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14 AGO 2020 Fundado en 1956
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A través del órgano de la visión, el ojo, percibimos el mundo exterior y aunque pueda transmitirnos lo contrario, ninguno de los cuerpos del entorno, ni siquiera el propio son estables e independientes completamente. Todos los cuerpos se encuentran inmersos en procesos constantes de intercambio de energía con el entorno. La propia vida es un proceso experimental en comunión con la totalidad. La vinculación con el medio ambiente, con el medio circundante, se mantiene en todo tiempo y lugar. Esto, según Rodrigo de la O, supone que la continuidad de lo real deriva en una continuidad de la experiencia.

Una experiencia requiere algo más que la componente física. No solamente está involucrada la estructura biológica, sino la componente somática, desde la que se construyen las sensaciones. Todo lo circundante debiera propiciar su desarrollo. Las energías juegan un doble papel funcional, cuantificable técnicamente y protectora frente al entorno y sensibilidad somática que es la que propicia la capacidad interpretativa que proporciona significado al entorno. Cualquier realización en el entorno debería dar respuesta apropiada y óptima a necesidades y funcionalidades exigidas por la Sociedad en su contexto concreto y paralelamente  contribuir a la adaptación afectiva del ser humano en su hábitat, transformado por la actuación concreta de que se trate.

Cualquier proyecto transformador requiere la atención sobre la contribución a la adaptación afectiva con el entorno, incluyendo la componente estética, basada en la experiencia corporal, física y significante de las energías que se ponen en juego en las sensaciones. El mundo objetivo, se diluye en las sensaciones, de forma irremediable con la subjetivización, de lo que deriva una asunción de coordinación entre los métodos científico y técnico y las habilidades perceptivas, intuitivas y creativas.

De forma inevitable hay una bidireccionalidad en las funcionalidades de los humanos y el medio ambiente que le rodea, dándose un acoplamiento afectivo sustentado por resortes cognitivos y emocionales, emergentes de la percepción y conciencia humanas. González Bernáldez propugna una dialéctica entre un criptosistema, que otorga identidad física al paisaje y un fenosistema en el que subyace la componente fenomenológica. La componente fenomenológica suele soslayarse desde la interpretación ecológica del paisaje, considerando impropias las sensaciones. Pero, ciertamente, las personas estamos connaturalmente sumergidas en fenómenos con implicaciones espaciales. La persona, rodeada de realidad energética, requiere mediación reflexiva, que intensifique las capacidades perceptivas y significantes de la persona en el mundo, potencie el desarrollo de su individualidad, sus sensaciones y su afán colectivo.

La persona se sitúa en el territorio de forma que el paisaje es el ámbito de su experiencia y es el espacio el que focaliza las cualidades experienciales de lo vivo. El paisaje es quien condensa la experiencia del mundo y articula funcionalidad y sensibilidad. La ecología humana incluiría la afectividad humana. Se trata  de un conocimiento asociado a la experiencia que emerge de la confrontación entre el saber científico y lo físicamente real. No solo es conocimiento científico, sino la componente somática derivada de la percepción y significación de las sensaciones y de la acumulación de imágenes en la memoria. Este último es una componente estética que a través de las sensaciones sintetiza la relación afectiva de la persona con el entorno circundante.

La denominación apropiada es “conocimiento por lo sentido”. La clave está en analizar cómo acontece interiormente la experiencia estética, la relación con el conocimiento científico como forma de alcanzar la plenitud ambiental. Se trata de buscar las técnicas para enriquecer la experiencia, desde la hermenéutica. Lo abstracto y lo empírico, la comprensión científica y la experiencia, tienen que reencontrarse: sensación y materia, cuerpo y mente, naturaleza y cultura, materialismo y fenomenología, identidad física e idea, conciencia y experiencia, interioridad y exterioridad, cosmos y ser humano, son tensiones que requieren resolución y deriva de ello una experiencia estética que no es otra cosa que un acto de conocimiento con contrastes físicos y construcción de significados, donde caben los valores como importancia última que damos a las cosas y donde el futuro se concibe desde la preservación de los procesos que permiten mantener la propia vida: ciclos bigeoquímicos, tasa de renovación de los recursos naturales, absorción del dióxido de carbono, generación de oxígeno a través de la fotosíntesis, generación de suelo, control del clima a todos los niveles, evolución de los sistemas vivos, como un planteamiento ecocéntrico que supere todos los modelos antropocéntricos que han derivado en abusivos tratos a una Naturaleza que se defiende de las aflicciones provocadas.

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Acerca del autor

Autor: Alberto Requena

Este blog pretende ser una depresión entre dos vertientes: la ciencia y la tecnología, con forma inclinada y alargada, para que por la vertiente puedan circular las aguas del conocimiento, como si se tratara de un río; o alojarse los hielos de un glaciar de descubrimiento, mientras tiene lugar la puesta a punto de su aplicación para el bienestar humano. Habrá, así, lugar para la historia de la ciencia, las curiosidades científicas y las audacias científico-tecnológicas. Todo un valle.

El eldense Alberto Requena es catedrático emérito de Química de la Universidad de Murcia.

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