sábado, 16 de octubre de 2021

1.400 KM + 1.400 KM

Pablo Ángel Sánchez
4 julio 2021
807
1.400 KM + 1.400 KM

Un martes, 18:30 horas. Estoy junto a mis compañeros de provincia en el despacho del director del Hospital para que nos firmen la asistencia de estos meses. De repente, hay referencia a Santa Cruz, es decir, hay que acompañar a un paciente en la ambulancia ya que no están los medios para seguir atendiéndolo en Puerto Suárez.

Como os dije, Santa Cruz está a unos 650 kilómetros. Me toca ir a mí, así que voy a casa a recoger lo que necesito y me dirijo después a emergencias que es donde se encuentra el paciente. El doctor de turno me explica lo que le sucede al paciente, al que ya conozco, pues ha venido varias veces al hospital, y por sus escasos recursos, la familia estaba evitando el ir a Santa Cruz. Añado que él está preso en la carceleta de Puerto Suárez, así que en la ambulancia va un policía, un familiar, el chófer y yo.

El doctor de turno me comenta que no ha concretado a qué hospital de Santa Cruz hay que llevar al paciente, algo raro, pues normalmente antes de salir el doctor de turno debe concretar con el hospital de Santa Cruz el espacio para que se pueda atender al paciente. Me comenta que me lo dirá por el camino.

Salimos, 19:30 horas. Son ocho horas de viaje y mi móvil se queda sin señal, además le queda un 26% de batería, hacía tiempo que mi teléfono se apagaba rápido. Hacemos la primera parada para hacer un control al paciente de sus signos vitales y poner gasolina a la ambulancia y cargo la batería del móvil un poco, llega a 35% pero sigo sin cobertura. Decido hablar al doctor con el teléfono del policía y en ese momento me dice el doctor de turno que no hay espacio en el hospital de referencia, pero por suerte aún tenemos seis horas de margen para que el doctor encuentre espacio en otro hospital. Yo estoy tranquilo porque nos podemos comunicar con el teléfono del policía.

A unas tres horas de llegar a Santa Cruz, el doctor nos avisa que hay espacio en el hospital. Nos deja un número de teléfono por si nos dicen que no.

Seis de la mañana, llegamos al Hospital. Presento al paciente. lo aceptan, pero solo si da negativo en la prueba de COVID-19, y lo da. Después dicen que hay que hacerle una tomografía o no entra al hospital, por lo que sigue en la ambulancia. Solo se puede hacer esa prueba en un centro privado porque la máquina del hospital está estropeada. Casualmente, enfrente hay un lugar donde hacen por 500 bs (el sueldo mínimo boliviano estará unos 2100 bs). Dudo mucho que ese sueldo esté por Puerto Suárez.

Tanto al médico (en este caso yo) como al chófer de la ambulancia nos dan 150 bs por el viaje. El familiar solo tiene 450 bs y no tiene familiares en Santa Cruz. Hasta mediodía no puede conseguir el dinero que sus familiares no le pueden mandar antes. El paciente, al ser preso no tiene dinero, así que decido donar el cheque que nos dan para que pueda pagar y tenga para comer esa mañana.

Al ver los resultados, pueden ingresar el paciente. Entrego la documentación y me despido de él y volvemos a casa.

Sábado, turno en emergencias, mi último turno. Estoy súper contento, tengo ganas de ver qué va a suceder. A las 10 de la mañana dicen que hay otra referencia a Santa Cruz, pero esta vez le toca ir a los internos. Ninguno quiere ir, por lo que la directora del hospital me pide que vaya y digo que sí, aunque me da pena perder mi último turno.

Esta referencia es diferente porque allí nos espera un doctor y ya tiene espacio en el hospital. La paciente es una señora de 92 años.

Salimos a las 11 y durante el camino tuve que cambiar su vía dos veces porque no paraba de moverse y se infiltró. Decido quitarle la vía y no colocarle otra, no paramos para comer. Yo estaba en ayunas esa mañana.

Llegamos a la entrada de Santa Cruz a las seis de la tarde, hora punta, por lo que el chófer coloca la sirena, comienza a acelerar y la carretera es muy estrecha. Muchos conductores no se apartan al ver la ambulancia. Yo voy “cagao” y en cambio, la señora es la más de tranquila. Ya no sé si tienen que atenderla a ella o a mí al llegar al hospital. Por suerte es a ella.

Llegamos al hospital y la paciente se queda, allí me encuentro con dos amigos y compañeros de la universidad y siento una alegría infinita. Merece la pena el viaje por una charla con ellos y por dejar a la paciente en un lugar donde se le puede dar una mejor atención.

Volvemos a Puerto Suárez. Llegamos a las seis de la mañana. Me siento listo para mi última semana.

Pablo Ángel Sánchez
Pablo Ángel Sánchez
Acerca del autor

Pablo Ángel Sánchez, eldense, se mudó a la zona tropical de Bolivia, a Santa Cruz de la Sierra justo después de estudiar Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia y un máster de Arteterapia Y Educación Artística para la inclusión social en la Universidad Autónoma de Madrid. La causa de su mudanza fue motivada por un voluntariado Internacional, una experiencia de un año a dos años, que se convirtió en ocho años. Ocho años aportando su grano de arena a proyectos como: mujeres artesanas, centro de día para niños trabajadores, centro de día para personas de la tercera edad, hogar para hijos trabajadores de la caña, centro cultural, entre otros. Poco después comenzó a estudiar medicina, pasión que tenía camuflada y que en su día a día fue floreciendo, rompiendo los estigmas que a veces la sociedad o uno mismo se impone. En estos momentos se encuentra en su año de prácticas para finalizar no solo su año de prácticas sino su aventura en tierras bolivianas.

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