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14 JUL 2020 Fundado en 1956
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Mucho se ha dicho y escrito sobre la belleza. Pero, generalmente, desde un punto de vista estético. Entender por qué la selección de pareja está fundamentada en rasgos estéticos, es comprender por qué la belleza forma parte de la Naturaleza. Darwin explicitó en una obra, posterior a la conocida El Origen de las especies, titulada La descendencia del hombre y la selección en la relación de sexos, que la belleza es independiente de la selección natural. Prum, en una reciente obra La evolución de la belleza, nos habla de esto. Rompe moldes, por cuanto la corriente general sostiene, como lo hacen los biólogos evolutivos, que los caracteres objeto de selección sexual, están asociados a características genéticas. Desde la cola del pavo enarbolada, hasta cintura y caderas en humanos y muchos otros, se ponen en correspondencia con aspectos genéticos, de fertilidad o supervivencia. Es decir, siendo la corriente general la de que la selección sexual es una especie de sucursal de la selección natural, como apunta Garcia González, Prum rompe con ello, basando la belleza en que existe y evoluciona porque es agradable de forma arbitraria, sin relación ni con la salud ni con la dotación genética.

Los estudios cualitativos, muy frecuentes en ámbitos científicos poco desarrollados, quedan muy a menudo en propuestas que no encuentran corroboración, cuando marcos teóricos e instrumentales más poderosos irrumpen en el área. No deja de ser ésta una visión, en espera de argumentos científicos de mayor envergadura.  Ciertamente, la visión en vigor supone una lectura utilitaria y adaptativa. Y no es un tema menor, por cuanto aspectos muy controvertidos, como los papeles de género, las interacciones sexuales, la elección de pareja, requieren una sólida interpretación de la razón de ser de la belleza. El gusto de la belleza trae consigo conductas determinadas y afirmar que simplemente sucede, es una posición muy audaz que requiere descender a nivel molecular para tratar de entender algo. La belleza esconde un germen transformador y pudiera estar basada solamente en aspectos estéticos.

Aun así, esta concreción de atributos no menoscaba la necesidad de acercarse más al problema, como lo hace Semir Zeki, a quien se atribuye la invención del área neuroestética, como Ciencia que estudia la reacción del cerebro ante la belleza, es decir, estudia los mecanismos neuronales que activa la belleza. Por tanto, la belleza pasa del campo de la estética, el arte o la filosofía al campo científico. Zeki ha registrado la actividad neuronal de personas contemplando obras de arte o escuchando piezas musicales. Ha identificado las partes del cerebro que se activan cuando tienen lugar estas situaciones. Identifica tipos de belleza que apellida natural o biológica y artificial. La primera no necesita explicación, la segunda está ligada a la simetría o las proporciones. Una tercera categoría no es física, sino moral, en relación directa con el intelecto. Lo importantes es que los diferentes tipos de belleza se registran en diferentes partes del cerebro. Curiosamente, las zonas en las que se registra la belleza, son comunes a las que se activan cuando se identifica una verdad. Pudiera ser indicador de que ambos atributos tienen algo en común. Se ha propuesto una intervención del mecanismo de interacción de la radiación electromagnética con la materia, que es la forma usual por la que se suministra energía a las moléculas. La componente campo eléctrico de la radiación electromagnética, interacciona con la carga de las moléculas y, en ciertas condiciones, pasa energía de la radiación a la molécula. Están presentes, tanto en la percepción a través de los sentidos, como en la combinación de percepciones, incluidas las imágenes cerebrales, evocadas e implicadas en la belleza moral.

La interpretación no deja de ser una propuesta a demostrar para evidenciar. En todo caso el registro de la actividad cerebral en unas zonas concretas, al menos, identifica procesos que están teniendo lugar en zonas coincidentes, con lo que, al menos, hay base para establecer una potencial relación entre fenómenos muy diferentes. Todo lo relacionado con el cerebro discurre por los caminos de la parsimonia. Razones éticas impiden tratar el cerebro como otros órganos y cualquier otra cosa a estudiar. Poco a poco, las técnicas no invasivas permiten ir escudriñando para averiguar qué es lo que ocurre. El camino es largo. El que muchos investigadores estén en ello, es indicador, por un lado, del interés en el descubrimiento y por otro la dificultad en lograrlo.

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Acerca del autor

Autor: Alberto Requena

Este blog pretende ser una depresión entre dos vertientes: la ciencia y la tecnología, con forma inclinada y alargada, para que por la vertiente puedan circular las aguas del conocimiento, como si se tratara de un río; o alojarse los hielos de un glaciar de descubrimiento, mientras tiene lugar la puesta a punto de su aplicación para el bienestar humano. Habrá, así, lugar para la historia de la ciencia, las curiosidades científicas y las audacias científico-tecnológicas. Todo un valle.

El eldense Alberto Requena es catedrático emérito de Química de la Universidad de Murcia.

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