martes, 27 de septiembre de 2022

Setenta años de Biblioteca Municipal

Gabriel Segura
10 septiembre 2022
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Setenta años de Biblioteca Municipal

El pasado julio disfrutaba en Villena, junto a bibliotecarios y archiveros de toda la comarca, de una magnífica gala institucional, en el incomparable marco del Teatro Chapí, que conmemoraba el 40 aniversario de la Biblioteca Municipal de la capital del Alto Vinalopó. Allí, cual personal “camino de Damasco”, me surgió la duda. En Elda, tal día como hoy, un 10 de septiembre, pero de 1952, abría su puerta nuestra Biblioteca Municipal.

Este espacio cultural eldense cumple 70 años, quizás en el peor momento de toda su historia. Aniversario no celebrado entre la paradoja de contar con las mejores instalaciones que nunca ha tenido, a lo largo de siete décadas, pero con un desinterés manifiesto por parte de responsables que le permita afrontar el futuro y los retos que plantea la sociedad actual para este tipo de infraestructuras culturales. Con una plantilla de personal reducida al mínimo; con la plaza amortizada (anulada) de la dirección facultativa, tras la jubilación de Consuelo Poveda; con la ausencia de la biblioteca en la vida cultural eldense, etc. La inexistencia de un mínimo acto de reconocimiento público o sencilla programación conmemorativa de la efeméride es altamente indicativa de la desatención y dulce languidez en la que, por activa o por pasiva, y desde hace 15 años, han instalado a esta pionera institución cultural de la vida eldense. El pecado de unos: haber ido a cargársela directamente; el pecado de otros: no haber revertido drásticamente tal política anticultural y perniciosa para el futuro de la ciudad.

Vista de la sala de lectura de la Biblioteca Municipal de Elda a principios de la década de los año 80.

Fue allá en septiembre de 1952 cuando cristalizaron varios intentos frustrados (1918, 1926 y 1930) de crear una biblioteca pública en Elda. Y todo ello fue gracias al empeño de unos entusiastas culturales, agrupados en torno a la revista Dahellos, caso de Juan Madrona Ibáñez, Alberto Navarro Pastor, Vicente Valero Bellot, Carolina González, Ernesto García Llobregat, etcétera, apoyados por prohombres de gran peso específico en la vida política y social de la ciudad en aquellos años, caso de Maximiliano Aguado Bernabé, José Sedano, Antonio Tamayo Maestre, Joaquín Campos Fernández, Antonio Porpeta Clérigo, Federico Jover Cerdá y José María Pons, presbítero. Ellos fueron los que promovieron que el Ayuntamiento de Elda solicitase el 20 de abril de 1951, a la Dirección General de Archivos y Bibliotecas, la creación de una biblioteca pública municipal en la ciudad.

Gestiones que dieron fruto aquel miércoles 10 de septiembre de 1952 cuando tuvo lugar la inauguración de la biblioteca instalada en lo que hasta entonces había sido el salón de actos del grupo escolar “Padre Manjón”, conocidas por entonces como las “Escuelas Nuevas”. Acorde con los usos de la época, la biblioteca fue inaugurada por las autoridades municipales del momento y bendecida por José María Amat, cura párroco de la iglesia de Santa Ana, quien pronunció unas palabras sobre la misión del libro en la educación y en la sociedad.

Sin lugar a dudas, por la importancia de las bibliotecas como “templos del saber” y espacios de dinamización cultural y por haber cumplido la friolera de 70 años, que le hacen ser la decana de todas las biblioteca municipales de la comarca y de las más antiguas de la provincia de Alicante; los eldenses nos debemos sentir orgullosos de nuestra Biblioteca Municipal que lleva el nombre de su fundador y primer director Alberto Navarro Pastor; al tiempo que reclamar una mucho mayor atención para la misma. Debemos creer en el poder de la Cultura como factor de transformación positiva de la sociedad.

Vista de la sala de lectura de la Biblioteca Municipal de Elda en la década de los años 50.

Gabriel Segura
Gabriel Segura
Acerca del autor

De formación historiador y de profesión arqueólogo, el papel de cronista oficial de la ciudad de Elda plantea retos importantes, tanto con respecto a la memoria de mi predecesor Alberto Navarro Pastor; como al respecto del futuro, para dotar de contenido y utilidad a la figura del cronista oficial en el siglo XXI; a la par que un compromiso con la ciudadanía eldense. Las nuevas tecnologías y las redes sociales deben ser aliadas del conocimiento y de la divulgación histórica, sin faltar al rigor, pero acercando la información histórica al ciudadano. El guión de la historia de Elda está conformado y los titulares en mayúscula ya están todos escritos, pero es necesario escribir la letra pequeña, la historia de las gentes y de los pequeños acontecimientos. Es necesario poner voz a la ingente cantidad de fotografías antiguas que hasta ahora son testigos mudos de nuestro pasado. Trabajo en el que es necesario la colaboración de todos. Con el permiso de usted lector, ¡Vamos a intentarlo!.

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