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Casa y fábrica de Rafael Romero con los tres pararrayos en los tejados.

Desde que Benjamin Franklin iniciara sus experimentos sobre la electricidad y propusiese en 1752 la idea de utilizar varillas de acero en punta sobre los tejados para protegerse de la caída de rayos durante las tormentas, los pararrayos fueron extendiéndose progresivamente por Europa y América. Primero fueron las ciudades para proteger los edificios importantes y todas las construcciones a su alrededor, y posteriormente fue llegando a otras ciudades y pueblos.

En Elda la primera referencia a este tipo de innovación tecnológica la tenemos documentada por primera vez en noviembre del año 1900 y como siempre vinculada al desarrollo de la industria del calzado que en aquel momento se encontraba en pleno proceso del paso de los talleres artesanales a los grandes edificios fabriles.

Desde el Silvestre Hernández inaugurase en agosto de 1895 la primera gran fábrica de zapatos, otros maestros zapateros dieron el salto “de autónomos a empresarios” construyendo esos grandes edificios para albergar todo el proceso productivo de elaboración y montaje de los zapatos.

El primero en seguir esta iniciativa fue Rafael Romero Utrilles, a quién desde 1876 lo tenemos atestiguado como fabricante de zapatos y quién en marzo de 1896 procedió a inaugurar su gran fábrica, también al igual que como la de Silvestre Hernández, en el eje de la que, con posterioridad, sería la calle Jardines, corazón del “primer polígono industrial” que tuvo Elda.

Rafael Romero Utrilles (1851-1921).

Esta fábrica fue dotada de la mejor maquinaría y tecnología del momento para la fabricación de calzado, alcanzado en su momento de mayor esplendor una extensa plantilla de varios centenares de trabajadores y una producción de 800 pares diarios y un total de 297.600 pares anuales; llegándose a convertir en todo un referente en la industria del calzado de su momento.

Será a los pocos años de su inauguración, y de cara a prevenir caídas de rayos que pudieran provocar grandes incendios de nefastas consecuencias para un edificio construido con vigas de madera y lleno de hormas de madera y productos fácilmente combustibles, cuando Rafael Romero contrató los servicios de Juan Bautista Martínez, electricista de Murcia, para que procediese a la instalación de 3 pararrayos en el tejado de su vivienda y fábrica, procediéndose a su colocación a finales de noviembre del año 1900. Serán éstos los primeros de estos artilugios en instalarse en Elda, hace 120 años. Durante varios años fueron los únicos existentes, despertando la curiosidad de todos los eldenses, al tiempo que mostrando como la entonces villa de Elda se adecuaba a los nuevos tiempos con la introducción de los avances científicos y tecnológicos no solo en el ámbito industrial, sino también en el doméstico.