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Hay una preocupación más que justificada por el calentamiento global. Incluso es posible que no seamos capaces de entrever cual será la dinámica de la Naturaleza, que está por ver que no pueda ya estar en un proceso irreversible. La extinción no es un final descartable y, desde luego, la Naturaleza no parpadeará por ello.

Se puede estimar que nuestro mundo es capaz de soportar, aproximadamente, unos mil millones de hectáreas de árboles extra. Hoy se estima la existencia de unos tres billones de árboles y el ritmo de desaparición es de unos quince mil millones de talados anuales. Pero los bosques son necesarios para las personas, también para los animales. Sería suficiente con que los árboles capturaran dos tercios de las emisiones de dióxido de carbono vertidas en la atmósfera. La fotosíntesis es ese mecanismo prodigioso que convierte los desechos del dióxido de carbono en azúcares. El mecanismo de captura del dióxido de carbono por los árboles es efectivo y resulta ser el más rentable medio para controlar el calentamiento global. Proteger y fomentar la foresta es una iniciativa noble y rentable para el ser humano. Organismos internacionales como el Panel para el cambio climático piensan que con 1000 millones de hectáreas sería posible limitar el calentamiento global a un grado y medio en 2050. No está nada claro cómo conseguirlo.

Bastin, de la Unversidad de Zurich ha estudiado el tema con la profundidad necesaria como para proponer procedimientos operativos para lograr una cobertura arbórea significativa. Su equipo ha empleado imágenes de satélite para registrar la cubierta de árboles en las áreas protegidas, en los ecosistemas del mundo entero, yendo desde los densos espacios de la selva tropical hasta la tundra del ártico. Echando mano al recurso informático del aprendizaje de las máquinas, trabajaron con una combinación de diez variables de suelo y de clima para poder explicar la cubierta de árboles de las distintas zonas del planeta. A partir de los datos obtenidos, formularon un modelo que permite predecir la cubierta de árboles en cualesquiera condiciones climáticas.

En el modelo de Bastin y col., una vez que se prescinde de las áreas urbanas u ocupadas por la producción agrícola, se concluye que hay aproximadamente casi 2.000  millones de hectáreas, que de forma natural podrían albergar en alguna medida cubierta arbórea. Y esta zona podría mantener una cubierta en torno a 1000 millones de árboles. Claro que, el interés de esto es que esa cubierta tendría capacidad para capturar hasta 205 gigatones de dióxido de carbono de esa atmósfera, hoy contaminada y en peligro de subsistencia. En España hay dos especies de pino, el pino carrasco (Pinus alepensis) y el pino piñonero (Pinus pinea) que cuando ya son maduros, el carrasco puede absorber hasta 650 toneladas de dióxido de Carbono en un año y el piñonero aproximadamente la mitad. Esa cantidad para un solo pino carrasco es, aproximadamente, la que emiten unos 50 automóviles de tamaño medio recorriendo unos 10.000 kilómetros anuales. En la Universidad de Sevilla han dedicado atención a este aspecto.

La propuesta de Bastin, de llevarse a cabo, supondría que dos tercios de las emisiones de dióxido de Carbono antropogénicas podían eliminarse y no se produciría por encima del 25% actual en casi un siglo. Es una contribución seria a la lucha contra el cambio climático. Pero, además, de esa aportación directa, hay otro efectos indirectos beneficiosos, como la protección de la biodiversidad, que conlleva, la degradación de los terrenos e incluso la pérdida de agua dispersada de forma baldía. Ciertamente los países más implicados son los mas extensos como Rusia, Estado Unidos, Canadá, Australia, Brasil y China, precisamente los que menor sensibilidad han manifestado por el cuidado del medio ambiente y menos han aportado en los organismos internacionales para plantear un proyecto global encaminado a luchar decididamente por evitar el cambio climático. No cabe duda de que los países desarrollados son los llamados a ser más ejemplares que el resto,  dado que han disfrutado de mayores prebendas de progreso. En cambio, curiosamenete, los que mayor presión reciben son los países en vías de desarrollo. Ciertamente, son los mejor dispuestos a que una acción directa como la repoblación pudiera llevarse a cabo. Hoy la dinámica sostenida es la contraria: cada año la cubierta vegetal disminuye en la selva amazónica, Indonesia o el África tropical. Parece que se está recuperando en Australia, África del Sur y en Sudamérica, además de en Rusia y China. Ahora, el trabajo de Bastin ofrece una especie de cuadro fino sobre el de brocha gruesa con el que valorábamos hasta ahora la situación a nivel global. Les toca el turno a los de la administración, los que deciden, en el fondo, donde nos llevan a los demás.