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Hoy hace 455 años, un 8 de febrero de 1563, los moriscos de todo el reino de Valencia, entre ellos los del condado de Elda, integrado por las villas de Elda y de Petrer, fueron desarmados ante el temor de las autoridades de la Monarquía Hispánica a posibles revueltas o a que dicha minoría cultural, a la que se tenía por criptomusulmana, actuara de “quinta columna” en caso de un ataque o desembarco de tropas turcas en las costa mediterránea.

Ante dicho temor, fundado en el incremento de la actividad berberisca desde el Norte de África, auspiciada por las autoridades otomanas como medio de presión sobre el Occidente cristiano, el 19 de enero de 1563, el rey Felipe II dictó la Real Pragmática ordenando el desarme de todos los moriscos del reino de Valencia.

En virtud de aquella disposición regia, Alonso de Aragón y Portugal, duque de Segorbe y de Cardona, en su calidad de virrey y capitán general del reino de Valencia, dispuso que dicho desarme se efectuara de forma coordinada y en el mismo día en todo el reino, estableciéndose que fuera el 8 de febrero de ese mismo año.

El desarme fue realizado dicho día, en 415 villas y lugares de todo el reino, y según consta en la documentación conservada en el Archivo del Reino de Valencia, se registraron un total 16.377 casas de moriscos o cristianos nuevos. En Elda, un tal Jerónimo de Valebrera, caballero perteneciente a un linaje familiar vinculado a los cargos y oficios municipales de la ciudad de Alicante, al tiempo que señor de Agost, fue nombrado comisario encargado para el desarme, habiendo sido revisadas un total de 231 casas, donde fueron decomisadas 35 lanzas, 16 rodelas (escudo circular), 65 puñales, 91 ballestas, 40 cascos y 3 escopetas.

La operación de desarme fue un éxito, puesto que a los moriscos valencianos se les incautaron 25.000 armas de todo tipo, prácticamente una por cada hogar, con lo cual su capacidad militar disminuía, y por lo tanto se cumplía el objetivo político de neutralizar a la numerosa comunidad morisca del reino de Valencia. Aquella medida generó una relación de hogares con lista nominal de los "cabezas de familia" por municipio, con posibilidad de aprovechamiento demográfico, y fuente inapreciable para el conocimiento de la antroponimia morisca. Así gracias a aquel “censo de desarme” conocemos los nombres y apellidos de todas las familias eldenses que 46 años más tarde serían expulsadas de sus casas, de sus tierras y de su amado Valle de Elda.

Acerca del autor

Autor: Gabriel Segura Herrero

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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