en la mañana. Voy a las casas a revisar a los niños para ver como están y a hablar con los padres sobre prevención para las infecciones respiratorias de sus hijos. Voy a una casa y comienzan a salir un montón de niños, cuento hasta 15 niños.  En un principio ninguno quiere acercarse a mí, por lo que me toca sacar mis “dotes” de animador para crear confianza de que no los voy a vacunar. Consigo que todos se hagan su revisión. Todos están muy bien. De repente veo a un niño de cuatro años trasladar de un lado a otro a un loro, ¡qué destreza la del niño!  Esta mañana el objetivo que me había planteado ya lo he conseguido. Por lo tanto, decido ir al hospital a ayudar.

En la tarde voy hablar al director del hospital sobre Pe,  de su situación. Me dice que si no va debo denunciar a servicios sociales. Era lo último que quería. También me comenta que en la mañana había llegado una niña de 15 años embarazada. En mi cabeza solo piensa que sea Pe. Voy a recepción donde guardan las historias clínicas de las visitas de ese día. Y, es Pe. Mi cuerpo se llena de felicidad.

Pablo Ángel Sánchez
Pablo Ángel Sánchez
Acerca del autor

Pablo Ángel Sánchez, eldense, se mudó a la zona tropical de Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra justo después de estudiar Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia y un máster de Arteterapia Y Educación Artística para la inclusión social en la Universidad Autónoma de Madrid. La causa de su mudanza fue motivada por un voluntariado Internacional, una experiencia de un año a dos años, que se convirtió en ocho años. Ocho años aportando su grano de arena a proyectos como: mujeres artesanas, centro de día para niños trabajadores, centro de día para personas de la tercera edad, hogar para hijos trabajadores de la caña, centro cultural, entre otros. Poco después comenzó a estudiar medicina, pasión que tenía camuflada y que en su día a día fue floreciendo, rompiendo los estigmas que a veces la sociedad o uno mismo se impone. En estos momentos se encuentra en su año de prácticas para finalizar no solo su año de prácticas sino su aventura en tierras bolivianas.

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